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La crisis afecta controles y cumplimiento medioambiental Gerardo Chacón Fernández Tal vez la generosa natura venezolana puede hacer pensar a algunos industriales y a las autoridades encargadas de aplicar las leyes que todavía hay un margen para la laxitud ambiental, pero la fragilidad del contexto local y mundial son una señal de que no hay lugar para equivocaciones como la contaminación Resultaría coherente pensar que Venezuela, un país rodeado de exuberante naturaleza, podría ser un modelo en materia de cuidado ambiental, donde sus ciudadanos concientes de los errores que se han cometido en los países desarrollados, quieran evitar el costo de una catástrofe verde y asegurar un mejor futuro para sus hijos. Nada más alejado de la realidad. El hecho de estar en un país cuyos acontecimientos están centrados en el suceso político y nada más, deja atrás las prioridades como la erradicación de la pobreza, la modificación de pautas insostenibles de producción y consumo, y la protección y ordenación de la base de recursos naturales para el desarrollo social y económico, requisitos fundamentales del llamado desarrollo sostenible. Algunos expertos han opinado que será necesaria una gran tragedia producida por el cambio climático para que el problema sea tomado en su justa dimensión. "En materia ambiental las medidas se deben aplicar aquí a y ahora, porque posiblemente mañana no habrá opciones. O se cuida la naturaleza, o no habrá herencia que dejar a la humanidad", dice Alfredo Paolillo, consultor ambiental de la Corporación Andina de Fomento. La crisis y el recorte de los presupuestos dirigidos sólo a las prioridades más "importantes", pueden hacer pensar a algunos que la inversión que se haga en protección a la naturaleza es un hecho innecesario. Craso error, porque el futuro depende de las acciones a favor de la conservación, de la cual depende la calidad de vida de las generaciones de relevo, apunta el experto. Se hace lo que se puede.Algunos empresarios afiliados a Conindustria dicen que el espíritu de las empresas es cumplir en materia ambiental y a veces, por presiones externas, se ponen al día en esta materia, pero muchas veces es a discreción de los empresarios que se llevan a cabo prácticas industriales limpias. Sin embargo, reconocen que, pese a todo, los controles aplicados a través de la Guardia Nacional, el Ministerio del Ambiente y la Fiscalía impulsan el sostenimiento de los requisitos elementales de control ambiental. Aseguran que en el caso venezolano hay una desventaja en la industria y es que la mayoría pertenece a la pequeña y mediana empresa, razón por la cual no cuenta con los mismos recursos para invertir en programas y tecnologías limpias de los que disponen las corporaciones locales o transnacionales. En consecuencia, las empresas pequeñas se han visto diminuidas en su capacidad de afrontar estos retos ambientales, ya que no cuentan con los recursos humanos y mucho menos con los equipos necesarios para cumplir la normativa. Sin embargo, se ven obligados a cumplir con las normativas básicas necesarias relacionadas con las emisiones, descarga de afluentes líquidos y desechos peligrosos, que son los requisitos mínimos exigidos por la Ley Penal del Ambiente, cuya violación implica sanciones administrativas, penales y monetarias. Se sabe de casos en los cuales el cumplimiento obligatorio de la legislación ambiental a veces no puede ser asumido por industrias en situación crítica. En tales casos, algunas empresas ingresan a un plan de acción, acordado con el Ministerio del Ambiente, a fin de reducir progresivamente la agresión que ejercen al entorno. En cualquier caso, si no se toman medidas de prevención, se puede incurrir en costos elevados que contemplan multas, cierres y castigos a los infractores. En cuanto a las exigencias del mercado mundial, en materia de normalización ambiental no se puede afirmar que es muy incipiente y las empresas se encuentran atrasadas en la aplicación de programas ISO 14001, aunque algunas que trabajan en sistemas de gestión ambiental no están certificadas.
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