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El "enfant terrible" del mercado bursátil
Mas allá de cualquier duda, las acciones de la Electricidad de Caracas se mantienen en el tope de la popularidad. No sólo por lo que vale, sino por lo que representa. Las cifras lo confirman: vale la pena tenerlo, aunque lo golpeen |
La Electricidad de Caracas ha sido la acción por excelencia del mercado venezolano por muchos años. Varios elementos se conjugan para lograr tal distinción: primero que nada, su abolengo tanto en el sector industrial del país, como sus 101 años ininterrumpidos de funcionamiento sin sobresaltos que destacar. Pero, además, el respaldo de 50 mil accionistas y, lo más importante, una envidiable liquidez. Súmele casi 2 billones de bolívares en activos y tendrá una respuesta de por qué Elecar (como comúnmente se le conoce en el mercado de capitales) es el papel por excelencia. Pero no hay que cantar victoria. La empresa ha sido sometida a las presiones políticas que han caracterizado al país desde el inicio de la fase intervencionista en 1974, cuando los gobiernos la tomaron primero por controlar precios, y poco después por nacionalizar (léase estatificar) cuanta empresa considerada básica existiera en el país. De hecho, en esos años apenas si se escaparon la Electricidad de Caracas y sus filiales, así como la Electricidad de Valencia. Otras sólidas compañías del ramo, como las de Barquisimeto o Maracaibo, sucumbieron... ¡Para tener que privatizarlas 22 años después! Factor de ajuste Los últimos años han sido igualmente difíciles. Las autoridades acudieron al expediente de controlar precios especialmente los de servicios para intentar esconder la presión inflacionaria desatada por las erradas políticas económicas. Como consecuencia, la electricidad quedó atrapada en un mecanismo arbitrario conocido como "factor de ajuste global", que se suponía debería ser el indicador por el que se incrementarían las tarifas de la energía de acuerdo a los progresos de los precios. Según cálculos de la Electricidad de Caracas, la situación no es nada atractiva: alrededor de 150 por ciento de crecimiento de ese valor, contra un reconocimiento real de 32 por ciento en las tarifas. Una larga distancia. 1996 fue, además, un año de caída de demanda 4,5 por ciento según Caveinel, el organismo gremial del sector y 1997 se presenta como un año donde, a lo sumo, se recuperará ligeramente, aunque no del todo, el nivel de consumo de electricidad. Para Elecar, el fenómeno fue de dimensiones impresionantes: 63,5 por ciento de reducción de sus ventas de energía entre septiembre de 1995 y el mismo mes de 1996 (de 171 mil millones a 105 mil millones de bolívares en doce meses). Como efecto de tales circunstancias, la utilidad neta de Elecar al cierre del tercer trimestre de 1996 fue de 23 mil 508 millones de bolívares, es decir, 20 mil millones menos que al final del mismo período del año anterior. Adicionalmente, como explica Henrique Fernández E., gerente ejecutivo de finanzas de la empresa, se produjo una doble pérdida cambiaria: la derivada del ajuste de diciembre de 1995, de 170 a 290 bolívares por dólar, y luego la libre flotación en abril de 1996, hasta promediar unos 470 bolívares por unidad norteamericana. Eso podría ser considerado como una situación preocupante para cualquier empresa, pero no sucedió así con ella. Las razones de contrapeso son importantes y dignas de destacada mención. "Por el lado de los costos explica Fernández, la empresa ha hecho significativos logros". Menciona, para citar algunos de sus más exitosos programas, el Proyecto de Gerencia de Costos, donde se buscaba determinar actividades que no agregan valor y consumen recursos, o cualquiera de estas dos condiciones donde el saldo sea negativo. El esfuerzo dio resultados: Elecar bajó sus gastos de operación de 152 mil 422 millones de bolívares en septiembre de 1995, a 121 mil 603 millones un año más tarde. Resultado: 20,2 por ciento de economías. "Ese es el fruto de una constante revisión interna para buscar mayor productividad", aduce Fernández, quien no esconde su satisfacción ni tiene por qué ante los resultados que, según él, serán aún mejores cuando se conozcan los términos del cierre de 1996, a ser publicitados durante el primer trimestre de este año. Los golpes Claro está, la Electricidad de Caracas ha tenido que lidiar con muchos otros problemas. Las cuentas por cobrar es uno de ellos. Solamente en el sector público ministerios, Hidrocapital, Metro de Caracas, etcétera le deben alrededor de 13 mil 500 millones de bolívares. Ese es el grueso de su activo circulante, donde los deudores con la empresa acumulan 28 mil 509 millones de bolívares que son significativamente más bajos que los 62 mil 550 millones que lucía su balance un año atrás. Gracias a una política agresiva de recuperaciones demasiado agresiva, podrán pensar algunos suscriptores se logró reducir en 57,7 por ciento el dinero por cobrar que estaba en la calle. Además, se elevó el efectivo en más del doble con respecto a septiembre de 1995 y se le hizo pagar a las empresas filiales, afiliadas y relacionadas, sus saldos deudores con Elecar. El resultado fue una reducción del activo circulante de casi 187 mil a poco menos de 97 mil millones de bolívares en esos doce meses. Ello no implica, sin embargo, un gran sacrificio en términos de materiales y suministros renglón importante de esas cuentas, pues los inventarios descendieron en valores constantes en apenas 28 por ciento. Igualmente, los otros activos sufrieron cambios mínimos. Del otro lado del balance, las cosas toman otro matiz. Elecar es una empresa financieramente fuerte: tiene un pasivo total de 188 mil 348 millones de bolívares, respaldado por un patrimonio de 1,79 billones de bolívares, es decir, apenas 10,5 por ciento del capital comprometido en deudas. Su activo es de 1,11 veces su patrimonio y se fundamenta en una sólida estructura de propiedades, plantas y equipos que suman 1,67 billones de bolívares, después de depreciación. Cuál futuro Elecar es una empresa lenta en proyectos, por ahora. Depende cada día más de la política tarifaria que le permita recuperar el rezago de ingresos. Si cobra lo que le deben y sube sus ventas de energía tanto en volumen (4 por ciento de crecimiento esperado en 1997), y si además logra resarcirse del rezago de más de 100 por ciento en las tarifas (que podría anular ese esperado incremento de la demanda), la utilidad neta podría dar un salto de tal magnitud que permitiría abordar masivas inversiones en el país. Lamentablemente, no parece haber humo blanco en esta materia. De allí el porqué Elecar se aventura a realizar inversiones fuera del país en Colombia, más exactamente, lo que le daría un nuevo y atractivo frente a sus negocios. "La situación nos ha llevado a buscar divisas para atender obligaciones y proyectos en moneda dura", asegura Fernández. Claro está: sin mayores ventas que deberían ser en 1997 el doble que el año anterior, según estimamos en DINERO no habrá un volumen suficiente de recursos como para seguir adelante en los planes de inversión. Aunque se acuda al mercado de capitales (ver recuadro), la empresa requiere retomar un ritmo de características aún desconocidas en la ciudad. "Hay que correr para tomar otra vez el tren", afirma Fernández, para quien los progresos de Elecar no sólo se ven en las cifras, a pesar de ser esa su especialidad. "Estamos trabajando en el mejoramiento continuo", agrega; y con ello muestra su confianza en que la Electricidad de Caracas, como lo ha hecho hasta hoy, se mantendrá en el liderazgo indiscutible de los papeles del mercado bursátil nacional. Flota como un corcho la Electricidad de Caracas los gobiernos la ven como una empresa poco problemática o quizás demasiado, si se la mira por su potencial poderío financiero y, en consecuencia, la someten a los más injustos tratos. "Es un corcho", dijo un pequeño inversionista a DINERO, refiriéndose a la consistencia de la acción ante los maremotos económicos del país. Regular las tarifas la afecta, y de manera substancial, pero pareciera como si todos están de acuerdo en que su atractivo económico le permite a diferencia de las demás conseguir por la vía del capital lo que no recibe en ingresos operativos. Se trata de una estrategia malvada, pero efectiva. Las regulaciones de tarifas le quitan ingresos y los dividendos bajan. Sin embargo, la capitalización de la empresa (algo menos de 500 bolívares por acción desde hace meses) en el mercado bursátil refleja el interés de los inversionistas en seguir adquiriendo estos papeles que, como todo el mundo sabe, son estables, poco especulativos, muy líquidos y, de paso, con un crecimiento real demostrado, gracias a las "hijas" (nuevas acciones) que distribuye. No obstante, sostener una empresa a base de capital y no de ingresos es una errada política para el país. Quiere decir que se destinan ahorros para cubrir gastos, lo que en términos macroeconómicos significa caída de la inversión neta. Asunto delicado que depende fundamentalmente del famoso Factor de Ajuste Global. En otras palabras, un engaño: lo que se le deja de cobrar a los consumidores por la vía tarifaria, termina sacándose del ahorro privado. Un juego en el que los valores se igualan donde menos se espera que suceda. (*) Todos los valores calculados en bolívares constantes del 30/09/1996. |