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OVERNIGHT

¿Quién le teme al MERCOSUR?

 

El gobierno venezolano impone el tratado de libre comercio con el MERCOSUR. Lo decide y punto. No le consulta a los factores claves: los empresarios. Los que realmente tienen que hacer el trabajo, los que tienen que producir y competir quedan fuera del juego. Y de paso, Hugo Chávez se muestra extrañado cuando ve las reacciones de advertencia sobre los peligros que puede encerrar la incorporación plena de Venezuela en el Mercado Común del Sur.

El monstruo industrial brasileño nos arropa en todos los sentidos. ¿Qué le vamos a vender? ¿Y qué podemos mercadear con Argentina? La idea, que estaba madurada desde hace mucho tiempo, era la de negociar desde la Comunidad Andina (en la que Venezuela sí tiene algunas ventajas competitivas) el ingreso escalonado al MERCOSUR, en bloque y con acotaciones claras para salvaguardar algunas áreas sensibles. De hecho, Venezuela cerrará este año, con uno de los socios de la CAN, un monto de intercambio comercial cercano a los 3.000 millones de dólares, concretamente con la vecina Colombia, con la que nos unen  lazos históricos y de relaciones comerciales y fronterizos.

A Chávez se le ocurrió privilegiar la geopolítica antes que el comercio. Al fin y al cabo le importa poco. Está sentado en un trono sostenido por petrodólares y se ufana en pregonarlo a los cuatro vientos. Puede importar lo que sea y presionar con esa estrategia a la industria nacional para que baje los precios de sus productos, empresas que sí deben pagar los aranceles debidos de sus materias primas,  insumos, bienes de capital y los impuestos nacionales. En ese sentido, el gobierno pretende mantener a raya la inflación al estrangular el ajuste de los costos, incluso lo reflejado en la misma inflación anual, cosa imposible y que le estallará en sus propias narices, en desabastecimiento y caída del empleo y la inversión, así él pueda disfrazar el asunto inicialmente a base de importaciones y de fortalecer a Mercal

Tal es la embriaguez de los petrodólares que la más reciente estrategia de Miraflores es la competir con el Fondo Monetario Internacional, despreciándolo, y tratando de rescatar a la Argentina "de esas fauces imperialistas", país al que se le comprarán más de 1.200 millones de dólares en emisiones de deuda. Monto que extrañamente coincide con lo que el país austral debe cancelar el año próximo al FMI. Así Venezuela se convierte en el gran prestamista de América Latina, papel que espera revertir en apoyo político de los deudores.

Al fin y al cabo, el asunto está claro. Tanto desde la óptica bolivariana como de la castrista. No puede haber "revolución"  si no hay fuerza continental, no se pude imponer el modelo que pretende Chávez haciéndolo en forma aislada. En Cuba lo saben y lo aupan. La revolución total, universal, en la que creía firmemente el "Che Guevara" y que sacrificó su vida en un apartado rincón de Bolivia, abandonado y traicionado por el mismo partido comunista boliviano.

 Por ello todo este barullo, en principio incomprensible y si se quiere, antinacional. La apuesta es ganar todo o nada. Lamentablemente las fichas de ese juego no son de madera sino de carne y hueso. Los peones de siempre.

Mientras exista carburante existirá esta revolución, pero las fibras de este gobierno están profundamente impregnadas de corrupción, de allí el llamado constante, desde hace varios meses, del Presidente Chávez a denunciarla. Claro, es una denuncia general, tal vez filosófica, pero él, que tiene todos los controles en sus manos, no ha sido capaz de señalar a un solo corrupto de su gobierno. Tal vez teme que al mostrar el rostro de uno de ellos, esté descubriendo una fotografía ampliada de  la raíz que mueve las lealtades, que le siguen el juego revolucionario, pero que en el fondo juegan al enriquecimiento más sucio, el de la corrupción, quitándole el pan de la boca a las mayorías nacionales, que se encuentran en la pobreza extrema, articulando con fuego su suerte de malabarismo debajo de los semáforos de cada esquina de la capital.

Asesor de Nuevos Medios: Alcides León
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