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Vigilancia en la ciudadela de las compras
Los centros comerciales son lugares atractivos para los delincuentes. Son esencialmente sitios a los que una cantidad cada vez más creciente de personas van a consumir bienes y servicios, a comprar o a pasar un rato agradable en compañía de amistades o familiares. En cualquiera de estos casos, se requiere que las personas lleven cantidades variables de dinero. Y si ya han hecho sus compras, entonces llevarán con ellos los artículos nuevos, a menudo en sus empaques originales. En las afueras de los centros comerciales los clientes y proveedores suelen dejar sus vehículos. A veces, los autos y camionetas permanecen en un mismo sitio por horas y a la intemperie, mientras sus dueños van de compras. Las oportunidades para delinquir, por lo tanto, están adentro y en la parte exterior al lugar donde están los establecimientos comerciales. El boom de la construcción de los centros comerciales se ha desarrollado en forma simultánea al crecimiento de la inseguridad en los ambientes urbanos latinoamericanos. El proceso de urbanización en Caracas, por ejemplo, ha traído consigo un auge delictivo que las autoridades no han podido controlar. Esta ciudad figura en tercer lugar entre los lugares más violentos de toda la subregión, según cifras de la Organización Panamericana de la Salud. En reacción a esto, el ciudadano tiende a evitar lugares abiertos, en los que está al alcance de los antisociales, y busca ambientes en los que tenga una protección adicional. Los centros comerciales representan un reto para los servicios de seguridad privada. Por regla general, las policías preventivas no entran a estos lugares, sino que permanecen en las vías públicas que hay en el perímetro. En teoría, los centros comerciales son propiedades privadas, a los que el funcionario policial no puede acceder sin el consentimiento del dueño. El centro comercial más grande de Caracas, por el número de tiendas que alberga, es el Sambil. Fue inaugurado a finales de los años noventa. Conviene dar un vistazo a lo que han hecho en este lugar para mantener a raya a los hampones. El sistema de seguridad del Sambil fue diseñado en forma paralela a la construcción de toda la estructura. Esto permitió abordar en la etapa incipiente todos los problemas relativos con la arquitectura del lugar. La edificación solamente posee dos corredores de acceso o salida, que se constituyen en importantes puntos de vigilancia y control. En los espacios interiores del centro comercial la seguridad es preservada por dos equipos, que operan en forma independiente pero intercomunicada: el más numeroso es llamado de “orden público”. Tiene 45 personas equipadas con radios pero desarmadas. Sus integrantes son fácilmente distinguibles entre la multitud, pues visten con uniforme de camisa blanca y pantalón negro. Se encargan de abrir y cerrar las puertas del centro comercial, hacen guardias fijas y rondines por circuitos previamente establecidos en los 5 niveles de la estructura. El otro equipo está encargado de la “reacción armada”. Lo conforman un máximo de 6 personas por turno. Son individuos que pertenecen a la empresa que diseñó todo el dispositivo de seguridad del centro comercial, DAT 2010. Se trata de ex policías o militares que han sido sometidos a rigurosos exámenes psicológicos y técnicos. Estos equipos permanecen en los pasillos del centro comercial en parejas y actúan cuando se plantea un “evento” en cualquiera de las instalaciones. Un evento es cualquier hecho que se sale de la normalidad. Puede ser una emergencia médica, un hecho contra la moral y las buenas costumbres, un robo, un hurto o una riña. Durante una semana son atendidos en promedio 40 eventos. Algunos de ellos requieren del concurso de las autoridades públicas. Sobre el procedimiento para atender los eventos volveremos más adelante. La actividad de los equipos de orden público y de reacción está coordinada por un centro de control que opera las 24 horas del día en las instalaciones de la propia edificación. En el resto de los espacios del centro comercial se produce una convergencia entre la vigilancia humana y la electrónica. Más de 100 cámaras tipo domo están distribuidas en los corredores del Sambil, e igualmente en los pasadizos externos donde se produce la carga y descarga de mercancías, así como también en los puntos de entrada o salida de personas. Al reportarse un evento, el operador tiene la obligación de llenar un reporte de actividad. A tal efecto, DAT 2010 diseñó un programa denominado Galaxi, que registra en una secuencia todo lo que ocurre en el interior del centro comercial más grande de Caracas. Segured.com
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