|
De acuerdo a varios economistas, el capitalismo sigue dando la pauta en el formato de las Empresas de Producción Social que busca imponer el Gobierno. Sin embargo, desde el sector oficial son vistas como una oportunidad para fomentar el emprendimiento social y consolidar el llamado Socialismo del Siglo XXI
La imagen que luce más apropiada para representar la economía socialista de la Venezuela del siglo XXI es la de un collage casi naif: un cruce de hoz, martillo y torre petrolera, sobre un fondote color rojo sangre. Porque, desde donde se mire, el motor que en este momento tiene funcionando la economía venezolana es un híbrido de desacreditadas piezas capitalistas y algunos ejes socialistas, engrasados con un discurso que con frecuencia amenaza con desbaratarlo.
Es un experimento, la conjunción entre un modelo rentista-petrolero de producción que se niega a ser desplazado y otro que busca imponerse sin tener conciencia de qué es. Así, en este laboratorio político en que se ha convertido Venezuela se tutean dos economías, que se solapan, se superponen.
Y mientras se debate si en Venezuela la economía socialista ya tiene a punto de nocaut a la capitalista, la Asamblea Nacional arrancó el año con un paquete de leyes que se vienen discutiendo en el actual período de sesiones, con miras a darle forma definitiva al marco legal “revolucionario” y desterrar el elemento perturbador en esta transformación económica: la propiedad privada.
En medio de este panorama se presentan las llamadas Empresas de Propiedad Social (EPS) que han surgido bajo el criterio gubernamental, según el cual es necesario romper con la dependencia existente en el país y con el monopolio industrial manejado por las empresas privadas, que, a su juicio, encarecen el precio de los productos desde el productor primario hasta el consumidor final. Por ahora, cifras de Conindustria revelan que las unidades enmarcadas en la “economía socialista” sólo alcanzan a aportar 10% del Producto Interno Bruto (PIB) del país.
Dos frentes
Más allá de las resistencias, el gobierno decidió adelantar la implantación del modelo de producción socialista desde dos frentes. Uno de ellos es el comunal, liderado por la ministra para la Comunas y Protección Social, Érika Farías, quien se ha propuesto impulsar un ambicioso programa de construcción de unidades productivas bajo el formato de EPS.
En 2008 este Ministerio inauguró dos grandes Empresas de Propiedad Social. Primero se reactivó –el 8 de junio- la Planta Trituradora de Piedra Chema Saher, ubicada en el Núcleo de Desarrollo Socialista El Montante, Sector Bejuquero, en el municipio Miranda del estado Falcón, con el propósito de cubrir gran parte de la demanda en construcción de viviendas, vialidad e infraestructura.
Esta Planta posee capacidad de triturar diariamente 2 mil 160 metros cúbicos de piedra picada. La obra intenta reimpulsar la construcción civil al proveer de la materia prima para asfalto, construcción de viviendas y vialidad, encamisado de tuberías y material de relleno, cuadruplicando la capacidad de producción existente hasta ahora, fue transferida al Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio (Milco) el 17 de septiembre de 2008.
En segundo lugar está la Planta Procesadora de Plátano Argelia Laya, que busca dar un soporte al desarrollo socioproductivo y la plena soberanía alimentaría. Fue inaugurada el 22 de agosto en San José de Barlovento, estado Miranda. El proyecto cuenta con una inversión superior a los 16 millones de bolívares fuertes, aportados por el Ejecutivo Nacional, con capacidad de procesar aproximadamente 2.112 toneladas de plátano anuales y generar 87 empleos directos y 261 empleos indirectos.
También existe una serie de proyectos conexos y complementarios en las zonas aledañas a cada una de las plantas, con el fin de extender el beneficio e impacto social en la comunidad.
Desde la visión grande, la producción para el consumo masivo, el Ministro para la Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias, Jesse Chacón, lidera el otro frente. Es el encargado de articular acuerdos supranacionales para hacer efectivo la transformación del modelo, limitado por el tema tecnológico.
Chacón es el líder de los proyectos para la gran manufactura que el gobierno ha visualizado desarrollar con apoyo de naciones aliadas: Rusia, Irán, Argentina, Bielorusia.
Tal es el caso del convenio marco Irán-Venezuela, bajo el cual se ha previsto la construcción de plantas industriales o plantas con tecnología iraní. Su instalación y puesta en marcha garantiza a los productores la colocación de sus productos, y el otorgamiento de un paquete tecnológico en cuanto a asesoramiento en su unidad de producción. A la fecha han sido inauguradas ocho plantas con tecnología iraní.
Un paso atrás
El gobierno del Presidente Hugo Chávez ha decidido ejercer pragmáticamente en los últimos dos años la aplicación del modelo ideológico denominado Socialismo del Siglo XXI, que –para una parte del país- fue derrotado en referendo del año 2008.
Luego de desechar el plan de acompañamiento de la industria privada para darle forma al modelo económico que soportaría la revolución, se decidió por aprovechar a su favor toda la ganancia posible de esta relación con diversos intentos que han marcado hitos en la transición hacia una economía socialista.
De hecho, en el Plan Simón Bolívar, Chávez esboza la estrategia general bajo el siguiente lineamiento: “El tránsito a la propiedad social es un tema que amerita profunda reflexión en la construcción del socialismo del siglo XXI y los nuevos modos de gestión pública”.
La primera avanzada se había dado ya con el grito de guerra “Empresa cerrada, empresa tomada” que fue el slogan lanzado por el Gobierno nacional en el año 2005 para darle soporte social y legal a una propuesta que elevaba al máximo la participación del Estado en la economía. En nombre de los trabajadores se inició una cruzada de intervención estatal que puso en el tapete el tema de la propiedad privada.
La debilitada estructura financiera de muchas empresas, a raíz del paro petrolero 2002-2003, allanó el camino a un proceso de expropiación de Venezolana de Industria de Pulpa y Papel (Venepal) donde el Estado transfirió 49% de las acciones a los trabajadores, constituidos en cooperativas. Surgía así la Industria Venezolana de Pulpa y Papel (Invepal) y se estrenaba con ella un mecanismo de participación social que el mandatario calificó como “una prueba” porque se estaba “inventando nuestro propio modelo”. El socialismo del siglo XXI comenzaba a ocupar un lugar privilegiado en el discurso presidencial.
Siguió así la toma de la Constructora Nacional de Válvulas (CNV) que abrió paso a la Industria Venezolana Endógena de Válvulas (Inveval) que completaba el modelo de la cogestión obrera, convirtiendo a estos últimos de la noche a la mañana en socios.
Tras el resultado financiero de esas empresas, que no lograron mostrar un mejor desempeño con los nuevos “socios”, el Estado decidió dejar a los trabajadores fuera del juego. Muy temprano en 2007, el anuncio de un agresivo proceso de nacionalización de empresas, como la telefónica Cantv, la Electricidad de Caracas y la cementera Cemex, demostró que el gobierno iría más allá de la simple buena o mala relación de una empresa con los trabajadores, y a finales de 2008 y principios de 2009 tomó todo el control. Así, el gobierno desdeñaba definitivamente el esquema cooperativista por estimar que tenía intrínsico una desviación capitalista.
La actuación del Estado demostró que no sólo expropiaría a las empresas cerradas, sino aquellas que no cumplían con las exigencias de los trabajadores. Esta estrategia provocó la creación de una estructura paralela sindical que dejó su secuela de división en el seno de la organización obrera.
Con ello, lo estratégico pasó a ocupar un papel protagónico, lo que quedó demostrado con la última aprobación, en Ley Habilitante, de la Ley Orgánica de Seguridad y Soberanía Agroalimentaria (Lossa), que es el marco jurídico que le permite al Estado expropiar a empresas de alimentos, sin pasar por una declaración de utilidad pública por parte de la Asamblea Nacional como ocurría hasta la fecha, lo que se convierte en una amenaza latente que genera incertidumbre.
Relación de subordinación.
El gobierno se abrió paso con la creación de nuevas empresas con trabajadores en cooperativas, ahora cobijadas por un Consejo Comunal y en esa transición se llegó al esquema de Empresas de Producción Social cuyo capital es 100% del Estado manteniendo una relación de subordinación. Es la coexistencia de una economía pública, privada o mixta, en donde el Capitalismo sigue dando la pauta advierten los más radicales de la revolución.
El secretario general del Partido Comunista, Oscar Figueras, ha declarado que en Venezuela el modelo capitalista está latente. “En las nuevas empresas de producción social la relación es de subordinación de los trabajadores. No hay relaciones socialistas. Siguen siendo capitalistas, porque lo que determina el carácter socialista de una sociedad no es que las empresas sean del Estado, sino la igualdad en las relaciones de producción. La cualidad socialista se verifica cuando los trabajadores tienen participación en el control de esas empresas”, asegura.
Los documentos del Centro Internacional Francisco Miranda, cuyo mentor es el ex ministro de Planificación, Haiman El Troudi, reconocen que la transición al socialismo puede durar muchos años y que no está planteada la estatización o nacionalización de todas las empresas privadas.
“Por ahora se trata de un modelo de economía mixta” ha señalado El Troudi, argumento que también sostienen diversos economistas, entre ellos el ex director del BCV, Domingo Maza Zavala.
El Troudi precisa que se trata de la propiedad social de los medios estratégicos de producción en mano del Estado; en todas las demás áreas podrá haber propiedad privada, “y gestión popular directa sobre la propiedad social, asumida por una comunidad a instancias de organizaciones creadas para tal fin”.
Insiste en que los empresarios tienen que ir comprendiendo que la ganancia no lo es todo. Deben preocuparse por fabricar artículos útiles y no fomentar el consumismo. Velar por el entorno, tanto humano como natural, compartir ganancias y practicar la democracia directa dentro de las empresas, lo que forma parte de una discusión que está en pleno desarrollo en la sociedad. Ya la responsabilidad socialista dejó de ser un tabú y ahora muchos industriales optan por esta figura para dar a conocer sus actividades de responsabilidad social. Ese tema que llegó para quedarse, encierra un amplio concepto de ética empresarial.
|