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XVII ANIVERSARIO
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Hasta el más primitivo populista estará de acuerdo en que ser rico es bueno. Muy pocos apoyarán que ser pobre es mejor que ser rico. Por eso, en cualquier encuesta que se haga, la gente expresará su deseo de superarse, de evolucionar, de llegar a mejores condiciones de vida. Lo demás es sofisma barato, populismo de la peor especie, distorsión de la historia de la humanidad. Una cosa es tener sensibilidad social, exigir condiciones igualitarias para todos, competir con reglas de juego comunes, y otra cosa es reivindicar teorías "justicieras" que impongan el odio clasista y abran una puerta de interminable duda sobre el concepto de propiedad de los medios de producción.
Un país que parece ser modelo para este Gobierno es Cuba. Esa isla querida, caribeña y española, cuyos hijos se encuentran obligatoriamente regados y deambulando por todo el mundo, en la mayoría de los casos, dando muestras de su ingenio en todos los campos del quehacer humano, cosa que no pudieron --ni pueden-- hacer en su patria. Y la emigración no para desde esa “isla de la felicidad”. Antes de cerrar la presente edición, nos enteramos que la mayoría de los componentes de la Orquesta Nacional de Cuba había desertado en un viaje a Canadá y solicitaba asilo a ese país anglo-francés. Parece que algunos gobernantes no se han dado cuenta que el 9 de noviembre de 1989 se derrumbó el muro de Berlín (no confundir con el muro de Cruz-Diez, en La Guaira). Y es que el muro antedicho no se cayó por un huracán tropical, sino por la absoluta imposibilidad de mantener un sistema anacrónico, dictatorial, que atentaba en contra del individuo y su creatividad y libertad de expresión y movimiento. La experiencia fallida de control monopólico por parte del Estado del desarrollo nacional, de la dirección controlada del destino de todos y de cada uno de sus hijos, de la planificación centralizada de la producción y del desarrollo, fueron los motivos principales de la caída del eje soviético. Europa, que se extravió en experimentos fascistas, nazis y comunistas, hoy día es un modelo de democracia. Los gobernantes europeos entendieron, luego de varias guerras mundiales y de ensayar experimentos de conducción política centralizada, que el mejor sistema es la democracia y la economía de mercado, con un papel promotor del Estado, que sirve de árbitro imparcial para asegurar el equilibrio de la sociedad. Felipe González, ex presidente de España, durante su reciente estadía en Venezuela dejó muy claro que el socialismo ibérico y europeo se refiere más hacia la social democracia que al concepto marxista. ¿A qué viene todo este discurso en una edición aniversaria de DINERO? Sencillamente al hecho de que no habrá progreso, desarrollo, ni mejor calidad de vida para los venezolanos si no abrazamos la democracia como un sistema político perfectible y capaz de brindar mayor felicidad y bienestar a sus ciudadanos, cumpliendo con las reglas del sentido común y con una alta sensibilidad social, que brinde todas las oportunidades de desarrollo a sus ciudadanos. Y a la vez, desechar los espejismos, los caciques "necesarios", el tormento como paso obligatorio para una mejor vida. DINERO hace, en esta edición, una radiografía de “esta tierra de gracia”, luego de casi 7 años de gobierno “revolucionario”. Menos de 7 años le bastaron al también coronel Marcos Pérez Jiménez para dejar un cúmulo importante de obras públicas en Venezuela, a través de una política desarrollista en lo económico, pero dolorosamente dictatorial en lo político. ¿Será posible desarrollar este país, con todos los recursos que tiene, en paz, armonía y democracia? Esperemos que este recuento, esta radiografía de Venezuela, permita a nuestros lectores tener una visión integral de lo que estamos viviendo.
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