Endéudese a corto plazo

Endéudese a corto plazo

Las ansiadas tasas de interés reales positivas difícilmente serán una realidad antes del segundo semestre de 1998. Contrariamente a lo que se piensa, este hecho se perfila como una buena noticia

Variables de Cuidado

¿Qué son las tasas de interés reales positivas?


Tanto los economistas ligados al sector oficial como aquellos considerados "independientes" parecieran coincidir en relación con el escenario y el desarrollo de las principales variables macroeconómicas venezolanas para los próximos seis meses: habrá una reactivación económica, así como un incremento de la inversión y el empleo, aumentará la demanda agregada impulsada principalmente por el consumo producto de los mayores ingresos, el bolívar se apreciará con respecto al dólar, la tasa de inflación se mantendrá relativamente elevada y, contrariamente a lo expresado por el ministro de Hacienda, Luis Raúl Matos Azócar, en los primero días del mes de marzo las tasas de interés reales continuarán siendo negativas cuando menos hasta fines del primer semestre de 1998.

Estas son las principales conclusiones que se desprenden de un estudio desarrollado por DINERO para el que fueron consultados los economistas Domingo F. Maza Zavala, profesor de la UCV y director del BCV; Luis Zambrano Sequín, director del Centro de Investigaciones Económicas de la UCAB; Francisco Vivancos, analista y profesor de la UCV y de la UCAB, y Luis Carlos Palacios, coordinador de la recién creada Oficina de Planificación y Análisis Macroeconómico (OPAM).

Una nueva encrucijada

La economía es la ciencia de los condicionales. Ningún economista se atreve a asegurar nada a menos que lo coloque dentro de un largo paréntesis de supuestos. En este sentido, los consultados no niegan la posibilidad de que la afirmación del ministro Matos en relación a la presencia de tasas de interés reales (megabonos) el segundo semestre pueda convertirse en realidad vía decreto, pero agregan que "si ello sucediera estaríamos dando un fuerte salto atrás".

A juicio de los expertos, la política económica venezolana en este momento se encuentra en una difícil encrucijada. Por una parte, la expansión del gasto público (y con ello las dificultades para abatir la inflación) luce inevitable con los aumentos salariales negociados por los empleados públicos y con los nuevos planes sociales anunciados. Por la otra, los compromisos con los organismos multilaterales y el anuncio de avanzar en la liberación de la economía obligan a una mayor disciplina fiscal, a reducir la tasa inflacionaria y llevar las tasas de interés a niveles reales positivos.

A juicio de los analistas, encaminarse directamente hacia la segunda alternativa nos llevaría directamente a un escenario como el vivido en el año 1992, período durante el que se gestó la reciente crisis financiera. "Para alcanzar tasas de interés reales positivas primero hay que abatir la inflación, y para mantenerlas hay que lograr crecimiento. Cualquier desviación en este camino sólo contribuiría a profundizar los desequilibrios ya existentes dentro de la economía", explica Vivancos.

Las principales razones que argumentan los economistas para justificar la continuidad de tasas de interés reales negativas son las siguientes:

  • Altos niveles de liquidez. El exceso de liquidez presente en la economía no podrá ser absorbido en el corto plazo, especialmente por la fuerte concentración de vencimientos públicos en el período que va de febrero a agosto del presente año. La emisión del megabono o nuevos papeles de deuda interna (autorizados hasta por 450 mil millones de bolívares) representa menos de 25 por ciento de los montos emitidos de Títulos de Estabilización Monetaria, TEM.
  • Apreciación del bolívar. Se espera un mayor flujo de divisas hacia el mercado (no menos de 30 mil millones de dólares versus 20 mil millones hace dos años); de allí a que en esta oportunidad no se trate de una sobrevaluación del bolívar, sino de un nivel de equilibrio inferior. Este hecho le resta eficacia a la política de esterilización de las operaciones cambiarias.
  • Rezago de la demanda de crédito. Históricamente se ha demostrado que la demanda de inversión en Venezuela es poco sensible a las variaciones en la tasa de interés y, en la actualidad, se mantiene bastante rezagada. Cálculos preliminares estiman que los créditos industriales actualmente representan menos de 5 por ciento de la cartera bancaria y que la industria posee una capacidad ociosa cercana a 50 por ciento, con lo que la reactivación económica difícilmente se traducirá en un incremento de la demanda de crédito a corto plazo. Mientras ello no suceda, las tasas activas se mantendrán en niveles relativamente bajos.
  • El Estado es el mayor deudor. Si bien ninguno de los consultados aceptó reconocerlo previamente, es un hecho que en presencia de tasas de interés reales positivas, los deudores se benefician en perjuicio de los acreedores, y en este momento el mayor deudor es el Estado. Con un stock de deuda interna superior a 2 millardos y medio no hay demasiado apuro por realizar un ajuste abrupto en las tasas.

A quién le importa

A la sugestiva pregunta, "¿qué pasaría en Venezuela si no se alcanzaran tasas de interés reales positivas en los próximos seis meses?", la respuesta más acertada pareciera ser: "Nada". Ni siquiera a efectos de los acuerdos alcanzados con los organismos multilaterales. La economía sencillamente seguiría su curso.

"De la forma en que están diseñados los programas, tanto la tasa de interés como la inflación son variables endógenas, esto es, sobre las cuales no se puede influir directamente, y los programas carecen de objetivos sobre variables endógenas. Muy por el contrario, las metas están relacionadas con las variables exógenas de las políticas fiscal y monetaria, principalmente con aquellas relacionadas con déficit, endeudamiento, reservas internacionales y activos domésticos netos", aclara Palacios.

Todos los consultados coinciden al afirmar que, en definitiva, los niveles de las tasas de interés y del tipo de cambio deben ser consecuencias de las políticas macroeconómicas y no objetivos per se. Evidentemente, cuando estas variables presentan niveles no deseables, algo está fallando; pero para corregirlas hay que actuar sobre la causa.

"Una política monetaria relativamente laxa no es necesariamente mala en períodos de alta sensibilidad social y política. En el caso venezolano la variable fundamental a ser controlada es el gasto público. Debemos contar con superávits fiscales reales para que pueda monetizarse la liquidez y abatirse la inflación", sentencia Maza Zavala. Por una vez, pareciera que finalmente los economistas llegaron a un consenso.

El drama de ser PYMI

Como ya es tradición, las primeras víctimas del escenario macroeconómico que se perfila para el próximo año serán las empresas pequeñas y medianas que deberán hacer grandes esfuerzos en competitividad para mantenerse activas en un escenario que amenaza estar marcado por las importaciones.

Si bien no sería de extrañar la aparición de algunas medidas proteccionistas (la red de desarrollo agrícola y de seguridad alimentaria son un claro ejemplo), tanto los créditos como el costo de la mano de obra se encarecerán, en términos reales. "El ejecutivo debe cuidar que la apreciación cambiaria no sea demasiado rápida para que la PYMI tenga tiempo de adaptarse al nuevo escenario. Una apreciación de 30 por ciento anual pondría demasiada presión en empresas que no han invertido en muchos años y que están tecnológicamente muy atrasadas", advierte Zambrano Sequín.

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