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Recursos humanos

Incertidumbre Compacta

 

La última vez que vi a Antonieta estaba realmente contrariada. Había trabajado hasta muy tarde, tratando de entender y de organizar todos los requerimientos que les solicitaban a los concesionarios de los vehículos para acceder al nuevo programa de carros familiares. ¡Todavía no sabemos cuáles van a ser todos los requisitos, pero si estamos en cuenta de que hay una fecha límite, porque el Presidente va a lanzar el programa desde Valencia!, se quejaba amargamente.

A mí me pareció que por estos días todos los empresarios andan en lo mismo. Otro amigo, gerente de una empresa petrolera latinoamericana me contaba el otro día lo difícil que era entender lo que en su sector estaba ocurriendo. ¡Allí nadie decide nada. Todas las decisiones están concentradas arriba, y el resto lo que hacen es guaralear la información!. Pareciera que lo único sensato es alistarse en la corte itinerante del Presidente, oír todos sus discursos y tratar de entender qué es lo que espera de nosotros.

Una conocida común, presente en la conversación dijo compungida: “Y eso que no tienes que lidiar con las resoluciones tributarias y fiscales”. Lo peor que me ha podido pasar es que me hayan encargado de eso en la empresa. ¡Tengo que acumular cerros de información, antes de tener una versión definitiva!. Y si de lo que se trata es de algo relacionado con la nueva plataforma, mucho peor, porque nadie termina de aclarar cómo funciona. Otro de los presente sonrió. ¿Ustedes se quejan? ¡Y eso que no son banqueros!. No sólo porque no terminan de meternos todas las gavetas que se les van ocurriendo, sino que todavía están por definirse las leyes de bancos, y las de tarjetas de crédito, débitos y similares. ¿Ustedes se preocupan? ¡Nosotros ya ni siquiera nos ocupamos de preocuparnos!.

Todos estos casos denotan una configuración peculiar del entorno de nuestras empresas, caracterizada por la incertidumbre abierta que se está generando desde el sistema político e institucional que se está reconfigurando todos los días, a unas tasas de velocidad que a veces impiden el procesamiento competitivo de nuestras empresas.

El problema de esta situación tan típica del proceso revolucionario que estamos viviendo es que se está dando en un ámbito de excesiva debilidad de las instituciones y normas que rigen al país. Y en ese sentido el monto de irresolución afecta tanto las posibilidades del gobierno como la de las empresas privadas y sus proveedores. Lo razonable sería que todas estas decisiones se pudieran tramitar con mayor transparencia y con un mayor espíritu de concertación democrática. Ambos factores seguramente producirían leyes, normas y resoluciones más coherentes y estables, y por lo tanto un marco jurídico más útil.

Empero, la incertidumbre política es un dato que hay que gerenciar con cautela e inteligencia. Ello supone aplicar las siguientes recomendaciones:

La primera es mantener hacia el interior de la empresa el mayor orden posible. La única forma de luchar contra la incertidumbre externa es precisamente construyendo certezas internas. Normas y procedimientos claros, cuentas debidamente llevadas, compromisos fiscales y tributarios al día, y eliminación rápida y ordenada de cualquier foco de desorden y perturbación, venga del área laboral, o esté asociada directamente con el bien o servicio producido.

La segunda medida es inscribir a la empresa en organizaciones gremiales sectoriales y regionales como medida para recibir información de calidad y establecer nexos productivos. La adscripción a estructuras asociativas le quitan fuerza a la arbitrariedad típica de las burocracias, y mejora las condiciones de negociación de los grupos privados frente al gobierno.

La tercera medida inevitable es aplicar programas de responsabilidad social y mantener una buena reputación en las comunidades desde donde operan. Uno de los prejuicios más comunes del gobierno en relación con las empresas es precisamente que éstas no tienen sensibilidad social y solamente se ocupan de sus propios negocios. Aunque todos sabemos que esta afirmación carece de sentido, lo que sí resulta realmente importante es la valoración social que tenga la empresa, que hace un poco más difícil cualquier ofensiva en su contra.

La cuarta medida necesaria es la transparencia en todas y cada una de las negociaciones que se emprendan. Hay que tener siempre presente los principios generales por los que se guían los negocios: Integridad, transparencia, apego a la ley, repudio a la corrupción en todas sus formas,  productividad, competitividad y respeto por los derechos humanos.

La quinta medida supone obligar a los gerentes a valorar objetivamente al interlocutor gubernamental. Ello supone eliminar prejuicios, temores y animadversiones. Ello implica establecer canales de comunicación al nivel más alto posible, la validación de las decisiones, y por consiguiente el contacto ambiguo con el funcionario. También  obliga a evitar la adulancia indebida y la tentación de incurrir en actos de soborno o de corrupción.

La sexta recomendación es adoptar la flexibilidad y la negociación serial como forma de aproximarse a acuerdos más sólidos. Parte del problema es dejar la suerte de toda la empresa en manos de rigideces legales o financieras, que no pueden obtener una perspectiva del conjunto de aspectos y circunstancias que están en juego. A veces lo que esas posiciones califican de retrocesos o derrotas inaceptables, son añoradas a la larga como lo único posible, dadas las circunstancias.

Finalmente hay que entender que si la empresa es buena, siempre va a poder superar una mala racha. Los gobiernos tarde o temprano se dan cuenta que necesitan buenos socios y no fachadas, que les ayuden a construir casas, vender vehículos, extraer petróleo e intermediar recursos financieros, entre muchas otras actividades. Por ello lo mejor es no tomarlo de manera personal, estar pendiente y comportarse como las vírgenes prudentes del Evangelio, que aguardaban en vela el regreso de su Señor. Ellas se quedaron y disfrutaron del banquete. Las otras fueron echadas a la oscuridad y al frío, donde sólo hay llanto y crujir de dientes.

Victor Maldonado
vmaldonado@tmotion.net
Politólogo Master en Desarrollo Organizacional

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