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¿Cómo funciona la alquimia del desempleo?
Para el cierre del pasado mes de septiembre, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) anunció que la tasa de desempleo se encontraba en 11,5%, una cifra 3,0% inferior al 14,5% registrado a estas mismas alturas del año anterior. Esa disminución, si bien se encuentra alineada con el proceso de crecimiento económico que ha experimentado Venezuela en estos doce meses, no coincide con la percepción de estómago del ciudadano común en relación con el tema: “uno no siente que la situación del empleo en Venezuela haya mejorado significativamente”. De hecho, de acuerdo con las cifras de la mayoría de las encuestadoras privadas, la delincuencia y el desempleo son, en ese orden y de lejos, las dos cosas que más preocupan a los venezolanos. ¿Y entonces? ¿Cómo es posible que si la tasa de desempleo ha caído de 14,5% a 11,5% en 12 meses, 58% de la gente piense que el problema ha empeorado (Keller, junio de 2005), y 71% se encuentre insatisfecho con respecto a la gestión gubernamental en ese sentido (Datanálisis, julio de 2005)? 1. ¿Cómo se define el desempleo? El índice de desempleo es un cociente entre el número de personas que (estando en edad y disposición de trabajar) se encuentran desocupados, y el total de personas en edad y disposición de trabajar (ocupados y desocupados). Tanto numerador como denominador dependen de fenómenos complejos, tales como la tasa de crecimiento poblacional, la deserción escolar, la efectividad y cobertura de los programas sociales, el crecimiento económico y del número de personas que, estando en edad y disposición de trabajar, desean efectivamente hacerlo. Esa complejidad hace del desempleo una estadística atractiva para la práctica de la alquimia, lo decía mi profesor de Labour Economics Chris Martin, y lo certifica la suerte de los trabajadores venezolanos. ¿Qué se considera una persona desempleada? De acuerdo con la definición universalmente aceptada, están desempleados quienes respondan “no” a la siguiente pregunta: “La semana pasada, de lunes a domingo, ¿ha realizado un trabajo remunerado (en metálico o especies), asalariado o por su propia cuenta, aunque sólo haya sido por una hora o de forma esporádica u ocasional?”. En otras palabras, para septiembre del año 2005, 11,5% de quienes estaban en edad y disposición de trabajar no estaban haciendo absolutamente nada. La clave de la pregunta está en el “aunque sólo haya sido por una hora”. Existe un número importante de personas que se están “rebuscando”, o tienen una ocupación por un número de horas parciales que no se encuentran empleadas en el sentido amplio de la palabra. La Encuesta de Hogares (EH) realizada por el INE nos ayuda, con algo de retraso asociado a la complejidad del instrumento y a su amplia cobertura, a identificar la magnitud de este segmento de la población. Por ejemplo, de acuerdo con la última EH de que dispongo (enero-junio 2004), el número de personas que declaró poseer empleos “parciales” (menos de 21 horas a la semana, poco más de 4 al día) equivalía a 10,3% de la fuerza laboral. Es decir, que cuando se dice que para junio del año 2004 el desempleo se encontraba en 16,6%, probablemente se está refiriendo uno a 26,9%. Esta última cifra, que abarca tanto a quienes no hacen nada como a quienes se están rebuscando de manera parcial, coincide más con la percepción de estómago que se tiene en Venezuela sobre el fenómeno del desempleo. Suponiendo que los porcentajes se mantienen estables para septiembre 2005, la tasa de desempleo anunciada de 11,5% probablemente coincida más con 21,8%, considerado el desempleo en un sentido más amplio. Cabe destacar que, al menos en lo que se refiere al indicador de desempleo, la estadística del INE coincide con el criterio utilizado internacionalmente, cosa que hace posible la comparación de los índices de desempleo entre países. Esto es cosa cierta, como también lo es el hecho de que, al menos en el caso venezolano, la medición subestima considerablemente el fenómeno del desempleo en su sentido más amplio. Después de todo, en la situación actual de Venezuela son muy pocos los que no son capaces de buscar una solución parcial a su problema de empleo. Como reza un dicho popular en Inglaterra: “La amenaza de la horca, agudiza el ingenio”.
2. ¿Se están creando más empleos, o están disminuyendo los que quieren trabajar? Siendo el desempleo un cociente, es posible que las disminuciones en la estadística se deban a aumentos en el numerador (puestos de trabajo), o disminuciones en el denominador (número de personas buscando trabajo). Las estadísticas del INE tanto de septiembre de 2004 y 2005 hacen posible cuantificar específicamente qué proporción de la caída es atribuible a cada factor: Como se puede observar en el cuadro “Estadisticas de Empleo (INE)”, para septiembre de 2004 Venezuela contaba con 26.087.042 habitantes, de los cuales 17.701.156 tenían quince años o más. De esta última cifra, 12.247.300 (69,2%) se encontraban activos, es decir, ocupados, o activamente buscando ocupación. Ese porcentaje es lo que se conoce como la tasa de actividad. La diferencia (30,8%) está representada por mayores de quince años que se encontraban estudiando, o discapacitados, o sencillamente con medios suficientes para subsistir sin necesidad de trabajar. Para septiembre de 2004 existían en el país 10.472.578 ocupados (“aunque sólo haya sido por una hora”), y, en consecuencia, 1.774.722 desocupados. Esta última cantidad, dividida entre el número de personas activamente buscando trabajo, determinó la tasa de desempleo para la fecha (14,5% = 1.774.722 / 12.247.300). Para septiembre de 2005, la población había crecido a 26.562.642, de los cuales 18.191.910 tenían quince años o más. De esta cifra, 12.095.365 (66,5%) se encontraban activos. Para esa fecha existían 10.699.625 ocupados y 1.395.740 desocupados, de donde se deriva la estadística de desempleo más reciente (11,5% = 1.395.740 / 12.095.365).
De este sencillo conjunto de cifras se desprenden varios aspectos importantes: a) En primer lugar, el número de personas en edad de trabajar (15 años o más) creció en 490.754, una cifra similar (acaso un poco mayor) a su promedio de los últimos siete años (416.932). b) A pesar de lo anterior, el número de personas en edad y disposición de trabajar (fuerza laboral) cayó en 151.935. c) Como consecuencia de lo anterior, la tasa de actividad de la economía venezolana cayó de 69,2% (septiembre de 2004) a 66,5% (septiembre de 2005). d) Como se puede apreciar en el cuadro, esa caída en la tasa de actividad se encuentra fuertemente concentrada entre las mujeres. Es posible calcular qué hubiese sucedido con la tasa de desempleo si la economía venezolana hubiese mantenido su tasa de actividad en 69,2%, considerando el crecimiento poblacional y el número de puestos de trabajo (incluyendo parciales) que se crearon. Ese cálculo ha sido hecho en la última columna del cuadro: la tasa de desempleo al cierre de septiembre de 2005 sería de 15%, es decir, 0,5% mayor a la registrada hace un año. Lo anterior no quiere decir que no se hayan creado puestos de trabajo. Como se puede observar en el cuadro, el número de personas que se consideran “ocupadas” aumentó entre ambos períodos 227.047. Lo que sucede es que la población también va creciendo y quienes se encuentran en edad de trabajar crecen a un ritmo superior a 400.000 cada año, de manera que aun cuando se creen nuevos puestos de trabajo, es perfectamente posible que la tasa de desempleo continúe aumentando. De hecho, para el período estudiado, si se hubiese mantenido constante la tasa de actividad, la tasa de desempleo hubiese aumentado 0,5%, a pesar de la creación de 227.047 puestos de trabajo. Esto no representa ninguna novedad. En Venezuela desde 1978 el drama no ha sido la destrucción de puestos de trabajo, sino el hecho de que los puestos creados son muy inferiores al crecimiento de la fuerza laboral.
3. ¿Por qué ahora, proporcionalmente hablando, hay menos gente que quiere trabajar que hace un año? Una respuesta posible podría estar en los programas sociales del Gobierno, que llegan para asistir, a veces en especie y a veces en ingresos, a un sector importante de la población. Ese sector obtiene un ingreso que antes no tenía, lo que podría disminuir su propensión a buscar de forma activa un trabajo. Por esta razón, la Encuesta de Hogares del INE podría registrar una caída en la tasa de actividad, que a su vez se traduce en una caída en la tasa de desempleo. Técnicamente es correcto considerar a estas personas fuera del espectro laboral activo. Sin embargo, conviene tener en cuenta que si la efectividad o cobertura de los programas sociales se deteriora en el futuro, ya sea por falta de eficiencia o porque se hacen escasos los fondos públicos con los que éstos se financian, esas personas regresarán al mercado laboral. Si eso ocurriera hoy en día, Venezuela amanecería con una tasa de desempleo superior a la que tenía hace un año, a pesar de haber crecido aceleradamente en ese período. Otra hipótesis que ha surgido de algunos colegas es que el proceso de crecimiento económico registrado el año pasado ha provocado un efecto de ingreso en el sector femenino de la fuerza laboral. Según esta hipótesis, este hecho es consistente con la evidencia empírica a escala internacional, según la cual la disposición a trabajar de la fuerza laboral femenina disminuye en períodos de crecimiento económico. En mi opinión, esta hipótesis pierde fuerza en el caso venezolano, puesto que si se considera el crecimiento económico en términos agregados en los últimos siete años, promedian 0,5%, lo que produce un Producto Interno Bruto por habitante de 10,3% menos al cierre de 2004 (versus 1997). En otras palabras, en términos agregados no hay crecimiento, por lo que la disposición a trabajar de la fuerza laboral femenina debería ser similar a la de hace siete años. En conclusión, las variaciones en las estadísticas de empleo y desempleo resultan un espejismo, en tanto no cambien los factores estructurales que predominan en el mercado laboral venezolano: a) Los bajos niveles de inversión pública o privada, nacional o extranjera. b) Los elevadísimos costos laborales (costos de contratar y despedir gente): no se olvide que Venezuela es el país en donde resulta más caro contratar y despedir gente, después de todo, hay que aumentarles el sueldo por decreto, hay inamovilidad laboral, y cuando se logra despedir, se incurre en los costos de despido más altos de América Latina. c) El bajo crecimiento económico registrado, negativo en términos per cápita (no se olvide que a pesar de crecer 17,4% en 2004, al promedio de los últimos 7 años es apenas de 0,5%, y el promedio 1978-2004 es apenas 1,3%). Mientras eso no ocurra, el fenómeno del desempleo se reduce a la disponibilidad de suficiente renta petrolera como para crear empleos en el sector público y mantener alejada del mercado laboral a una parte de la población por la vía de los programas sociales y las transferencias. El día que esa renta vuelva a faltar, se acabarán los efectos de la alquimia. Miguel Ángel Santos
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