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Caracas sí importa La última jugada de los empresarios de Caracas ha sido la fusión de las Cámaras de Comercio y de Industrias con el fin de constituir un nuevo frente de acción que tenga como prioridad trabajar porque los problemas de la ciudad no acaben con las posibilidades de nueva inversión privada, la creación de nuevos empleos y el mantenimiento de espacios públicos dignos y gratos La tarea le fue encomendada a Alejo Planchart, empresario con una dilatada experiencia profesional y técnica. Es ingeniero industrial, egresado de la primera promoción que se graduó en la UCAB en 1964. Máster y PHD en Investigación de Operaciones en Northwestern University, en Chicago. Entre los cargos desempeñados ha sido profesor del IESA y ejecutivo de Empresas Polar desde el año 1976, de la cual actualmente es director. Con él hablamos. Caracas ha sido una ciudad muy convulsionada. Entre otras cosas porque al ser la sede de los poderes públicos nacionales, también es el asiento de las organizaciones empresariales de cúpula. Eso ha sido bueno y malo. Entre las cosas malas se debe contar con que esa relación "de grandes ligas" terminó asfixiando las posibilidades de una cámara regional, que se encontró de repente sin sentido, sin discurso propio y prácticamente sin objeto. Y sin embargo, ustedes anuncian sorpresivamente que van a retomar la idea. ¿Cómo llegaron a ella? Tal vez lo primero que valdría la pena decir es que la Cámara de Comercio de Caracas es tal vez la organización gremial más antigua de Venezuela y probablemente una de las primeras cámaras de América Latina. Se funda en 1894, y en los próximos dos años el ejemplo lo siguieron Maracaibo, Valencia, Puerto Cabello, Carúpano, Barquisimeto y Ciudad Bolívar. Es esta cámara precisamente la organización seminal de lo que hoy conocemos como el movimiento empresarial venezolano. Lo mismo se podría decir de la Cámara de Industriales de Caracas, que fue la primera en su tipo, cuando estas entidades sectoriales comenzaron a ser necesarias para organizar la respuesta privada al proceso de industrialización por sustitución de importaciones, y cuando se hizo patente la necesidad de expandir las posibilidades manufactureras del país. Esta realidad fragmentada hizo que por mucho tiempo se planteara en el país una polémica, que ahora resulta poco menos que irrelevante, entre cuáles sectores debían cargar con el peso del desarrollo de otros más incipientes. Dicho más claro, por qué los comercios y los servicios debían postergar sus expectativas en función de un nuevo parámetro de desarrollo basado en la industrialización. Ahora lo tenemos claro, en el sentido de que el crecimiento armónico del país necesita a todos y cada uno de los sectores, trabajando acompasadamente y generando riqueza, empleo y bienestar. Estos tres pilares sobre los cuales se asienta el futuro de cualquier país moderno, que también son las razones por las cuales en Occidente hemos optado definitivamente por las democracias liberales, tienen expresión y efectos concretos en las regiones geográficas y en las ciudades. Son las ciudades, como colectivos humanos, las llamadas a producir y disfrutar de la riqueza, del empleo y del bienestar. Y son ellas entonces las llamadas a competir entre sí para generar saldos concretos de prosperidad nacional. El habernos dado cuenta de ello, hizo que nos montáramos con mucho optimismo en la locomotora de la descentralización. Por eso hemos vuelto finalmente a entender y a valorar la importancia de lo local y esas son las razones que fundamentan que nuevamente el comercio y la industria de Caracas unan todas sus energías para atender y dar respuestas a los problemas de la Gran Caracas. Siempre se ha dicho que Caracas es una ciudad ingobernable. De hecho, la respuesta institucional ha sido fragmentarla en pequeñas porciones de gobierno, probablemente más efectivos. Desde el punto de vista de las empresas de Caracas, ¿cuáles son los problemas más acuciantes de la ciudad? Yo creo que el principal problema que se debe atender responde a la siguiente interrogante: ¿cómo garantizamos la convivencia de 3.165.463 habitantes agrupados en aproximadamente 786.962 familias?, ¿cómo respondemos con eficacia y con garantía de dignidad a la expectativa de 1.255.665 ciudadanos que quieren y deben trabajar para mantener a sus familias? Ese es el desafío de una ciudad moderna. Y frente a ese reto nosotros estamos en la primera línea de fuego, no para contribuir a la crispación, sino para aprovechar toda esa respetabilidad que da una larga historia, para construir confluencias. Caracas necesita resolver eficientemente el suministro de servicios públicos, la anarquía urbana en la que nos movemos, la tenencia de la tierra y el ejercicio de los derechos de propiedad y los posibles efectos de la contaminación ambiental y su secuela de enfermedades y muertes. Pero ahora también necesitamos construir nuevos espacios de tolerancia y entendimiento. No es posible que Caracas, que es de todos sus habitantes, esté ahora demarcada por bandos antagónicos que no se dan cuenta que el único resultado que provocan es más pobreza y menos oportunidades. Y desde el punto de vista de la empresa privada, necesitamos encauzar las iniciativas y el emprendimiento de los ciudadanos. Hay que darle valor agregado y dignificar el ingenio de nuestra población. Yo creo que en ese sentido el fenómeno de la informalidad y del buhonerismo hay que apreciarlo en su potencial y no repudiarlo por los problemas que actualmente está ocasionando. Porque lo que ahora vemos es abandono y poco aprecio ciudadano por los espacios públicos. Y el abandono genera desorden y la anarquía no conviene a nadie. ¿Cómo se puede promover una ciudad más humana cuando las evidencias indican que el proceso que estamos sufriendo va en sentido contrario? Yo creo que no somos los únicos a los que nos duele nuestra ciudad y que estamos interesados en su restauración. También deben sentirlo así nuestros gobernantes municipales y distritales. Y no me cabe ninguna duda que lo mismo sienten los titulares de los poderes públicos. Caracas no es un campo de batalla ni el espacio para el saqueo. Eso requiere que, entre otros, nosotros hagamos un esfuerzo muy grande para concertar y lograr espacios de coincidencia sobre lo que todos apreciamos por igual. A todos nos interesa una ciudad limpia. A todos nos interesa que las empresas paguen sus tributos. Todos estamos claros del importante rol de la autoridad pública en materias como él ornato, la seguridad y el orden público. Y todos sabemos que debemos mantener económicamente activas a casi un millón de familias. ¿Esa no es una razón suficiente para que intentemos acuerdos? Por otra parte, Caracas tiene excusas para ser un polo de atracción y un foco seductor para las inversiones. La amabilidad de su gente, su talante trabajador; la infraestructura que ya tenemos en entretenimiento y gastronomía; los espacios verdes y la majestuosidad del Ávila, y puertos y aeropuertos cercanos, son solo parte del inventario, que nos hacen ser muy optimistas. ¿Con cuántos empresarios cuentan para llevar adelante este proyecto? Caracas tiene cerca de mil industrias manufactureras y más de ochenta mil empresas. Nosotros aspiramos a expandir rápidamente nuestra afiliación y ser la voz empresarial más fuerte y sólida de la ciudad. El reto es corresponder con una visión audaz acerca de la ciudad que podemos tener y con la prestación de servicios concretos a nuestros empresarios. Estoy seguro que Caracas da para eso y mucho más.
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