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OVERNIGHT

Se cambia petróleo por lo que sea

 

 

La utilización del petróleo como arma geopolítica no es ninguna novedad, Venezuela en el pasado también ha hecho uso de esa potencialidad, sin embargo nunca en forma tan generalizada, tan proselitista, sin controles de ningún tipo y de grandes magnitudes como ahora. Por ejemplo, hay que recordar la firma del Convenio Integral de Cooperación entre Cuba y Venezuela, suscrito en el año 2000. Allí se estipulaban condiciones preferenciales en la venta de petróleo para la isla caribeña, incluso por encima de las establecidas tradicionalmente por Venezuela y México con los países centroamericanos y del Caribe.

 Inicialmente el volumen despachado a Cuba promediaba los 53 mil barriles diarios, la isla debía pagar 75% de la factura de contado y el 25% restante en un plazo de 15 años. Luego las cifras fueron cambiando, en el último “arreglo” Cuba aparecía pagando tan solo el 25% de contado y el 75% restante en bienes y servicios. Hoy, el régimen de Fidel Castro no paga nada de contado a Venezuela y recibe 98 mil barriles diarios. El 100% de la factura puede ser cancelada en bienes y servicios, en donde entran a descontar desde entrenadores deportivos, asesorías a la ONIDEX y de otras especies, asistencia médica, asesoría en siembra de caña de azúcar, centrales azucareras, ediciones de libros “anti-imperialistas” y pare de contar. Ya vimos recientemente cómo el Presidente Chávez ofreció 5 millones de dólares para rescatar empresas en Uruguay, el aporte monetario a un conjunto de Samba en Brasil, la construcción de refinerías, oleoductos a cargo de Venezuela, la adquisición de 1.000 millones de dólares de deuda argentina y otra serie de desembolsos. El más reciente acuerdo con el Paraguay va por la misma vía de lo firmado con Cuba, una gran parte de la factura petrolera, si no la totalidad, será a cambio de bienes y servicios.

Este procedimiento significará para Venezuela un aumento de las importaciones, en la mayoría de los casos que vienen a competir en forma desleal con bienes que produce nuestro país y que golpeará al aparato productivo interno, especialmente en el área agropecuaria. Venezuela estará contribuyendo a la generación de empleo y riqueza en otros países y afectando nuestro propio desarrollo al aumentar el papel de país importador “de lo que sea”.

 

 

 

El puente se va a caer…va a caer…..

Y mientras Venezuela contribuye con el desarrollo de otras naciones de Latinoamérica, la única vía para darle salida al mar a Caracas (puerto y aeropuerto) está en jaque, luego de numerosas advertencias a las autoridades,  grandes cantidades de reportajes, análisis y noticias sobre el deslizamiento del viaducto de la autopista Caracas- La Guaira. Mientras se sueña con un gasoducto que saldrá de Venezuela, pasará por Brasil y llegará a la Argentina, aquí no hay un proyecto listo para comunicar el flujo de personas y bienes hacia el litoral central. El plan B es llegar a El Junquito y emprender la insegura vía de Carayaca, en donde los asaltos se suceden con gran frecuencia o la todavía más folklórica vía de Higuerote hasta el litoral central, especie de turismo de aventura. Y ni hablar de la carretera vieja Caracas-La Guaira, un paisaje desolado e inseguro. Recomendar a los ciudadanos esas vías es una irresponsabilidad, especialmente cuando el gobierno  vocifera las bondades del Socialismo del Siglo XXI. (¿?).

 

 

Sigue la crisis política

Hay liquidez en la calle, es verdad. Demasiada, tal vez, tanto que al BCV le cuesta cada día más retirar el exceso y al gobierno esterilizar bolívares a cambio de papeles en divisas. El gobierno abre el chorro en forma intermitente, un poquito para acá y otro para allá y la sensación de riqueza tapa el desempleo real y la miseria real, aunque sea por el momento. Lo que sí no se puede tapar es la crisis política. Luego de siete años en el gobierno, lejos de consolidar las instituciones democráticas y la paz, aumenta la inestabilidad del sistema. En las elecciones del 4D ganó el rechazo a ciertas formas de hacer política y de dirigir al país. Para restituir la credibilidad institucional es necesario jugar limpio.

Asesor de Nuevos Medios: Alcides León
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