Miércoles 13 de Diciembre de 2017

Opinión: Los resultados del Plan Económico del español Podemos

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a organización política española que ha logrado enquistar a uno de sus técnicos en los corrillos de Miraflores y quien, al parecer, es quien tiene la última palabra cuando se trata de impedir que las cosas equivocadas cambien.

Algún día, quizás en un no muy lejano futuro, se hará un análisis forense del actual esquema económico venezolano. Sí, de ese mismo que, a falta de mejor nombre, podríamos llamar el Plan Económico de Podemos. No como una ocurrencia de este Programa. Sí, en cambio, en honor a la organización política española que ha logrado enquistar a uno de sus técnicos en los corrillos de Miraflores y quien, al parecer, es quien tiene la última palabra cuando se trata de impedir que las cosas equivocadas cambien.

Y no lo decimos nosotros por osado capricho. Es por lo que, entre otros, lo dan a entender con inocultable desaliento mentes más sensatas desde el seno del mismo Gobierno. Pero que, además, lo hacen frustrados, en vista de la resistencia al más mínimo cambio que se quiera hacer en el camino que hoy nos conduce directamente al abismo.

Los rasgos fundamentales del Plan Económico de Podemos son tan sencillos, como devastadores. Y pudieran resumirse así: 1) Mantener a ultranza un anclaje cambiario férreamente controlado a Bs 10 por dólar, sin importa a qué precio llegue el dólar libre, paralelo o negro; 2) Alimentar ese cambio irreal con todos los ingresos en dólares de Pdvsa y de sus socios, para que la primera quede postrada, y los segundos se mantengan de brazos cruzados sin invertir hasta que las cosas cambien, permitiendo así el colapso de la producción petrolera. 3) Financiar ese desequilibrio en las cuentas de PDVSA con préstamos nunca reembolsables del Banco Central de Venezuela en bolívares, para que la liquidez agarre vuelo y le dé a los más lerdos de la sociedad la sensación de tener  dinero en el bolsillo; 4)  Para garantizar el desequilibrio de las cuentas públicas y fomentar el contrabando de extracción de combustibles, congelar el precio de la gasolina por debajo de los $ 0,0001 el litro, y, de la manera que sea, continuar regalando todo lo que se pueda de ese vital liquido -ahora importado en parte de los Estados Unidos y  a precios internacionales-  a los hermanos cubanos en socialismo.

Al parecer, el Plan está logrando sus objetivos. Y eso lo pueden apreciar todos los venezolanos, si quisieran hacerlo. Veamos: ya Venezuela vive y siente el cuarto año de recesión; la economía se ha contraído 40%; el 10% de la población ha engrosado las filas de la diáspora y, lo mejor de todo, es que quienes lo han hecho, son los más jóvenes y ambiciosos, esos que son más difíciles de meter en cintura en el contexto de un plan de tierra arrasada. Asimismo, de inmediato y sobre los escombros, hoy se construye un mundo de hombres nuevos, de gallineros verticales urbanos, como de unidades productivas comunales de baja tecnología y de menor productividad manejadas por personas suficientemente dóciles, incluso como para que no se quejen jamás.

Como hecho sobresaliente, porque es quizás lo que corona con bombos y platillos el citado Plan, es la faceta que se está desarrollando de manera acelerada ante los ojos de millones de venezolanos y del resto del mundo: la destrucción casi total de los medios de pago, y que, una vez logrado, puede llevarnos a la etapa, tal vez añorada, de trueque primitivo. Al día de hoy, inclusive, los números indican que estamos cerca; cerquita.

Hace nada más un año, la liquidez total expresada en dólares libres de Bs. 1.760 por dólar de ese momento, era $ 4.364 millones y los billetes en circulación sumaban $ 345 millones. Nos referimos a cifras ya insignificantes para lo que en un pasado no muy lejano era la cuarta economía de la región. Al 11 de noviembre de este año, con el dólar libre a Bs. 52.100, el circulante total ha descendido a $ 1.240 millones, y los billetes a tan solo $ 70 millones, menos que los activos de un banco pueblerino en cualquier economía capitalista. Con los aumentos de liquidez que seguramente continuarán viniendo durante las próximas semanas, y un dólar libre que pasó la cota de los Bs. 60.000 como cuchillo caliente en mantequilla, es de esperarse que, para fin de año, el circulante experimente otro bajón espectacular.

Claro que los economistas, esos mismos profesionales que empiezan a admitir tímidamente que “podríamos” estar ya en hiperinflación, les dirán que el dólar libre es una medida exagerada y que habría que usar como conversión la Paridad del Poder de Compra. Sin embargo, a ellos les decimos: revisen sus cálculos. Háganlo, señores.  Porque a la velocidad con la que se avecina la implosión monetaria, seguramente, se estará moviendo la Paridad del Poder de Compra con más velocidad que con la que ustedes logran medirla.

Por lo pronto, hagamos votos por la posibilidad de que los brujos de Podemos salgan de Miraflores, antes de que eso suceda.

Escrito por Aurelio Concheso

@aconcheso

Empresario - Asesor Financiero - Conductor del programa @laotravia en @RCR70

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