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Un grupo de profesores e investigadores, liderados por el sociólogo Luis Pedro España, realizó un diagnóstico del país y presentó una propuesta integral y sistémica de políticas públicas que aborda alternatívas para superar la pobreza mediante el desarrollo sostenido de Venezuela. Este conjunto de lineamientos proponen la necesidad de suscribir un acuerdo social para la reconstrucción del país.

--Víctor Maldonado

Acuerdo social: Reconstruir el país

El sociólogo Luis Pedro España cree en la necesidad de alcanzar un acuerdo de largo aliento, focalizado en los problemas que “todos sabemos que hay que resolver”, para darle viabilidad al proyecto de convivencia política y social que debería tener Venezuela en el siglo XXI.

Los últimos dos años han estado signados por la convulsión política. Toda la sociedad venezolana ha estado involucrada en una lucha titánica para defender la práctica concreta de valores como la democracia, la libertad y el derecho al disfrute de la propiedad, que sienten amenazados por un discurso agresivo y la presencia creciente de grupos radicales que aseguran que la revolución bolivariana no tiene marcha atrás y, por lo tanto, no hay nada que discutir al respecto.

Según los estudioso de la materia, el fetiche del Gobierno son precisamente los pobres, contenidos en un concepto teóricamente gaseoso y políticamente muy peligroso, que ha sido históricamente utilizado por los regímenes populistas, autoritarios y totalitarios. Los sociólogos consideran que el uso del “pueblo”es un argumento mediante el cual se le escamotea el espacio a la sociedad civil y demás grupos organizados.

Las diversas expresiones de la sociedad civil organizada son las únicas entidades populares capaces de argumentar y presentar sus intereses, dentro de las reglas del juego que se propone en una sociedad pluralista y democrática. En este orden social, le corresponde al Estado administrar la convivencia a pesar de los intereses encontrados de las corporaciones, garantizar la equidad a pesar de que estas pretensiones son básicamente egoístas, y practicar la benevolencia y la justicia con aquellos grupos sociales que no tienen la capacidad de incorporar sus puntos de vista en la agenda social.

Pero el esfuerzo social y político concentrado hasta ahora en el desmantelamiento de la actual lógica gubernamental deja el inmenso espacio vacío con respecto a lo que hay que hacer para superar las inmensas brechas que existen entre el país que tenemos y el que deseamos. Esta evidencia condujo a que un grupo de profesores e investigadores, liderados por el sociólogo Luis Pedro España, realizara un diagnóstico de la situación del país y presentara una propuesta integral y sistémica de políticas públicas que aborda razonablemente el problema fundamental que tiene Venezuela en este momento, que no es otro que el buscar las vías para la superación de la pobreza mediante el desarrollo sostenido del país.

--¿Cuándo comenzaron ustedes a interesarse en el tema de la pobreza y el desarrollo?

--Con el énfasis que tenemos ahora, comenzamos alrededor de 1997, cuando la Universidad Católica Andrés Bello, con el patrocinio y apoyo de empresarios venezolanos organizados en la Asociación Civil para la Promoción de Estudios Sociales, decidió iniciar una línea de investigación de largo plazo concentrada en caracterizar causalmente la pobreza venezolana. Este esfuerzo académico, que se conoce como el Proyecto Pobreza, no solo se limitó a la realización de un diagnóstico detallado de su objeto de investigación, sino que ha convertido el tema en el eje central de una plataforma de políticas públicas que, administradas secuencialmente en los próximos veinte años, pueden transformar a este país en un espacio de bienestar y progreso para sus habitantes.

--Si el Proyecto Pobreza ha logrado una caracterización tan completa del problema, entonces es muy seguro que ustedes sean de las pocas fuentes confiables que puedan decirle al país en dónde estamos parados. ¿Cuál es nuestra situación actual?

--En la actualidad estamos viviendo en un país política, social y económicamente desmantelado, que sufre un proceso acelerado de desinstitucionalización. Pero no hay que caer en la tentación de buscar las causas de nuestras desgracias sociales en el tiempo presente y sin hacer el debido “corte transversal” para encontrar explicaciones más contundentes. Realmente hemos encontrado por lo menos tres factores que se han hecho presentes en este desgraciado proceso.

El primero de ellos tiene que ver con el reacomodo de la economía mundial para hacerse menos dependiente del petróleo, que encontró a Venezuela, un importante país exportador de crudo, sin una estrategia alternativa para mantener su inserción en la economía mundial.

El segundo factor interviniente, que se deriva directamente del primero, fue la caída sostenida del valor de intercambio de nuestro principal producto de exportación, con sucesivas crisis desde 1975.

El tercero tiene que ver con nuestra capacidad social de asimilación de todos estos procesos, que nos impidió realizar los cambios políticos y económicos a tiempo. Pero lo que no se pagó a tiempo, se pagó diez años después con altísimos intereses cuando la tensión social desencadenó en los hechos del 27 y 28 de febrero de 1989, y solo es en 1992 cuando se evidencia que la crisis viene acompañada de un colapso político colosal, que lamentablemente no fue reconocido responsablemente por nuestras élites políticas, económicas e intelectuales.

El saldo actual es que después de 24 años de deterioro constante, el Estado Venezolano ha dejado de garantizar los derechos sociales y la igualdad de oportunidades. La mayoría de la población venezolana ha visto cómo se reducen sus condiciones materiales de vida y, por primera vez, no puede ver en el horizonte cercano ninguna evidencia de que la situación va a cambiar.

El desempleo que en la actualidad está gravitando alrededor del 20% y la inseguridad ciudadana muestra que el Estado venezolano “está contra las sogas, esperando el conteo de protección”, incapaz de lanzar una iniciativa sensata y perdido en un galimatías ideológico que le quita todas sus energías y le resta credibilidad, que como todos sabemos, suele ser el principal activo de un gobierno.

--Usted habla de una situación social caracterizada por la reducción de las condiciones materiales de los venezolanos que se expresa en desempleo e inseguridad. ¿Qué habría que hacer para comenzar a superar este problema?

--Yo creo que el país debe concentrarse en combatir la pobreza mediante la implantación de un conjunto de políticas que se apliquen con estabilidad y que tengan el atributo de la coherencia. Se requiere un equipo de gobierno que sea consistente y que trabaje muy acopladamente en esta dirección, porque superar la pobreza exige una política económica sensible, un conjunto de reformas institucionales que saquen rápidamente a la Administración de su postración y un clima de paz que permita las condiciones de gobernabilidad suficientes como para lograr muy rápidamente un saldo efectivo de reducción de la pobreza.

Tenemos que montar muy rápidamente una política social que sea capaz de dotar a sus beneficiarios con los atributos productivos suficientes como para que se integre al esfuerzo competitivo nacional mediante la ejecución de un empleo. Para que esto sea posible, la educación, la salud y la seguridad social deben permitir la acumulación de capital humano, social y físico a familias y a colectividades que hasta ahora están sometidas al rigor de la pobreza y la desesperanza.

--Parece que hay una relación muy estrecha entre pobreza y desempleo. ¿Cuáles son las características de éste vínculo nefasto?

---La pobreza venezolana es la consecuencia de la bajísima productividad de nuestro mercado laboral. Somos pobres porque tenemos una estructura laboral en la que solo 3 de cada 10 trabajadores tienen un empleo en el sector formal de la economía; de los otros 7, 2 están desempleados y 5 están en el sector informal. Lamentablemente estar ubicados en el sector informal de la economía venezolana significa percibir una remuneración de subsistencia, y estar desempleados significa el no contar con ningún soporte para afrontar una situación de extrema precariedad. Por eso, entre otras cosas, nuestra pobreza se ha vuelto tan atroz, ya que los que caen en esa situación no cuentan con ningún recurso institucional que les rescate de la caída libre hacia el abismo de la miseria.

Por eso es que el reto que tenemos por delante es dotar a cerca de 7 millones de venezolanos de las condiciones de empleabilidad suficientes para tener acceso a un empleo productivo, amén de generar los 300 mil empleos anuales que son requeridos para incorporar a los que buscan empleo por primera vez.

--Todo eso está muy bien, pero visto así, parece una tarea titánica. Si usted tuviera la oportunidad de “aterrizar” esta propuesta, ¿cómo lo haría?

--Para “aterrizar” esto, se requiere que actuemos sincrónicamente del lado de la oferta y de la demanda del mercado de trabajo. Desde el punto de vista de la demanda, se trata de crear las condiciones para volver a tener una oferta ampliada de empleo, sobre todo recuperando los niveles de inversión pública y privada. Que esto sea posible, depende en gran medida de la estabilidad política que alcancemos mediante la recomposición de la gobernabilidad perdida y de un conjunto de reformas políticas e institucionales que hagan atractivo al país. Por eso es que yo creo que la generación de empleos productivos debe ser el objetivo fundamental de la política económica.

Pero además de crear oportunidades de empleo, necesitamos que nuestra población económicamente activa pueda ejercerlos competitivamente. Esta condición competitiva, que se expresa en función de las capacidades, destrezas, conocimientos e información, se obtienen por medio de la educación y de la permanencia en la escuela de 12 a 16 años. Al respecto, tenemos un problema concreto que debemos atacar inmediatamente: en la actualidad el promedio venezolano de permanencia en la escuela es escasamente 7 años.

Pero la situación se torna más compleja porque aun así debemos atender a 52% de las familias pobres, cuyos jefes de hogar han sido víctimas del empobrecimiento de los últimos 25 años, los cuales por sus propias características de edad (mayores de 35 años), nivel educativo (menos de 6to. grado aprobado) y de la condición social (pobreza de ingreso), requieren de políticas sociales de transición, subsidios y programas de reconversión laboral, que les permitan también ser ganadores del nuevo proceso.

--Obviamente esta posibilidad requería un país diferente al de los últimos veinticinco años…

--Obviamente esta política tiene viabilidad si se inserta dentro de un acuerdo social que recomponga la gobernabilidad del país en el corto plazo y garantice la perdurabilidad de las políticas en el mediano y largo plazo. Por eso nosotros insistimos en la necesidad de alcanzar un acuerdo de largo aliento, focalizado en los problemas que todos sabemos que hay que resolver, para darle viabilidad al proyecto de convivencia política y social que tendría que ser Venezuela en el siglo XXI.

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Luis Pedro España

Sociólogo, con un Ms. en Ciencias Políticas, es Director del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UCAB y Coordinador del Proyecto Pobreza. Es autor de varias obras e investigaciones, entre ellas: Superar la pobreza: el camino a recorrer (2002); Los déficits de atención social en Venezuela (2001); La pobreza, un mal posible de solucionar (2001); La violencia en Venezuela, cinco monografías para su estudio (1993); Democracia y renta petrolera (1989)

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