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Informe Especial

Perspectivas económicas 2005

¿Y el Gobierno qué?

Como en el resto de los países capitalistas, el Gobierno es un dato muy importante para explicar los resultados económicos. Normas claras, coherentes y estables; el mantenimiento de los equilibrios debidos entre los poderes públicos; la primacía de la ley sobre los intentos de arbitrariedad; el mantenimiento de los espacios públicos y el desarrollo de la infraestructura; los esfuerzos subsidiarios que eviten las inequidades, son parte de las razones para exigir un buen gobierno. El sector público puede ser un gran animador del mercado, o por el contrario una razón para la frustración. Eso es lo que se intenta medir y expresar en términos de confianza. ¿Cuáles son los resultados? ¿Qué se espera para el próximo año?

Un mal desempeño en el año 2004

Regular, malo y muy malo son las tres categorías que concentran el total de las respuestas de los empresarios interrogados al respecto. 50% de ellos cree que el trabajo del Gobierno en los últimos 12 meses fue malo, y el resto se divide entre partes iguales entre regular y muy malo. Una reacción tan negativa de los representantes del sector privado de Caracas puede tener varias interpretaciones. La primera y la más obvia: que el rol político del Gobierno no ha logrado identificarse con las aspiraciones, deseos y realizaciones de la empresa privada. Lo segundo, que esta calificación es el reflejo de la crispación política de los últimos doce meses. Lo tercero, que a pesar de la baja estima de la gestión del Gobierno, pareciera abrirse ahora un nuevo espacio de realizaciones.

Desconfianza fiscal

Los empresarios no avalan la forma como se está administrando el Fisco nacional, y tampoco espera que ese patrón de conducta cambie para el próximo año. El excesivo endeudamiento y el afán del alto gobierno por exprimir cuanto recurso esté “disponible”, sean ellos los destinados a las inversiones de Pdvsa, estén relacionados con las supuestas “utilidades cambiarias” o tengan que ver con la reestimación de los depósitos de oro monetario, terminan por afectar la confianza del sector privado en la probidad administrativa del actual Gobierno. Todos temen la vuelta a procesos inflacionarios más altos y al descalabro de las finanzas públicas, sobre todo si los precios del petróleo comienzan a declinar hasta llegar a cotas más razonables. Por eso 92% de las respuestas se ubican entre quienes califican el desempeño fiscal como “un poco ineficiente” (42%) y como “muy ineficiente” (50%).

Ni los unos ni los otros

¿En quiénes piensa el Gobierno cuando gobierna? De acuerdo con los resultados recogidos entre los dueños y altos gerentes de las empresas caraqueñas, pareciera ser que en nadie en particular. Se les preguntaba precisamente si la gestión gubernamental del próximo año iba a tener destinatarios: o muy restringida a algunos pocos sectores o, por el contrario, pensando en la gente. 42% de los consultados opina que la agenda del Gobierno no tiene un destinatario claro, y probablemente por eso resulte ser tan confusa. 25% supone que el Gobierno está más inclinado a gobernar para la gente y 33% afirma que por el contrario está más inclinado a representar los intereses de unos pocos sectores.

Algo mejor en el año 2005

Cuando se les inquiere sobre el futuro, la opinión desfavorable se atenúa levemente. 8% de los entrevistados espera que el desempeño del Gobierno sea bueno, aunque se mantiene una tendencia muy desoladora. Estas respuestas podrían justificarse si se pone en evidencia que la agenda del Gobierno todavía se encuentra muy escasa de buenas políticas económicas y demasiado abultada de mecanismos de control. Y a pesar de que en los predios empresariales la consigna es “Misión Agarre”, también saben que el problema de lo que se ha planteado hasta la fecha es su escasa sostenibilidad.

¿Mayor inflación?

El 25% de los que respondieron a la encuesta cree que sí, mientras que 59% afirma que los precios se van a comportar de manera similar a lo ocurrido en 2004. Sólo 18% espera una disminución. La conclusión debería ser que el grueso de los empresarios tiene confianza en que el Gobierno va a conservar cierta capacidad de dominio de los precios mediante esquemas de control del mercado de bienes y servicios, el anclaje del tipo de cambio y la administración de las divisas.

Y las tasas de interés también

La misma conducta se espera de las tasas de interés. 67% de los interpelados cree que las tasas se mantengan en los niveles actuales, que son bastantes razonables, visto el desempeño histórico de los últimos años. Esta posibilidad es una de las condiciones esenciales para que se haga realidad la expansión de la actividad empresarial, el incremento de las ventas y la tímida incorporación de nuevos trabajadores al mercado formal. Resulta apreciable el hecho de que los empresarios tengan la convicción de que el comportamiento de los precios no esté necesariamente vinculado con la sana administración fiscal. Allí se aprecia un toque de candidez, o dicho de otra forma, una porción de confianza implícita otorgada al Gobierno.

¿Dónde se colocará el ancla?

Un poquito más allá sería la respuesta más adecuada. 83% de las respuestas se concentró en una expectativa que ubica el tipo de cambio entre 2.000 y 2.500 bolívares por dólar. Por supuesto, nadie está pensando en la posibilidad de una revaluación ni en una poda controlada de ceros, como se corrió recientemente. Tampoco reconocen la posibilidad de un deslizamiento más intenso. En suma, en cuanto al control razonable de los precios, el Gobierno termina aprobando, aunque con alguna dificultad.

¿Y la honestidad?.

También en eso coinciden los empresarios con el presidente Chávez. 73% de los interrogados afirman que la mayoría de las personas que forman el gobierno nacional son corruptas y 27% moderan un poco esa afirmación y dicen que sólo unos pocos son corruptos. Pero nadie se siente alentado a afirmar que todas, o por lo menos la mayoría, son honestos. ¿Algo nuevo bajo el sol? Poco o nada. El proyecto revolucionario se montó sobre la base de una crítica exacerbada a las “cúpulas corruptas” (¿recuerdan?) y, apenas cinco años después, desde la más alta instancia del Gobierno acusa el golpe de la ineficiencia y la descomposición de la cadena de mando.

¡Algunos son incompetentes!.

Otro tema para el consenso. Hay una apreciación marcada de incompetencia. 50% concluye en que algunos miembros del gobierno nacional son incompetentes y 17% va más allá al afirmar que todos son muy incompetentes. El escenario se balancea con el restante 33%, que considera que en general son competentes. Más allá de las respuestas, el reto del Gobierno en los próximos dos años es demostrar que pueden hacer más y que tienen la capacidad para construir un legado concreto. Por ahora todo se ha escurrido en promesas incumplidas. La gestión ha sido magra en realizaciones y las principales ciudades se aprecian devastadas por el descuido. Hasta el propio Presidente ha mostrado su disgusto con tanto bla bla de sus colaboradores. Pero hay que hacer mención de algunos ejemplos muy positivos. Seniat y Cadivi son dos de los más resaltantes, porque no sólo dicen o anuncian sino que realizan eficientemente la tarea que les ha sido encomendada. Baste recordar que en cuanto a la competencia, obras son amores y no buenas razones.

¿Qué te parece a ti?.

El 92% de las respuestas coincide en que este Gobierno no sabe cómo resolver los problemas del país. En parte porque depende demasiado de la renta petrolera (46%), también porque una buena gestión está relacionada con la calidad del diálogo social que pueda plantearse con los sectores privados (18%) y porque una buena gestión del Gobierno depende de que pueda jerarquizar los problemas y actuar en consecuencia. La empresa venezolana echa de menos un programa de gobierno que sea además compartido con la sociedad democrática, por lo menos una agenda que evite el descalabro masivo de la acción pública si la renta petrolera se viene abajo. Sin embargo, ni lo uno, ni lo otro, lo que nuevamente demuestra cuántos problemas tienen los venezolanos con la implantación de soluciones efectivas que puedan generar “efectos dominó” benignos. Uno de ellos sería, por ejemplo, un estímulo adecuado a la iniciativa privada, el apostar a la generación de nuevos empleos y, con ello, atenuar la pobreza y la informalidad. ¿Se ve algo así en el horizonte?

¿Y lo internacional qué?.

El ámbito internacional (acuerdos, influencias, globalización) tiene poco impacto en el desempeño político y económico del país. 50% dice que el entorno externo tiene algún impacto, mientras que 42% lo califica como de poco impacto. Eso confirma la tradicional actitud “hacia adentro” de la empresa nacional y las frustraciones políticas recientes. Por otra parte demuestra la escisión entre la economía petrolera y la que no depende de ella. Mientras una está fácticamente relacionada con una serie de variables que está fuera del control de los nacionales, la otra depende del regateo interno y la adscripción o no a los planes que intenta desarrollar el gobierno nacional.

Algo turbulentas, algo plácidas.

¿Cómo serán las relaciones entre Venezuela y sus principales socios comerciales (países vecinos como Colombia, y grandes compradores como Estados Unidos)? 67% de las respuestas indica que algo tumultuosas, mientras que 33% apuesta por un mayor sosiego. ¿De qué depende? Del tono de nuestros voceros dominicales y de la amplificación que de esas imposturas pueda hacer la línea del Gobierno.

Algunas conclusiones.

Como todas las expectativas, éstas también pueden ser acusadas de incoherentes. De hecho, los resultados muestran el frágil equilibrio que puede derivarse de un optimismo muy prudente en cuanto al desempeño futuro de la economía nacional y bajos niveles de confianza en los resultados de la gestión del gobierno nacional. Pero la ecuación podría resolverse favorablemente si el Gobierno logra sortear los obstáculos que todavía están presentes en la escena y que dificultan la gobernabilidad del país. De todos ellos, quizá los más peligrosos sean los que el mismo equipo de gobierno se impone: la corrupción, la ineficiencia, la arrogancia, la persecución y las dificultades para encarar un diálogo social productivo podrían formar parte del inventario. Del lado de los empresarios, la excesiva contaminación política reciente les dificulta suavizar sus pretensiones en relación con el estilo del gobierno.

En tanto, los problemas siguen allí, casi vírgenes, esperando por alguien que se ocupe de ellos.

Víctor Maldonado
e-mail: vmaldonado@tmotion.net

 

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