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Miami es la segunda casa
En general, el precio promedio de la vivienda que compran los extranjeros es de $ 300 mil y en el caso de los venezolanos inclinados a condominios y apartamentos, en lugar de unifamiliares es de unos $ 342 mil Alejandro Ramírez Morón
Según un estudio realizado por la National Association of Realtors --la asociación nacional estadounidense de intercambios de propiedades inmobiliarias--, las nacionalidades de los compradores extranjeros de inmuebles en la zona de Miami-Fort Lauderdale (EE UU) se reparten así: venezolanos 14%, colombianos 9%, británicos 7%, brasileños 6%, mexicanos 4% y franceses 3%. El informe, circunscrito al período comprendido entre mayo de 2004 y el mismo mes de 2005, concluye que el número de compradores venezolanos creció notablemente durante ese lapso y atribuye tal incremento a la situación político-económica de Venezuela, y también a la necesidad de hacer inversiones seguras. En general, el precio promedio de la vivienda que compran los extranjeros es de $ 300 mil, y en el caso de los venezolanos es de unos $ 342 mil. Los criollos prefieren condominios y apartamentos, que son un poco más costosos, en lugar de viviendas unifamiliares. Después de Miami-Fort Lauderdale (79%), el venezolano prefiere Orlando (9%) y West Palm Beach (8%). Los compradores extranjeros --revela el estudio citado-- dan el siguiente uso a las viviendas que adquieren: vacaciones (38%), inversión (37%) y trabajo (17%).
Demanda feroz. César Guevara, presidente de la compañía de bienes raíces Globe International Realty & Investments, es un venezolano con diez años en el negocio, que fundó hace seis su propia empresa. Según él, “la demanda de inmuebles en Fort Lauderdale por parte de venezolanos es feroz”. Para estar en la lista de posibles compradores --comenta-- hay que cancelar $ 2.500 y otros tantos al concretarse la cita, pese a que “si no compras, te devuelven el dinero”. Guevara refiere que el abono puede ascender hasta $ 50 mil y “si haces el negocio, es parte de tu depósito para reservar la propiedad”, explica. Los norteamericanos --que constituyen el mercado más abarcador-- suelen comprar para ir de vacaciones, para vivir o bien para recuperar la inversión en la bolsa de valores, aparte de los nacionales que huyen del fantasma del 11 de abril de 2002.
Más allá de la revolución. El corredor inmobiliario estima que el mercado potencial en Venezuela es muy grande, más allá de las restricciones que eventualmente pudieran suponer instrumentos legales como la Ley de Impuesto al Patrimonio o la de Ilícitos Cambiarios. Guzmán asegura que el número de venezolanos que no se verán afectados por dichas leyes, ya que disponen de suficientes recursos en dólares colocados en el extranjero, es suficiente para constituir una demanda sustanciosa. El venezolano compra en Florida --expone Guzmán-- para irse del país, simplemente y en primer lugar, o bien con la intención de invertir para asegurar su vejez, para alquilar, para revender o para reaccionar ante el estancamiento de algunos sectores de la economía. “Además de lo negativo de acá, está lo positivo de allá. Es decir, bajas cuotas y bajas tasas de interés”, concluye.
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