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Perspectivas 2006
Luis Vicente León, Director de Datanálisis La economía venezolana continuará creciendo de manera relevante durante el año 2006, estimulada no por el éxito del modelo económico del Gobierno ni por un cambio en el mismo, sino por la misma razón que lo ha hecho muchas veces: recuperación del precio del petróleo + intenso gasto público, lo cual se acentúa especialmente en un importante año de elecciones presidenciales, que alarga lo que podríamos llamar un período electoral-fiscal prolongado (todos los años una elección). Este crecimiento de más de ocho trimestres consecutivos ya no puede llamarse rebote con respecto a 2003. Estemos claros que esta economía dependiente está respondiendo favorablemente al incremento relevante de sus ingresos externos, y el gasto público ha logrado impactos favorables de corto plazo, sin que hayamos visto todavía sus indudables costos macroeconómicos, especialmente en lo que se refiere a la inflación (que si bien es la más alta de la región, sigue siendo baja para lo que podríamos esperar teóricamente). Sin embargo, este crecimiento es lo que podríamos calificar de eunuco. En efecto crece la demanda y la liquidez (más de tres veces con respecto a 2003), lo cual hace que veamos en el mercado una expansión de actividades y mucho capital de trabajo, pero la variable confianza sigue totalmente comprometida, sobre todo en la mente de los inversionistas, y esto ocasiona lo convencional: los empresarios quieren aprovechar el autobús de corto plazo y para eso están produciendo lo necesario para atender la demanda. Pero sus decisiones de inversión son pobres y se limitan a aquellas cosas imprescindibles para mantener lo indispensable con miras a producir a sus actuales niveles, dejando para "después" las inversiones necesarias para crecer en el largo plazo. El año 2006 se muestra con crecimiento en el PIB, en el consumo e incluso en el empleo, pero de ninguna manera se presenta como un año de crecimiento real ni estable, y las inversiones privadas continuarán "viendo los toros desde la barrera". Es decir, crecimiento sí, pero sin preñar de desarrollo el futuro.
Miguel Santos,Economista jefe de Venamcham Mayor disponibilidad de dólares, cortesía del petróleo, da al Gobierno mayor margen de maniobra en algunas variables (inflación, tasa de cambio, importaciones), menor en otras (crecimiento, inversión, empleo). En el año 2006 no se prevé una recuperación de la inversión privada, y de acuerdo con el Presupuesto Nacional, tampoco de la inversión pública. El crecimiento económico continuará siendo positivo por el impulso fiscal, pero a tasas cada vez menores, en la medida en que se agota la capacidad instalada. Por esta razón el empleo, salvo intervenciones y modificaciones de la metodología de cálculo (INE) y los efectos de las misiones, debería permanecer alrededor de su cifra de cierre en 2005. En otras palabras, estamos hablando más de gente que deja de buscar trabajo porque recibe transferencias del sector público (sin contrapartida de producto), que de nuevos puestos de trabajo creados. En una economía sin inversión y sin más puestos de trabajo, con una tasa de crecimiento cada vez menor, la presión de inflación que genera el incremento del gasto público sólo puede ser moderada a través de más importaciones. Si 2005 fue año récord de importaciones, 2006 pondrá ese hito todavía más alto. En cada uno de los últimos tres años la monetización del gasto público ha puesto a crecer la liquidez entre 44% y 58%. En 2006 el Gobierno no devaluará y continuará utilizando las divisas de la renta petrolera para aumentar el consumo doméstico vía importaciones, ahogando aún más a la industria nacional y el empleo privado. Las repatriaciones de capital (nueva terminología para la fuga de capitales) se incrementarán a fin de frenar el crecimiento de la liquidez. Por esta razón, no se pronostican crecimientos en las reservas internacionales, algo similar a lo que ya ocurriera en los años 2000 y 2001. Aún así, con la liquidez creciendo alrededor de 30%, será difícil mantener la inflación por debajo de 18%. La intervención del BCV necesaria para moderar el crecimiento de la liquidez mantendrá las tasas activas cerca de niveles reales cero, y las pasivas en niveles negativos (impuestos al ahorro). ¿Me puedo equivocar? Claro, para mantener la inflación por debajo de un dígito a ultranza, siempre se puede importar más, vender más dólares para repatriación de dividendos o emitir más papeles vía BCV. Así se amplifican los desequilibrios. Si no se recuperan las variables reales, se hará cada vez más difícil administrar la abundancia. Ya no digamos la escasez.
Efraín Velásquez, Economista La actividad económica ha estado mejorando desde 2004 y se ha fortalecido en 2005. La política fiscal del Gobierno y los recursos petroleros adicionales han dado al Gobierno una capacidad financiera muy importante. Este año hay un superávit de 2 o 3 puntos del producto, y todo parece asegurar que los resultados que estamos viendo se mantendrán en 2006. Ahora bien, en medio de un proceso de crecimiento, dentro del sector industrial el rubro alimentos, bebidas y tabaco debería ser uno de los principales en potenciarse. En el proceso de crecimiento que se ha venido desarrollando ese rubro se ha quedado rezagado. La razón es Mercal, que significa más productos locales que importados. Ocurre lo mismo en el sector comercio: crecen las ventas al detal más que las ventas al por mayor. Lo anterior es contrario a lo que sería un proceso normal de recuperación. Este proceso de crecimiento ocurre en medio de un escenario en el cual la inflación decrece, y si esto sucede quiere decir que hay un incremento de la productividad, una mejora de la eficiencia y la implementación de tecnología. Sin embargo, cuando uno ve y analiza esos elementos --productividad, eficiencia y tecnología-- se da cuenta de que no están presentes y uno se pregunta por qué pierde fuerza la inflación en medio del crecimiento. El índice de precios tiene incorporados dos factores: los controles de fuerza y el efecto Mercal. Ambos elementos condicionan el comportamiento del indicador, y este es un tema fundamental. Cuando hay control de cambio no se puede controlar tanto los agregados monetarios, es decir, el grado de monetización. Hay mucho dinero y mucha actividad económica pero eso genera incremento en los precios. Actualmente hay control de cambio y un gasto fiscal muy importante, elementos que, si se mantienen en 2006, generarán un nivel de monetización relevante. Por otra parte, los niveles de inversión pública y privada son menores que los tradicionales. Existe un crecimiento basado en consumo y no hay inversión. Se crece porque hay un gasto. Cuando se crece con base en inversión es más sostenible y menos puntual. En cualquier caso, y como consecuencia del referido superávit, se puede anticipar que la mejoría económica continúa en 2006. Con respecto al Presupuesto 2006, hay que decir que lo que muestra es una política fiscal expansiva que va a generar un resultado similar: la continuación del crecimiento que se inició en 2004. Los espacios de discusión están abiertos. A Venezuela hay que presentarle una estrategia para alcanzar un crecimiento que sea sostenible.
Alexander Guerrero Tres factores resaltan en el comportamiento de la economía en estos años de elevados precios del petróleo, a saber: la expansión del gasto público, que a finales de 2005 se corresponde con un crecimiento en términos reales en cuatro años (2002-2005) de 50% (de un gasto público que en 2002 constituía 23% del PIB, a 41% del PIB hacia finales de 2005). 1. El primer factor es la voluminosa expansión del gasto público y del Estado, sobre la base del crecimiento de los precios del petróleo y la represión tributaria que ha incrementado el ingreso fiscal no petrolero. El gasto público ha traspasado las fronteras de su propia naturaleza en inversión de infraestructura y bienes y servicios públicos para transformar al Estado y al Gobierno en empresario, en virtud de la fuerte presencia que el Estado y Gobierno marcan en actividades normales del capital privado en cualquier economía normal en el mundo. Así, el Estado como prestatario hoy de bienes y servicios se ha convertido en importador neto de bienes destinados a la canasta de consumo de la población, desplazando con ello y coadyuvando a la descapitalización del capital privado, que en algunos ramos se ha visto desplazado por no poder competir frente a un Estado que ha hecho uso de privilegios tributarios sin contar con las limitaciones del control de cambio que sí afecta a la economía privada. 2. El segundo factor lo constituye la represión de los mercados, en el mercado de producción de bienes y servicios y mercado financiero. En el mercado de producción de bienes y servicios la represión toma firma de control de cambio con control de precios, una especie de torniquete sobe las ganancias y rendimientos del capital que impide un ritmo natural --acorde con la expansión del gasto público y los altos precios del petróleo-- de la inversión y de la acumulación del capital privado, y la represión financiera que ha transformado al sistema financiero privado en una especie de franquicias financieras para la administración de las necesidades financieras del Estado-Gobierno: expansión del endeudamiento publico interno. Lo que apoyándose en una obligada represión de las tasas de interés y más allá de la abundancia de flujos de ingresos fiscales que emergen de los elevados precios del petróleo y de una mayor recaudación de impuestos, que ha estimulado el protuberante crecimiento de la deuda pública que ha pasado a conformar el principal instrumento de inversión del sistema financiero privado, propicia, por parte del Gobierno, la caída de las tasas de interés, cosa que es posible en virtud del control de cambio, y con ella estimula el crecimiento de la deuda pública interna. 3. Un tercer factor es el debilitamiento orgánico y sistemático en la economía política del régimen de los derechos de propiedad, lo cual ha creado un marco jurídico inestable e incierto en torno a los mecanismos destinados a la protección de los derechos de propiedad, ya no frente a terceros sino frente al mismo Estado-Gobierno, que impone una agenda de socialización de la economía nacional. El debilitamiento y pérdida, por confiscación o por empobrecimiento de los derechos de propiedad, constituye un elemento estructural que ha marcado la evolución del mercado laboral, donde el Estado ha crecido como empleador para alcanzar una tercera parte de la PEA en el mercado formal e informal. El efecto neto de esos factores, en primer lugar, es la descapitalización del sector moderno de la economía nacional, hecho que es visible en la balanza de pagos --comercial-- de Venezuela en la estructura de las importaciones, donde domina la importación de bienes terminados de capital y de consumo. Esta estructura es visible también en la estructura del mercado laboral, crecimiento del empleo informal por cierre de empresas y actividades del sector moderno en unos casos y por importación de bienes de consumo terminados --durables y no durables--, que definen principalmente en el mercado de trabajo el desempleo estructural y el volumen total de desempleo que no es consistente con la expansión de la demanda agregada que marca el crecimiento global de la economía en estos años y que cerraría en 8-9% para 2005. La calidad de ese crecimiento es la dependencia del ingreso fiscal petrolero que ha expandido el gasto público a los niveles mencionados arriba, que se refleja en esos elementos, la descapitalización y débil acumulación de capital del sector moderno de la economía nacional, compensado por la expansión de la demanda agregada --consumo--, por la expansión del gasto público y del Estado. La señal de mediano plazo es evidente, el ritmo expansivo de la demanda agregada, esencialmente consumo e inversión del sector no petrolero, depende como nunca antes del ingreso del petróleo y sus precios, eso hace a la economía como un todo en extremo vulnerable a un shock externo que afecta los precios del petróleo. Sin embargo, el ritmo de crecimiento de la economía mundial, si bien se espera cierta desaceleración para 2006, el nivel de demanda de petróleo de los países con mayor impacto en el mercado internacional de China e India y nuevamente Japón, se mantiene, al mismo tiempo que el crecimiento de la economía americana se mantiene, lo que efectivamente mantendrá los niveles actuales en los precios del petróleo alejando la probabilidad de un shock externo negativo, si bien la debilidad estructural se mantiene e inclusive se refuerza.
Francisco Vivancos, Gerente de investigaciones económicas del Banco Mercantil, profesor universitario Los altos precios del crudo venezolano, que alcanzará un promedio de 52,6 dólares por barril en 2006, será uno de los factores principales que mantendrá una fuerte expansión del gasto fiscal y del cuasifiscal durante el próximo año. Esta situación repercutirá sobre los agregados monetarios, generando presiones para que bajen las tasas de interés, lo cual se reflejará en mayores exigencias sobre el signo de la política monetaria que será más restrictiva por parte del Banco Central de Venezuela. En ocho años de gobierno, el gasto primario ha crecido 139 por ciento, recuperando los niveles que había al respecto en 1977. No obstante, la eficiencia del gasto no se ha traducido en una mayor generación del crecimiento económico interno, sino que más bien esta expansión se seguirá filtrando en buena medida a través de las importaciones, cuyo nivel para 2006 rondará los 30 mil millones de dólares. Frente al elevado déficit fiscal, el Gobierno deberá recurrir a un nuevo endeudamiento de al menos 6 mil millones de dólares, que buscará cubrir mediante títulos y emisión de bonos de la deuda pública, así como con giros de recursos represados. Por otro lado, durante el ciclo electoral de 2006 se pospondrá cualquier ajuste en la tasa cambiaria, se reforzará el control de precios sobre productos y se ampliará el monto de los subsidios sobre diversos bienes. También se consolidarán nuevas instituciones presupuestarias, fondos de ahorro y el subsistema financiero público. Habrá un crecimiento económico de baja calidad, vulnerable a choques fiscales negativos de origen externo. Además, el desvío de ingresos externos y la transferencia de reservas internacionales permiten una significativa acumulación del Fondo de Desarrollo Nacional (Fonden). Un punto a ser destacado es que tanto el contexto internacional como el local lucirán favorable, por lo que el nivel de riesgo va a ser bajo, inclusive más allá de 2006.
Eduardo Gómez Sigala, Presidente de Conindustria El retroceso en los niveles de competitividad del sector industrial venezolano seguirá avanzando en 2006 debido a la baja inversión privada dentro de una economía en la que el Estado seguirá teniendo el rol protagónico. Las inversiones seguirán siendo operativas y de mantenimiento, que no favorecen mucho al crecimiento de la actividad privada. La recuperación será ligera y la incertidumbre política seguirá siendo un factor restrictivo para la actividad económica. Como la inversión del sector privado no ha venido acompañando al boom petrolero, es probable que en 2006 se siga presentando una economía de negocios pero no de inversiones a largo plazo que favorezcan al sector industrial. Esta situación se mantendrá mientras el entorno macroeconómico se maneje con planteamientos incoherentes. Además, con el alto nivel de las importaciones, habrá mayor competencia con los productos extranjeros que gozarán de subsidios que no tienen los empresarios venezolanos. Tampoco se espera un incremento significativo de la capacidad productiva nacional. Los cambios legales en cuanto a la garantía a la propiedad privada y al ejercicio del libre derecho a la actividad económica seguirán creando un cerco a la actividad empresarial privada, respaldado en los diferentes controles que el Gobierno le ha puesto a la economía en cuanto a precios de productos, ilícitos cambiarios, tasas de interés, nuevos esquemas laborales y otras trabas de tipo comercial.
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