Miércoles 22 de Noviembre de 2017

El increíble calvario del corralito venezolano

OPINIÓN
La cantidad de billetes en circulación oscilante entre el 8 y el 9% del total de la liquidez, que había sido lo tradicional, descendía al 6.3% en la medición más reciente. Aunado a eso, como la hiperinflación sigue haciendo sus estragos

Si usted acude a cualquier supermercado en Estados Unidos -y probablemente a los de muchos otros países del continente- y hace un pago con su tarjeta de débito, con solo indicarlo en la pantalla- Además, usted también puede retirar 20, 40, 50 o hasta 100 dólares, sin cargo alguno. De esa manera, como ciudadano bancarizado, usted ahorra costo, tiempo, y, por supuesto, el riesgo de acudir a un cajero externo.

En Venezuela, en cambio, sucede todo lo contrario. De hecho, cuando hace unos meses los comerciantes comenzaron a facilitarles efectivo a sus clientes mediante el pago de una comisión, y para evitar hacer las degradantes colas que se forman en las taquillas y cajeros de los bancos, las autoridades bancarias, de inmediato, prohibieron dar ese servicio, so pena de cárcel o cierre del negocio. ¿Por cuál motivo? Vaya usted a saber.

Mientras se establecía dicho procedimiento, sin embargo, la cantidad de billetes en circulación oscilante entre el 8 y el 9% del total de la liquidez, que había sido lo tradicional, descendía al 6.3% en la medición más reciente. Aunado a eso, como la hiperinflación sigue haciendo sus estragos, que se aprecia en el comportamiento del precio del cartón de huevos, el cual subió otro 37% en los últimos 30 días para ubicarse en un anualizado 4.270%, nos encontramos con que, si lo anualizamos, el billete de mayor valor del cono monetario, el de Bs 20.000, ya vale tan sólo $0,50. ¿Y cómo llegamos hasta allí?:

Al final, el resultado es un “corralito” de características netamente venezolanas, en el que los ciudadanos, para efectos prácticos, están impedidos de convertir sus depósitos en dinero en efectivo. No es que la banca haya desarrollado características de sadismo avanzado, sino que, por la falta de previsión de planificadores públicos que persisten en mantenerse en el anonimato, la Casa de la Moneda de Maracay tan sólo puede producir billetes de Bs. 100 ($ 0,0025), mientras que el resto de las denominaciones del cono hay que importarlas. Lo lamentable es que esas importaciones, al parecer, no se hacen con la debida celeridad que requiere la creación desenfrenada de liquidez.

Lo cierto es que, en el medio del “corralito”, los bancos se han visto obligados a limitar lo que dispensan por cajeros a Bs. 10.000 ($ 0,25) diarios por cliente. Y en las taquillas, en donde hasta hace unas semanas se permitía sacar hasta Bs 40.000 ($ 1,00) por día, ahora eso se limita a Bs. 10.000 o Bs. 20.000. Es decir, una persona que, diligentemente dedique 2 a 3 horas diarias, con suerte, puede llegar a sacar unos Bs 40.000 por día hábil, lo que se traduce en un máximo posible de hasta $ 20 mensuales por su esfuerzo. En otras palabras $0,30 por hora invertida en ese calvario, lo que, seguramente, debe ser uno de los “corralitos” más radicales de la historia monetaria moderna.

Pero ¿qué nos depara el futuro? Bueno, el circulante para la semana finalizada el 20 de octubre, ya sobrepasó los 50 billones de bolívares. Y si tomamos en cuenta que está por anunciarse un nuevo aumento de sueldo, las bonificaciones públicas de fin de año, y el gasto clientelar asociado a las elecciones municipales de diciembre -todo a ser pagado con dinero sin respaldo- es de presumirse que la situación empeore.

Los billetes de Bs 20.000, para efectos prácticos, ya han desaparecido del mercado. Y es normal que así sea, porque el ciudadano tiende a atesorarlos, ante la posibilidad de tener que afrontar un gasto inesperado en efectivo. Inevitable que detrás sigan los de 10.000 y 5.000 bolívares. Pero, como siempre sucede en estos casos, los más afectados serán los más humildes que no están bancarizados, como también el resto de la población. Porque es otra consecuencia que se produce, cuando los puntos de venta colapsan, sin posibilidad de ser sustituidos.

La última improvisación es un sistema de transferencias directas del que se ha hablado. Sin embargo, estamos hablando de algo que, sin duda, funciona muy bien en aquellos países en donde el Wifi está entre 10 y 30 megas. No en Venezuela. Porque aquí se encontrará con su particular Talón de Aquiles en el servicio Wifi de Cantv, que, de Pascuas a Ramos, da un mega y, por lo general, menos que eso.

Nadie sabe si eso es así, pero nada extraño tendría que el “corralito” venezolano sea un tributo a los 100 años de la Revolución Bolchevique. Aunque nos sospechamos que no obedece a dicha posibilidad, porque todo luce más bien como un gigantesco ejercicio de falta de previsión e incapacidad burocrática.

Por Aurelio F. Concheso

Empresario - Asesor Financiero - Conductor del programa @laotravia en @RCR70

laotraviarcr.blogspot.com

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