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Sembrar en Petróleo
Juan Antonio En el mes de noviembre de 2003 hice referencia a la Ley de Orgánica de la Hacienda Pública Estadal. En dicho artículo se concluyó que con la aplicación efectiva de la referida ley se estará dando un gran paso hacia la descentralización y por ende, hacia una Venezuela con una economía nacional más vigorosa y moderna. En esta oportunidad presento algunas reflexiones que comparten varios ciudadanos y que también tienen que ver en cierto sentido con la descentralización; con ese modelo de país que sabemos que queremos pero que aún no nos hemos puesto de acuerdo en definir y realizar, quizás por no tener una visión clara de lo que habrán de ser sus bases. Desde pequeños nos enseñaron que éramos un país rico porque poseíamos petróleo. Aprendimos que era más importante defender el precio de nuestro oro negro, recurso este no renovable, que generar fuentes de trabajo; nos inculcaron que el negocio del petróleo era estratégico, que tenía que ver con la soberanía nacional y por lo tanto no podía estar en manos de extranjeros. En el año 1976, con la nacionalización de la industria petrolera nace Petróleos de Venezuela, hoy PDVSA, la cual se convierte en los años siguientes en una de las empresas más grandes y productivas a nivel mundial. Sin embargo, casualidad o causalidad, a partir de entonces se inicia en Venezuela una especie de involución en todos los niveles, el político, el social, el económico, el cultural e incluso el moral, reduciendo cada vez más las oportunidades de crecimiento de los individuos hasta que a principios de 1983 nos dimos cuenta de que no éramos ricos. Más de veinte años han pasado desde entonces y pareciera que nada ha cambiado. Aún se habla de soberanía, de recortes en la producción del crudo, mientras se sataniza y se condena cualquier opinión que asome la posibilidad de privatizar, o de dar cabida a la empresa privada, particularmente la extranjera, en la industria nacional del petróleo. En el año 1998 hubo un intento de abrir el mercado petrolero a través de asociaciones estratégicas. A pesar de ser un año electoral y particularmente incierto por muchas razones, empresas como Texaco, Mobil, Shell y British Petrolium se volcaron a invertir en Venezuela, de acuerdo con las modestas oportunidades que afloraban, y ello, sin mayores garantías desde el punto de vista legal. Sólo existían grandes expectativas. La pregunta que viene a la mente es: ¿Queremos ser un país propietario de una de las empresas petroleras más grandes del mundo, o queremos ser un país que atraiga grandes inversiones de muchas empresas petroleras de cualquier otro país? Seguidamente, surgen otras reflexiones vinculadas con esa pregunta, como por ejemplo, se sabe que PDVSA no tiene capacidad para realizar las inversiones necesarias para desarrollar la industria petrolera a sus mejores niveles. ¿Entonces? Con relación a la política de estado en referencia al petróleo, sería oportuno que se explicara a la opinión pública en detalle si es más conveniente recortar la producción para proteger los precios o aumentar la producción a costa de menores márgenes de comercialización, pero creando más trabajo. Personalmente creo que los paradigmas de finales de los años sesenta y principios de los setenta que rigen la política petrolera, fundamentados en frases o palabras tales como: "recurso natural no renovable", "soberanía", "estratégica" y "defensa de los precios", deberían ser revisados. La economía se ha globalizado, las alternativas de fuentes de energía son cada vez más reales y viables, las reservas probadas del mineral negro son infinitamente superiores a las que se conocían treinta años atrás. Estamos sentados sobre un cofre con suficiente riqueza para ser explotada durante varias generaciones, pero tenemos miedo de abrirlo para que no se gaste. ¡Qué desperdicio! Los venezolanos son una suerte de propietarios de un superhipermercado con sus inventarios rebosados, los cuales no aprovechan, o aprovechan torpemente, mientras que gran parte de esa población muere de hambre, literalmente hablando. Por su parte, los países que conforman actualmente la OPEP son Algeria, Indonesia, Irán, Irak, Kuwait, Libia, Nigeria, Qatar, Emiratos Arabes Unidos y Venezuela. Como se puede apreciar somos el único país de occidente que forma parte de esa organización. Viene entonces otra inquietud: ¿Cuáles son nuestros intereses comunes con esos países, amén de la exploración, producción y exportación de petróleo? ¿Por qué no se han integrado a esta organización otros países como Canadá, México o Brasil? ¿Cuál era nuestra participación en el mercado mundial de producción de petróleo hace treinta años y cuál es la participación hoy? Creo que los venezolanos deberíamos conversar mucho más sobre el tema, ya que somos un país eminentemente petrolero. Incluso aquellos que no dominamos la materia, debemos tratar de adentrarnos en lo que, gústenos o no, determinará nuestro futuro y el de nuestros hijos. Hasta ahora el asunto lo han manejado casi exclusivamente los políticos. Eso no puede continuar. Quizás no son muchos los que saben de petróleo, pero sí habemos muchos los que entendemos que tenemos un recurso que estamos desaprovechando por desidia, o por impericia, o por torpeza, y por qué no decirlo, por los intereses mezquinos de aquellos que han detentado el poder. El ilustre Arturo Uslar Pietri acuñó la frase "vamos a sembrar el petróleo". Yo me permitiría agregar, vamos a sembrar en petróleo. Vamos a abrir las puertas a la inversión petrolera transnacional en un saludable marco de competitividad. No hay qué perder. Todo debe ser ganancia. No se hará improvisadamente. Se hará en forma estudiada y participativa. ¿El objetivo? Que vengan de adentro y de afuera a invertir en esta fabulosa industria; que vengan a generar empleos directos e indirectos; que se creen nuevas pequeñas y medianas empresas a través de una sana política modelo COMPRE VENEZOLANO; mientras tanto, toda esta actividad generará impuestos, fuente principal de ingresos en cualquier economía de un país democrático. Aspiramos que sea el mercado el que determine el horizonte de la industria petrolera, sobre una base legal sólida y coherente, y que no sea el gobierno de turno el que fije cuotas de producción y políticas petroleras ad hoc, en la que no se toma en cuenta la voluntad de los contribuyentes, mientras una super empresa estatal mantiene el monopolio de una actividad tan codiciada a nivel mundial. El financiamiento del Estado provendrá de los impuestos que produzcan las actividades económicas que se desarrollen dentro de una real y sensata apertura petrolera, y de ello entonces hablaremos en esta sección con mayor propiedad. (*) Abogado tributarista |
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