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PYME y financiamiento: necesidad de un diálogo urgente En todos los estudios que hemos realizado en la última década, el financiamiento en Latinoamérica y Venezuela aparece como uno de los obstáculos que afronta la micro, la pequeña y la mediana empresa en el mundo. Las razones que convierten al financiamiento en un problema para las empresas de menor dimensión son múltiples y no pueden imputarse o explicarse a partir de una sola causa. Sin embargo, hay quienes han pretendido por lo general quienes así piensan merodean los entes públicos de financiamiento convertirlo en EL PROBLEMA y EN LA SOLUCIÓN A LOS PROBLEMAS DE LA PYME. De los resultados de las investigaciones realizadas hemos obtenido algunos resultados que permiten superar esa explicación simple y desde ya muy poco desinteresada, y producir una reflexión alrededor de las razones que explican el hecho de que el financiamiento aparece como un obstáculo importante. Definición de pequeña y mediana empresa. Es conveniente iniciar la discusión con la definición de pequeña y mediana empresa. La misma se elabora en función del contexto socioeconómico en el que operan, de la presión que ejercen los gremios empresariales y de los arreglos estado-sociedad que se alcanzan. De allí deriva la diferencia en la selección de los parámetros que se utilizan en la formulación. De manera general y relativamente universal, los criterios de número de trabajadores, activos de la empresa y facturación anual constituyen los pilares básicos a partir de los cuales se establece la definición. La facilidad de obtener información con respecto al número de trabajadores convierte a éste en un criterio práctico de gran utilidad para la definición de la PYME. No ocurre lo mismo con la información acerca de la facturación y ventas anuales y los activos de las empresas, y por ello se utiliza en aquellos países y regiones dotados de una institucionalidad capaz de administrar un amplio y sistemático volumen de información. La debilidad de nuestras instituciones se refleja en el hecho de que carecemos de información confiable, lo que hace que resulte sumamente difícil incorporar criterios que en otras latitudes resultan moneda común. Por tal razón y, desde ya, aceptando las debilidades e insuficiencias del criterio, el número de trabajadores y el volumen de facturación anual son de gran utilidad para elaborar la definición de la PYME en Venezuela. Mientras en el mundo la discusión, el análisis y las políticas públicas se dirigen a ese amplio universo conformado por la PYME, en Venezuela persiste una apolillada discusión, convertida en ley, que sólo contempla a la industria y omite a ese amplio universo de empresas de comercio y servicios en el que se emplaza más de 92% a 94% del total de los establecimientos del país. En consecuencia, el marco legal ha sido confeccionado para atender a un reducido número de empresas y excluye a importantes sectores de la actividad económica. Otro sector para el cual se ha elaborado un marco legal está conformado por ese vasto universo de empresas de menos de 10 trabajadores y con una facturación anual inferior a los 250 millones de bolívares, al que se denomina como microempresas, contenidas en la Ley de Microcrédito. Este marco incorpora a todas aquellas empresas industriales, comerciales y de servicios que reúnan los requisitos señalados. Las exigencias que la ley hace de destinar un porcentaje de la cartera (hoy 3%) al financiamiento de este sector ha estimulado por parte de la banca una actitud proactiva para con este segmento de mercado. El sector financiero frente a la PYME, y ésta frente al sector financiero. ¿Cómo aborda el sector financiero a la pequeña y mediana empresa? Conviene hacer varias precisiones antes de pasar a responder la interrogante con la que iniciamos el párrafo. Una primera está relacionada con la distinción entre sector financiero público y privado. Una segunda precisión es la referida a las diferencias, para nada insignificantes, con la que las instituciones financieras privadas definen a las PYME y una tercera está relacionada con la manera en que los bancos desarrollan estrategias para este segmento de mercado. El sector financiero público, conformado por un amplio y creciente número de organismos: bancos, instituciones de microcrédito, sociedades de garantías, banca de exportación, sociedad de capital de riesgo, banca de segundo piso, etcétera, ha evidenciado, de manera ostensible, todas sus carencias y en particular la incapacidad para cumplir con la misión que les dio origen. Para muestra, unos cuantos botones: el caso de Bandagro en dos ocasiones, el de Corpoindustria y, más recientemente, el Banco del Pueblo, constituyen buenos ejemplos de lo que aquí afirmamos. Por encima de lo dicho, interesa resaltar que entre los mecanismos de financiamiento que utilizan nuestras empresas, desde el mismo momento en el que se crean y para apalancar sus operaciones, el financiamiento que ofrecen las instituciones públicas ocupa los últimos lugares de preferencia. Podríamos afirmar que el empresario tiene aversión a este financiamiento. Las razones que esgrimen los empresarios se refieren fundamentalmente al engorroso papeleo y la lentitud en el procesamiento y otorgamiento de los créditos. Las modalidades de financiamiento más usadas por el empresario de la PYME incluyen el financiamiento familiar, a través de terceros y, en menor medida, el financiamiento que proviene de la banca privada. Como ya señalamos, el sector financiero privado conceptualiza y desarrolla políticas para la PYME de modo diferenciado. Un elemento común en la definición es el referido al volumen de facturación de las empresas. Las diferencias las encontramos en el monto a partir del cual se establece la distinción entre este segmento y el de la empresa de mayores dimensiones. Algunos bancos colocan el límite en 4 mil millones de bolívares, otros lo establecen 3 mil millones, otros por encima de las cifras anteriores. Otras diferencias las hallamos en el conocimiento; el nivel de análisis e información; estrategias para abordarlo y ofrecer los servicios; la calidad de los productos y servicios que ofrecen, y un extenso etcétera. ¿Cuál es la relación entre la PYME y el sector financiero? La relación entre la banca y el sector conformado por las pequeñas y medianas empresas ha estado signada por el desencuentro, la incomprensión, y plagada de mitos, creencias y una gran desconfianza. La banca, tradicionalmente, ha privilegiado a la empresa grande. Los recursos que las instituciones financieras invierten en la evaluación de cualquier préstamo, en gran medida, no dependen del tamaño de la empresa, la diferencia radica en el monto del préstamo solicitado, en la posibilidad de garantizar la solicitud y en la capacidad para llenar los requisitos. Lo anterior permite explicar la actitud pasiva de una parte importante del sector financiero frente a un segmento de mercado de enorme importancia económica y social que, sin embargo, muestra debilidades para respaldar y garantizar el crédito que solicita, para invertir en la formulación del proyecto e incluso para reunir los requisitos que la banca exige. Todo lo anterior contribuye a reforzar la desconfianza y a profundizar distancias, con lo que se crea un círculo pernicioso para el desarrollo. No obstante, varias instituciones financieras del país han decidido revertir esa situación y con ello propician nuevas oportunidades de desarrollo de un mercado cuya amplitud está fuera de toda duda. Con ese fin han creado unidades de gestión para acercarse, comprender y conocer las características, así como problemas y necesidades de la PYME. Esta comprensión les ha permitido elaborar políticas y diseñar productos y servicios adecuados a esas necesidades particulares. Hoy día el esfuerzo es compartido por un creciente número de instituciones financieras, lo que indica que se está superando la desconfianza en la medida en que el diálogo aumenta. Algunos bancos han constatado la importancia de este sector más como producto del “azar”, que se inició con el cumplimiento de la Ley de Microcrédito, que como una decisión consciente en relación con la significación de la PYME. En otras, desafortunadamente, persiste una visión y una actitud temerariamente pasiva frente a este mercado. Las características del mercado que conforman las PYME: estructura familiar; de dimensiones reducidas; con debilidades de gestión; alta volatilidad; baja capacidad tecnológica; necesidad de atención personalizada; escaso conocimiento y uso de los instrumentos de financiamiento; relación premoderna, pues se establece la relación con la banca a partir de las relaciones con la persona responsable, etcétera, conducen a la banca a desplegar un trabajo que poco se asemeja al tradicional. Por ejemplo, a realizar esfuerzos en distintos frentes como los de mejorar la capacidad de gestión, mejorar la productividad de las empresas y la calidad de información. Ello obliga a la banca a crear redes de trabajo con instituciones, empresas y organizaciones no gubernamentales sin cuyo concurso se hace difícil acceder a un mercado tan disperso. La experiencia acumulada por las instituciones financieras que lideran la relación con la PYME, así como las experiencias que se adelantan en el sector de la microempresa, permite confeccionar una agenda de trabajo y desarrollar una intensa labor de intercambio y de aprendizaje institucional de enorme importancia para el sector financiero, las empresas y en definitiva para el desarrollo del país. Además:
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