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Chile: Abierto al mundo Este país suramericano destaca por tener una economía de mercado en la que se mantienen los espacios para la iniciativa empresarial y se ofrecen incentivos para la inversión nacional e internacional. Su política de tratados comerciales ha hecho que Chile pueda acceder a un mercado sin barreras arancelarias de más de 3.790 millones de habitantes en todo el mundo David Rodríguez Andara
Sin duda alguna, el sector exportador ha sido el motor de la economía chilena y su creciente dinamismo en los últimos años, lo que ha hecho que este país suramericano ocupe el lugar 26 en el ranking mundial de competitividad 2007, elaborado por el Internacional Institute for Management Development (IMD) de Suiza.
Como explica Enrique Ceppi di Lecco, director comercial de ProChile en Venezuela, este liderazgo frente al resto de las naciones de América Latina tiene su origen en la crisis económica vivida por los chilenos a principios de la década de los 80, cuando el dictador Augusto Pinochet aplicó una serie de reformas económicas que encaminó a este país a un régimen de libre mercado y de economía de apertura hacia el comercio exterior que hoy día es respetado y admirado en todo el continente. Al respecto, señala que este sistema se vio reforzado con la llegada de la democracia en 1989 cuando se apuntaló el esquema de libre mercado y el sector empresarial aprobó una política de apertura competitiva hacia el exterior. Refiere que en ese momento el sistema democrático complementó y ajustó la política económica aplicada hasta ese momento, agregando a su vez un componente social y reduciendo los excesos y distorsiones del mercado. Indica que en los años 90 se busco alcanzar una mayor eficiencia en materia de intervención técnica y regulaciones del Estado, con el fin de mejorar el funcionamiento del mercado y reducir los impactos que tendría una economía pequeña frente a la globalización. Afirma que, en estos momentos, Chile se destaca por una economía de mercado con un nivel de regulaciones que evita los excesos y en la que se mantienen los espacios para la iniciativa empresarial y se ofrecen incentivos para la inversión nacional e internacional. Intercambio en positivo. A nivel internacional, Chile se ha sabido vender muy bien como un país con una economía abierta y estable que favorece al comercio y la inversión. Desde hace más de 15 años, el país ha tenido un crecimiento sostenido de su economía con una tasa promedio de poco más de 5% y ha conseguido avances notables en cuanto a control de la inflación se refiere, reduciendo este indicador de 27,3% en En las últimas décadas, la apertura comercial de Chile ha permitido el desarrollo de una creciente red de acuerdos comerciales que incluye tratados con Estados Unidos, Unión Europea, EFTA (Suiza, Islandia, Liechtenstein y Noruega), Centroamérica, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Brunei, India, Gracias a estos acuerdos, este país ha podido acceder a un mercado sin barreras arancelarias de más de 3.790 millones de habitantes en todo el mundo. Además es considerado como un puente natural entre América Latina y la región de Asia-Pacífico. Sobre este tema, Ceppi explica que más de 80% del comercio chileno está protegido por los diferentes tratados suscritos, lo cual les brinda reglas definidas y estabilidad a los empresarios que ahora gozan de menos barreras arancelarias para exportar sus productos. No obstante, refiere que si bien se tiende a mirar la capacidad que tiene Chile para exportar, también se encuentra “la posibilidad de importar insumos de calidad a bajo costo, lo que permite la diversificación de proveedores sin necesidad de atarse a un solo país y sin aranceles”. Acercamiento progresivo. Ceppi subraya que la relación comercial entre Venezuela y Chile empezó con un acercamiento entre ambas naciones en 1989. La apertura democrática vivida tras la caída de Pinochet y las coincidencias en materia de corrientes políticas dieron paso a un intercambio que se fue tejiendo conforme pasaron los años y que se consolidaron con la firma del Acuerdo Complementario Económico número 23 de Aladi. Resalta que, hasta 1997, Venezuela fue el principal proveedor energético de Chile, en medio de una balanza comercial que le era favorable y en la que destacaba los productos relacionados con el sector de hidrocarburos. Desde 2001 el intercambio ha sido favorable a Chile y actualmente 90% del comercio binacional no paga aranceles. Asegura que el mercado venezolano ha resultado interesante en la medida en que la oferta exportable chilena se ha venido diversificando y la demanda ha venido crecido, lo que les ha permitido ir más allá de rubros tradicionales como el cobre, la celulosa, los vinos y la harina de pescado. En estos momentos también llegan a Venezuela productos manufacturados y alimenticios. De acuerdo a cifras suministradas por ProChile, el intercambio binacional alcanzó 1.078,3 millones de dólares al cierre de 2007, lo cual se tradujo en un incremento de 55,3% con respecto a 2006. De ese monto 865,5 millones de dólares se asignaron a las exportaciones chilenas hacia Venezuela, lo cual representó un aumento de 75,9% si se compara con 2006. Comenta que las importaciones venezolanas en su mayoría son derivados petroquímicos como urea, propano, amoníaco anhidro, butanos, productos de aluminio, ron, mechas para fabricar filtros de cigarrillos, derivados petroleros y máquinas de afeitar desechables, principalmente de la empresa Gillete.
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