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Manuel Graterol |
Manuel Graterol se clonaría para estar un ratico con el gobierno
y otro con la oposición; nombraría a Osmel Sousa como ministro
de alcoba, crearía el Ministerio de Agua y fomentaría una
ley para proteger a los humoristas
-¿Cuáles serían sus cinco primeras medidas de gobierno?
-Las primeras medidas tomadas serían a las candidatas del Miss Venezuela. Además de otras como la ley anticorrupción, la de protección al turismo, a la agricultura y a las pequeñas y medianas industrias, y, finalmente, una ley que favorezca y proteja a los humoristas, porque en este país el humor es una "cenicienta".
-¿Quiénes serían sus colaboradores inmediatos?
-Pedro León Zapata como consejero presidencial. Claudio Nazoa como secretario privado. Cayito Aponte desde el Ministerio de Relaciones Interiores y Laureano Márquez en el despacho de Hacienda. No pondría a nadie más porque sino cómo podríamos repartirnos las comisiones... sin embargo, asomo los nombres de Rubén Monasterios y Jesús Rosas Marcano, este último más por poeta que por humorista.
-¿Qué ministerios crearía y cuáles eliminaría?
-Reviviría el de Inteligencia cambiándole el nombre por el de Humor, ya que ambos términos son sinónimos. Borraría del mapa al Ministerio del Ambiente y lo sustituiría por el del Agua. Y si el gobierno no se encarga del MAC, lo eliminaría para incluirlo al de Economía o al de Producción. Por último, propondría el Ministerio de la Vivienda para que desarrolle casitas en las fronteras.
-¿Tendría una secretaria privada?
-Claro. Es más, nombraría a Osmel Sousa como ministro de alcoba para que me haga un casting de selección. Por supuesto que esas secretarias serían renovadas cada año, porque soy un hombre casado y no quiero ningún compromiso.
-¿Cuál sería su lema de gobierno?
-'El humor es la manera más fácil de prolongar la vida'.
-¿Cómo haría, en la práctica, para estar un ratico con el gobierno y otro con la oposición?
-Aprovecharía el avance de la ciencia con la clonación, y así sería yo mismo para estar en los dos bandos.
-¿Qué cargos ocuparían en su gobierno los banqueros prófugos?
-Esta gente es necesaria porque serían el claro ejemplo de cómo se vive después de ser gobernantes. Es decir, que como han pasado tanto trabajo en el exterior y sufrido las amarguras del exilio, quizá nos enseñarían a sobrellevar el peso que queda luego de estar en el gobierno.
-¿Considera conveniente seguir privatizando?
-Sí, sobre todo el transporte, los servicios hospitalarios y el Consejo Supremo Electoral.
-¿Cómo haría para solucionar el problema limítrofe con Colombia?
-Estudiando los principios bolivarianos y estableciendo un Estado que se llame "Gran Colombia", porque la gente fronteriza se confunde una con otra. Eso es un problema político de la guerrilla, el narcotráfico y la Guardia Nacional, que trae como consecuencia el enfrentamiento constante que no toma en consideración el grave peligro que ocasiona. Por lo tanto, no hay otro camino que negociar con la guerrilla.
-¿Cómo solucionaría el problema de la ONI-DEX?
-Eso es una cuestión de identificación nacional. Yo creo que ahí se necesita mucha música venezolana que propicie el impulso de la nacionalidad.
-¿Negociaría con Saddam Hussein y qué le propondría para aumentar el precio del barril de petróleo?
-Negociaría por lo menos tres guerras al año sin consecuencias graves, sino de puras amenazas. Pero eso sí, que avise con tiempo para nosotros subir el precio del petróleo poco a poco.
-¿Con quién le gustaría tener un escándalo sexual?
-Si se diera el caso, me daría lo mismo tenerlo con Dora Mazzone, Gledys Ibarra o con Viviana Gibelli.
-¿Cuál sería su mensaje como Presidente?
-'El país es un eterno camaleón'.
-¿Qué papel ocuparía el camaleón dentro del gobierno?
-Se convertiría en el órgano oficial de mi mandato, pero con participación en radio, prensa, cine, televisión y afines.
-¿Alguna una última sugerencia?
-Cambiaría La Casona por una casa vacacional en el litoral, de
manera que las reuniones se efectuaran a la orilla del mar para hacer más
grato el ambiente. Al Congreso lo sacaría de esa cúpula que
le da tanta retórica y lo pondría en un lugar más abierto,
como, por ejemplo, en cada una de las capitales de estados con reuniones
los fines de semana, para que incluya de una vez el bonche.