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Endéudese a corto plazo |
Endéudese a corto plazo
Las ansiadas tasas de interés reales positivas difícilmente serán una realidad antes del segundo semestre de 1998. Contrariamente a lo que se piensa, este hecho se perfila como una buena noticia |
Estas son las principales conclusiones que se desprenden de un estudio desarrollado por DINERO para el que fueron consultados los economistas Domingo F. Maza Zavala, profesor de la UCV y director del BCV; Luis Zambrano Sequín, director del Centro de Investigaciones Económicas de la UCAB; Francisco Vivancos, analista y profesor de la UCV y de la UCAB, y Luis Carlos Palacios, coordinador de la recién creada Oficina de Planificación y Análisis Macroeconómico (OPAM). Una nueva encrucijada La economía es la ciencia de los condicionales. Ningún economista se atreve a asegurar nada a menos que lo coloque dentro de un largo paréntesis de supuestos. En este sentido, los consultados no niegan la posibilidad de que la afirmación del ministro Matos en relación a la presencia de tasas de interés reales (megabonos) el segundo semestre pueda convertirse en realidad vía decreto, pero agregan que "si ello sucediera estaríamos dando un fuerte salto atrás". A juicio de los expertos, la política económica venezolana en este momento se encuentra en una difícil encrucijada. Por una parte, la expansión del gasto público (y con ello las dificultades para abatir la inflación) luce inevitable con los aumentos salariales negociados por los empleados públicos y con los nuevos planes sociales anunciados. Por la otra, los compromisos con los organismos multilaterales y el anuncio de avanzar en la liberación de la economía obligan a una mayor disciplina fiscal, a reducir la tasa inflacionaria y llevar las tasas de interés a niveles reales positivos. A juicio de los analistas, encaminarse directamente hacia la segunda alternativa nos llevaría directamente a un escenario como el vivido en el año 1992, período durante el que se gestó la reciente crisis financiera. "Para alcanzar tasas de interés reales positivas primero hay que abatir la inflación, y para mantenerlas hay que lograr crecimiento. Cualquier desviación en este camino sólo contribuiría a profundizar los desequilibrios ya existentes dentro de la economía", explica Vivancos. Las principales razones que argumentan los economistas para justificar la continuidad de tasas de interés reales negativas son las siguientes:
A quién le importa A la sugestiva pregunta, "¿qué pasaría en Venezuela si no se alcanzaran tasas de interés reales positivas en los próximos seis meses?", la respuesta más acertada pareciera ser: "Nada". Ni siquiera a efectos de los acuerdos alcanzados con los organismos multilaterales. La economía sencillamente seguiría su curso. "De la forma en que están diseñados los programas, tanto la tasa de interés como la inflación son variables endógenas, esto es, sobre las cuales no se puede influir directamente, y los programas carecen de objetivos sobre variables endógenas. Muy por el contrario, las metas están relacionadas con las variables exógenas de las políticas fiscal y monetaria, principalmente con aquellas relacionadas con déficit, endeudamiento, reservas internacionales y activos domésticos netos", aclara Palacios. Todos los consultados coinciden al afirmar que, en definitiva, los niveles de las tasas de interés y del tipo de cambio deben ser consecuencias de las políticas macroeconómicas y no objetivos per se. Evidentemente, cuando estas variables presentan niveles no deseables, algo está fallando; pero para corregirlas hay que actuar sobre la causa. "Una política monetaria relativamente laxa no es necesariamente mala en períodos de alta sensibilidad social y política. En el caso venezolano la variable fundamental a ser controlada es el gasto público. Debemos contar con superávits fiscales reales para que pueda monetizarse la liquidez y abatirse la inflación", sentencia Maza Zavala. Por una vez, pareciera que finalmente los economistas llegaron a un consenso. El drama de ser PYMI Como ya es tradición, las primeras víctimas del escenario macroeconómico que se perfila para el próximo año serán las empresas pequeñas y medianas que deberán hacer grandes esfuerzos en competitividad para mantenerse activas en un escenario que amenaza estar marcado por las importaciones. Si bien no sería de extrañar la aparición de algunas
medidas proteccionistas (la red de desarrollo agrícola y de seguridad
alimentaria son un claro ejemplo), tanto los créditos como el costo
de la mano de obra se encarecerán, en términos reales. "El
ejecutivo debe cuidar que la apreciación cambiaria no sea demasiado
rápida para que la PYMI tenga tiempo de adaptarse al nuevo escenario.
Una apreciación de 30 por ciento anual pondría demasiada presión
en empresas que no han invertido en muchos años y que están
tecnológicamente muy atrasadas", advierte Zambrano Sequín. |