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OVERNIGHT

 

Hasta luego IDB

 

La campaña electoral arrancó y el Presidente Chávez comenzó a mover sus piezas en ese tablero que él históricamente ha denominado la “batalla de Santa Inés”. Una de sus jugadas más publicitadas fue la eliminación intempestiva del Impuesto al Débito Bancario (IDB), un tributo que, desde hacía más de cuatro años, se venía cobrando de forma constante a buena parte de las transacciones realizadas entre los usuarios de la banca nacional. No hay que negar que esta noticia debió haber sido más que sorpresiva para algunos funcionarios del Gobierno, sobretodo para la directiva del Seniat, organismo que empleaba este impuesto como una de sus puntas de lanza para superar las metas anuales de recaudación tributaria. Pero igual de desprevenidos quedaron quienes aseguraban que el Ejecutivo mantendría el IDB durante todo 2006 como una vía más para generar recursos. Y es que si se desempolva una calculadora y se suman las cifras de recaudación del IDB desde que comenzó este gobierno en 1999, se podrá ver que los ingresos acumulados por este concepto casi alcanzan 7 billones de bolívares, de los cuales más de 2,7 billones de bolívares corresponden a lo obtenido en 2005, cuando se superó la meta de recaudación de este impuesto en 42,6 por ciento. No obstante resulta curioso que el Presidente Chávez haya esperado hasta el primer mes de este calendario para anunciar el fin -¿definitivo?- del IDB, cuando lo lógico hubiese sido que tomase esta decisión durante el último trimestre del año pasado, cuando su equipo económico discutía el diseño del costoso presupuesto para soportar el gasto público de 2006. Además no es un secreto las numerosas críticas que generaba este tributo bancario, creado con carácter temporal y cuya tasa fue reduciéndose poco a poco, que debió eliminarse hace mucho tiempo, al menos en la época del recordado Ministro Tobías Nobrega. Entonces cuál es la novedad en el anuncio del Presidente. Quién garantiza que el IDB no volverá luego de celebrados los comicios electorales del próximo diciembre. Por qué más bien no eliminó el Impuesto al Valor Agregado o redujo su tasa a 10 por ciento como tanto lo ha prometido en los últimos meses. Esta si hubiese sido una jugada magistral que agradecería la mayoría de los venezolanos, que cada día ven cómo sus salarios se diluyen cada vez más en esta economía de controles de precios y escasez de alimentos.

 

El regreso de la locha

Eliminar tres ceros al valor actual del bolívar resulta una medida incoherente y sin sentido, mucho menos si tiene como objetivo alcanzar una de las metas que el gobierno se ha propuesto pero que hasta ahora no ha alcanzado: reducir el índice de inflación a un dígito. Además hay que pensar que una decisión de este tipo alteraría totalmente los parámetros de la economía nacional. El Banco Central de Venezuela tendría que recoger todos los billetes y hasta las monedas que están en los cochinitos de los más pequeños, para emitir unas nuevas que se correspondiesen con el valor ajustado del bolívar. Tanto la administración pública como las empresas privadas tendrían que acomodar sus cuentas y nóminas de pago al nuevo esquema monetario con todos los costos que ello supondría. Además los comerciantes tendrían que cerrar sus locales para remarcar los precios de sus productos, eliminando cualquier posibilidad de intercambio comercial en el país. Ni hablar del Metro que debería ser gratis unos cuantos días mientras emitan los nuevos boletos con precios que recordarían a los usados en los tiempos de su inauguración. En definitiva, ésta sería una medida por demás imprudente que sólo beneficiaría a la ya olvidada locha, aquella desaparecida moneda de 12,5 céntimos que usaban las abuelas para comprar el papelón y el café, la cual, gracias a la eliminación de los tres ceros, recuperaría su valor y se pondría de nuevo en circulación bajo una nueva presentación –remozada por supuesto- con un valor equivalente al actual de 12,5 bolívares, monto que aún pudiese funcionar en la Venezuela bolivariana.

Asesor de Nuevos Medios: Alcides León
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