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Por Victor Maldonado * |
Realidades monocromáticas Viviendo aquí y ahora
Ryszard Krynicki
No somos los primeros que vamos a hacer frente lo que a todas luces se perfila como un gobierno de partido único. Tal y como salieron las cosas en las últimas elecciones parlamentarias, las fuerzas asociadas al liderazgo del presidente Chávez serán las únicas con representación en el parlamento. A partir de enero vamos a tener una especie de parlamento coral, con todos sus participantes perfectamente colocados, pendientes de las indicaciones del director, que a su vez intenta que le entreguen de una buena vez toda la partitura. Todos perfectamente ubicados unos al lado de los otros, intentando inútilmente sobresalir, a pesar de que todos tienen que cumplir con las instrucciones de la misma obra musical. Todos juntitos, aunque contradictorios, Lina Ron y Carlos Escarrá, Tascón e Iris Varela, y así muchos otros, aparentando semejanzas donde hay profundas diferencias de concepción y de aproximación al problema principal de todos ellos: ¿cómo ser y parecer leales a la fuente de todo el poder? Mientras tanto, transcurre el resto de la sociedad venezolana en sus distintas expresiones, incluida la económica. Podría parecer a primera vista que con un solo partido las cosas se simplifican. Bastaría sencillamente con aprender a interactuar con el Gobierno para que las cosas fluyan. Empero, podrían también ser profusamente complicadas. Veamos por qué. La neurosis por la incapacidad de obtener resultados. Desde el principio de la gestión del presidente Chávez el régimen mantiene un trade off inconsistente entre el discurso revolucionario y los resultados del Gobierno. Una avalancha de leyes, instituciones y anuncios de obras que no son capaces de transformar la realidad. A pesar de la inmensa cantidad de recursos petroleros, lo cierto es que los planes maestros del Gobierno son muy endebles. No han podido realizar un programa masivo de viviendas, ni se han mejorado los niveles de empleo, ni la seguridad permite garantizar una adecuada calidad de vida en las principales ciudades del país. El Gobierno patina con viejos problemas, mientras que le resulta muy oprobiosa la distancia patética entre la realidad y el discurso revolucionario. Pero esta situación trae consigo un peligro: que el Gobierno decida atribuir a otros los resultados de su propia incapacidad. Los chivos expiatorios podrían ser los sectores económicos y contra ellos lanzar una andanada de nuevas regulaciones para contener sus afanes oposicionistas. Esto no quiere decir que la empresa privada tenga alguna culpa por los resultados del Gobierno, ni que esté especialmente interesada en hacerle oposición. Lo que significa es que siempre podrá ser utilizada para desviar la atención sobre los problemas propios de inhabilidad gubernamental, en una especie de carambola que además permitiría mitigar las preocupaciones del régimen por la imposibilidad de encontrar una alternativa al régimen de mercado.
La neurosis por la necesidad de alentar la aceleración del proceso. La segunda dificultad tiene que ver con la baja velocidad de las transformaciones sociales. El presidente de la República no deja de manifestar su asombro por la baja tasa de cambios sociales, a pesar de la catarata de discursos, proclamas y exhortaciones que salen de su garganta. Probablemente crea que ello se debe a la obstaculización tenaz de todos sus planes en la Asamblea Nacional y a la resistencia que los partidos políticos opusieron a todos sus planes en todas las demás instancias. Es así como luego de haber hecho un esfuerzo portentoso por tener veintidós de las veinticuatro gobernaciones, la mayoría de las alcaldías y ahora toda la Asamblea Nacional, no tenga ningún otro remedio que hacer valer el inmenso control institucional para realizar su proyecto socialista. Sin contar, ni imaginarse, por supuesto, que a ese inmenso poder pueda hacerle frente alguna resistencia notable. Y ahora, con todo ese poder, no le queda más remedio que actuar. Decidir para mantener articuladas todas las aristas de su alianza nacional e internacional. Desde afuera la presión de la izquierda radical, que ha esperado decenas de años por la redención prometida, no se va a quedar contenta con una explicación de circunstancia, sobre lo que conviene o no. Y aunque a nosotros nos resulte insólito que la izquierda triste de los sesenta pueda tener algún impacto, todo parece indicar que el Presidente depende psicológicamente de sus aclamaciones y vítores, y por lo tanto algún interés en reciprocar tanto afecto debe tener quien se considera su líder. Por otra parte no se puede dejar de considerar la importancia que posee todo el interés que tiene el Presidente en mantener la preeminencia latinoamericana de su liderazgo, y que éste se parezca lo más posible al del presidente Castro. Ambas presiones deberían mover al Presidente a conceder algunas muestras de socialismo radical para la galería. Al momento de escribir este artículo se estaba incorporando un tercer agente de la misma causa: el factor Evo Morales. El nuevo presidente de Bolivia, más ingenuo que el nuestro, y con la responsabilidad de dirigir un país más pobre, va a tentar a nuestro mandatario para que lo sostenga ideológicamente y económicamente. El dirigir recursos a Bolivia en forma de factura petrolera y mediante auxilios financieros directos van a presionar necesariamente hacia una mayor radicalización, en la misma medida que van a distraer su capacidad de gestión, que no es superavitaria. Así que no debería extrañarnos si en el corto plazo el proceso revolucionario avance unas cuantas zancadas. No obstante, a esa presión debería oponérsele la siguiente.
La neurosis por aparentar tener buena conducta y ser confiable. La frase que inaugura todas las campañas presidenciales de Hugo Chávez es una como ésta: “Yo les juro que mi gobierno no tiene nada contra el sector privado”. Por alguna razón, obviamente derivada de los sesudos análisis de la mesa situacional del Palacio de Miraflores, el jefe del Ejecutivo Nacional ha hecho reiterados esfuerzos en cada una de sus campañas para neutralizar la desconfianza del sector privado. Reuniones seriales con los empresarios en cada una de las regiones, alguna disminución en la carga impositiva y una mengua en la presión regulatoria son los signos constantes de ese proceso. Sin embargo, no se puede perder de vista que esta es una de las tres fases de su única estrategia: hostigar, humillar, y retirarse. El repliegue táctico por razones electorales antecede a una nueva fase de persecución y degradación, no solamente por la vía legislativa en lo que ya es un verdadero cerco a las posibilidades de la actividad económica, sino por la insistente presencia de los fiscales que acosan, multan y cierran. Seguramente eso no va a cambiar, pero se va a moderar, para resurgir con toda la fuerza en 2007. Los empresarios creen que los verdaderos problemas van a presentarse después de las elecciones presidenciales de diciembre de 2006.
Las defensas contra un gobierno neurótico que tiene todo el poder. Timothy Garton Ash (1990) escribió una serie de crónicas sobre la caída del comunismo en los países centroeuropeos, que fueron recogidos en un libro cuyo nombre ya es una consigna para los tiempos venideros: Los frutos de la Adversidad. Porque a pesar de que las dificultades políticas no van a permitir el sosiego ni de los empresarios ni de los analistas venezolanos, por lo menos tenemos la ventaja de que otras sociedades nos han precedido en la experiencia y la han superado. La primera línea de defensa contra un gobierno como el nuestro es tener plena conciencia de que en algún momento colapsan justamente porque son víctimas de sus propias contradicciones, que los tornan más incapaces, más violentos y más esquizofrénicos. La segunda línea de defensa es entender que se puede vivir al margen de la lógica y de la realidad que por la fuerza quieren imponer desde el Gobierno. “Un Estado evanescente, o mejor aún ignorado” paradójicamente el viejo sueño de Marx, es aludido por Garton Ash como la feliz fórmula que consiguió la sociedad polaca para hacer caso omiso del régimen comunista “en el que los mejores escritores son publicados por editores clandestinos, los mejores periodistas escriben para periódicos clandestinos, los mejores profesores enseñan fuera de las escuelas; en el que las compañías teatrales prohibidas siguen representando en monasterios mientras que los catedráticos despedidos siguen impartiendo sus cursos en sus propios seminarios como invitados privados; en el que las iglesias también son escuelas, salas de conciertos y galerías de arte. Existe todo un mundo de saber y de cultura casi completamente al margen del Estado que declara controlarlo; un auténtico mundo de la conciencia flotando libre en las alturas, como el ataúd de Mohammed por encima del falso mundo de las apariencias”. La moraleja de esta larga cita es clara y contundente. El esfuerzo del Gobierno, si quiere ser efectivo, necesita contar con nuestra audiencia cautiva. Necesita de nuestra atención, como la requerían las sirenas en el estrecho de Hércules. Pero si no lo logran, si por el contrario los otros sectores, entre los que se encuentra la empresa, comienzan a construir redes e intentan tener resultados, y concomitantemente construyen una vocería fuerte y consistente, los efectos de todas las neurosis del Gobierno van a estar limitadas y por lo tanto provocarán menos daño. Sin duda, no va a ser un año fácil, pero sí muy interesante. e-mail: vmaldonado@tmotion.net
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