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Pobre infraestructura
Más allá de las innumerables consecuencias que generó el cierre definitivo del viaducto de la autopista Caracas-La Guaira, esta situación dejó al descubierto el porqué del terrible estado en el que se encuentran las vías de comunicación terrestre en Venezuela. Muchos hablan de negligencia a la hora de actuar, otros de acciones irresponsables por parte del Gobierno, que no se molestó en construir una vía alterna para el litoral central mientras esperaba sentado el colapso de este puente de características vitales para el sano desarrollo de la economía capitalina. Pero no fue el tránsito exagerado de gandolas y vehículos de peso sobre el viaducto lo que le dio la estocada final al conocido puente. Cualquiera que tenga dos dedos de frente y se decida a hacer una investigación seria para determinar las causas de este hecho, se daría cuenta que es la pobreza y los cinturones de marginalidad urbana que circundan las principales arterias del país las causantes del progresivo deterioro de las mismas. Quién puede negar que las aguas negras, las quebradas atiborradas de basura y la falta de planificación de viviendas marginales en zonas aledañas no contribuyen a los constantes derrumbes que se suceden casi a diario en la Carretera Panamericana o fueron las causantes del debilitamiento de la estructura que sostenía al cuestionado viaducto. Ni hablar de las numerosas invasiones, promovidas por funcionarios del Gobierno, que no sólo han acabado con diferentes reservas forestales de las afueras de Caracas como las ubicadas detrás del Hipodrómo de La Rinconada-, sino que también han generado el debilitamiento de terrenos que terminan cediendo, afectando sectores completos de autopistas y carreteras. Allí está el titilante viaducto de La Cabrera, en la entrada del estado Carabobo, al que no sólo no le ha hecho mayor mantenimiento desde su inauguración hace más de medio siglo, sino que cerca de sus bases también habitan numerosas familias de escasos recursos que seguro esperan una vivienda digna como se los prometió esta revolución. También se puede recordar el inmenso hoyo que un buen día apareció en la autopista Caracas-Valencia a la altura del sector Paracotos, gracias a una acumulación de aguas negras y a su casi nulo drenaje. Entonces, no sólo basta echarle la culpa a los políticos de la Cuarta para tratar de tapar el sol con un dedo. Tampoco es oportuno repetir la frase del “yo te lo dije”, que en definitiva no soluciona los problemas de quienes terminan siendo los afectados cada vez que se cierra una vía de importancia. Ya es hora de poner todas las cartas en la mesa y diseñar una política de infraestructura que contemple la reubicación de la población pobre y vaya más allá de proyectos de puentes y supercarreteras con tecnología de primera, que al final terminen engavetados en la oficina de cualquier burócrata de los mal llamados organismos competentes del Estado Venezolano.
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