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Empresas

Por puro interés

 

 

La Alianza Social de Venamcham invitó al reconocido filósofo Fernando Savater a dictar una conferencia sobre la ética y responsabilidad social de las empresas, donde expresó lo que ha sido su posición desde hace tiempo: la solidaridad no puede ser desinteresada, el bienestar de los otros importa por razones egoístas; la ética es una estrategia de supervivencia; todas las empresas son públicas pues están integradas por personas, y la ética empresarial debe transcurrir entre lo racional y lo razonable. Lecciones éticas para cualquier país, pero que aquí brillan como el oro

Carlos Delgado Flores

 

La ética (y su expresión como responsabilidad social) tiene una presencia mucho mayor en la vida de los negocios que lo que los mismos empresarios, a veces, suelen estar dispuestos a asumir, pues ética es la filosofía organizacional, ya que expresa valores; ética es la política del personal, pues se realiza ajustada a esos valores; con ética se construye la política de calidad de la empresa, el plan de negocios, el plan de mercadeo, la planificación estratégica, el diseño de estrategias de competitividad, entre muchos otros aspectos de la vida empresarial, en la medida en que son formulados como compromisos con los valores que forman su cuerpo de principios.

Esto a veces se olvida, sobre todo cuando se pregunta por lo que constituye el interés principal de las corporaciones y ante la respuesta –obvia– de “obtener ganancias”, surge la gran diferencia entre su razón social y la del resto de las instituciones sociales: el lucro. A partir de este concepto se encontrarán posiciones tan extremas como la identificación del lucro con la usura, la responsabilidad del empresariado en la mala redistribución del ingreso y el sostenimiento de las inequidades sociales (“ser rico es malo” se ha dicho) y la denuncia de algunas posturas empresariales excesivamente pragmáticas, que supeditan a la obtención de ganancias cualquier otra responsabilidad.

A veces los argumentos del debate trascienden la esfera de lo ético, incursionan en la política y funcionan como arma arrojadiza, aunque desconociendo algunas reglas, como que el sistema de derechos humanos que funciona en las democracias modernas supedita los derechos individuales a los derechos sociales, al bien común por encima del beneficio individual, al tiempo que se responsabiliza al Estado de garantizar estos derechos naturales arbitrando las grandes disputas entre los grupos de interés.

Pero ¿no pueden los propios empresarios autorregularse, mejorar sus criterios éticos para hacer que sus gestiones empresariales sean más exitosas en lo económico y más responsables en lo social, sin tener que esperar que el Estado arbitre con la ley, que es el instrumento de rigor? ¿Hasta que punto el ejercicio de la ética puede ser entendido como una “estrategia de supervivencia” en medio de un entorno hostil a la iniciativa privada: como una práctica que le dé legitimidad política a su existencia institucional?

Estas y otras preguntas seguramente estaban en el ánimo del evento Empresa: ética y responsabilidad social, organizado por la Alianza Social de Venamcham, en cuyo marco disertó el filósofo español Fernando Savater, quien es reconocido experto del tema ético, por decir lo menos.

 

El egoísmo ilustrado y la libre empresa. Savater ha sistematizado su postura ética basada en el viejo concepto aristotélico de la Filautía (amor propio), invirtiendo los términos en que suele explicarse la solidaridad: como amor desinteresado, es decir, sin interés. Por el contrario, postula que el interés individual por el bienestar de los demás es egoísta, pues en la medida en que los demás estén bien, el individuo estará más seguro. Se trata de una lectura diferente a la ética racional de la modernidad, pero hecha desde los valores de esta misma modernidad: la libertad de acción, el derecho natural y la universalidad de las acciones, que da como resultado el egoísmo ilustrado como un modo civilizado de interesarse por el prójimo.

Este egoísmo ilustrado, llevado a la libre empresa, apunta hacia la comprensión de que no siempre hay razones morales para ser moral. Savater relata como ejemplo de la utilidad de la ética en la supervivencia, la experiencia relatada por Bruno Betelheim del campo de concentración al cual sobrevivió. “Había dos grupos de presos, uno que decía ‘dejemos la ética de lado’, y otro que sí aplicaba las normas morales. Los presos del primer grupo fueron los primeros en caer en el campo de concentración, en el grupo de los otros es donde hubo más sobrevivientes”. Por ello, en el ámbito corporativo, es partidario de no dejar la ética sólo en el plano personal, sino institucionalizarla: “La ética no es una guinda del pastel de la empresa, sino otra manera de hacer el pastel. La ética sirve para mejorar los resultados y dar sentido a las empresas humanas, como salvaguardia proporciona sentido de lo que se hace (del para qué). Los comportamientos éticos son una forma de supervivencia y de prosperidad. La ética es rentable”.

Vale decir que es necesario asumir un discurso moral para serlo. Para explicar esta idea, Savater apela al ejemplo de la madre y el niño: “Cualquier madre normal cuida a su hijo porque lo quiere, no por ética. La comprensión de la sociabilidad humana plena es posible sólo a través del intercambio”.

Llevar esta idea a la práctica gerencial de una empresa, para implementar la responsabilidad, tiene unas implicaciones, que en opinión de Savater se ubican en dos ámbitos: el de lo racional, referido a los objetos, y el de lo razonable, orientado a las personas. Combinar las estrategias en uno y otro ámbito permite formular planes y trazar estrategias empresariales desde una perspectiva ética.

Y lo razonable bien pudiera implicar la búsqueda de un concepto distinto de la riqueza, ya que, en opinión del filósofo, “una vida basada exclusivamente en la acumulación, no es una vida rica”.

La ética y el imperio de la ley. Ahora bien, aunque estén muy conectadas, una cosa es la ética y otra las leyes. Se sabe que la ética, por muy institucionalizada que esté, no sustituye la vocación que las leyes tienen para sistematizar el ejercicio de los derechos en nombre del interés social por el bien común. Savater es bastante incisivo en este particular: “Las leyes son como las redes pero al revés, las redes sociales sacan a los peces grandes y atrapan a los pequeños. Una sociedad segura es una sociedad justa y hay cosas legales que son una auténtica villanía”.

La justicia implica la equidad, pero también las decisiones éticas y el espíritu de compromiso con las leyes y con la ética por parte de quienes las administran. Savater coloca este aspecto en perspectiva con la libertad: “Cuando hay libertades hay gente que abusa; ocurre en todas partes. El problema no es la corrupción (por poner un ejemplo), el problema es la impunidad. Los suecos no son mejores que los peruanos, pero saben que el que la hace la paga”.

El compromiso moral para con la ley es, a un tiempo, un instinto de conservación y una actitud intencionada, puesto que las normas jurídicas no alcanzan para todos los casos. “La ley –señala Savater– sólo marca límites pero no puede cubrir el millón de decisiones ciudadanas que tomamos todos los días. Las leyes son reactivas, reaccionan ante comportamientos, mientras que la moral es proactiva. La ética no se ocupa sólo de lo antisocial, sino de lo que podemos hacer en pro de una vida común, en pro del sentido de una sociedad. Ahora bien, la moral, ¿son normas o sensibilidad? La perfección ética sería una sensibilidad en el uso de nuestra libertad para ser cada vez más humano”.

 

La construcción de lo público. El accionar moral, en la visión de Savater, es colectivo antes que individual, ya que para el filósofo “la individualidad es un lujo producido por la sociedad en su evolución. Donde hay mayor garantía del funcionamiento social, hay mayores posibilidades de creatividad y originalidad individual”. Y esta moral colectiva se basa en la idea de lo público, es decir: lo que es común a todos en una sociedad.

Este aparte de la conferencia sirve para ilustrar un importante punto de confluencia entre el interés individual, el corporativo y la responsabilidad del Estado de cara a la construcción de lo público. Savater cita el caso de Nueva Orleáns: “Después de tanto tiempo discutiendo sobre la privatización, esto es lo que pasa cuando no hay servicios públicos. Que los servicios públicos funcionen. Cuando no hay nada que te dé la sociedad, eso es una vida miserable. Lo público produce rechazo, pero la vida de los hombres es pública y todas las empresas son públicas, es decir, formadas por gente. Nadie se hace rico por sí mismo sino porque vive en una sociedad. Toda riqueza es social, por ende, toda riqueza tiene una responsabilidad social”.

La construcción ética de lo público implica un ejercicio armonizado de la libertad y del interés individual o particular, cuya máxima responsabilidad (ya se dijo) la tiene el Estado. “Una sociedad ignorante es una sociedad donde la democracia funciona mal, donde un caudillo mantiene a todos niños. Se trata de un mal ejercicio de la autoridad, concepto que viene de augeo: ayudar a crecer. Nosotros implica a nosotros y otros, pero para la mayoría significa no a otros”.

Las manifestaciones de la ignorancia de la sociedad hacia lo público se expresan por una parte en la crisis de la democracia, pero también en la idea de exclusión: “Porque creemos que la sociedad es una, es por lo que hay excluidos. Si hubiera varias sociedades no los habría. La pobreza debería ser ilegal, como la esclavitud. Los dos males de una sociedad son la miseria y la ignorancia, y esta última produce el bloqueo de las capacidades humanas”.

Esto tiene implicaciones particulares para los liderazgos: “Ser líder es tener mayor capacidad de acción y como la ética se basa en la acción, la responsabilidad aumenta al aumentar esta capacidad de acción. Los políticos están educando a la sociedad, a veces para mal. En las sociedades modernas, los líderes son nuestros mandados”.

Muchas de estas cuestiones –es necesario afirmarlo– ya han sido dichas y asimiladas por parte de muchos del público de la conferencia o de los lectores de estas líneas. Pero es que a veces estas cosas se olvidan. Savater señala: “La ética no es el sentido común, pero debería serlo. El corto plazo hace que prefiramos otras cosas, y uno termina haciendo el mal que no quiere, y no haciendo el bien que quiere, y no hay algo mejor que lo bueno”.

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