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Arriesgarse a invertir

La calificación de riesgo representa un código fácilmente comparable, utilizado para la toma de decisiones de inversión, de acuerdo con las preferencias de rentabilidad y riesgo del inversionista. Dicho código se enmarca en una escala de riesgo que va desde la AAA (menor nivel de riesgo) hasta la D (mayor nivel de riesgo).

El riesgo soberano se fundamenta en la coherencia, consistencia y propiedad de la política económica de un país y refleja su vulnerabilidad ante shocks externos o internos, que puedan afectar la capacidad para servir su deuda, según explica Carlos Fiorillo, de Fitch Venezuela Calificadora.

La calificación soberana asignada por Fitch Ratings a Venezuela está en el nivel CCC. Dicha calificación en términos relativos se encuentra dentro del rango de calificaciones especulativas (BBB hacia abajo), es decir, de aquellas que reflejan una mayor posibilidad de incumplimiento. Resulta apropiado quizás comparar esta calificación con la asignada a otros países de la región para entender mejor la posición de Venezuela frente a otros países (ver el gráfico No. 1).

Esta calificación significa que Venezuela tiene una elevada vulnerabilidad a shocks externos y mantiene profundos desequilibrios macroeconómicos, siendo una de las economías con mayor nivel de inflación de la región y retroceso de la actividad económica y está afectada además por un ambiente de conflictividad política y social.

Sin embargo, en lo referente a las fortalezas del país, Venezuela cuenta con un nivel de endeudamiento externo relativamente bajo con relación a otros países y un privilegiado nivel de reservas internacionales, lo que refleja una holgada posición de liquidez, incluso mayor que la de países en grado de inversión, es decir, de aquellos con calificación superior o igual a BBB. Asimismo Venezuela se caracteriza por tener una cuenta corriente superavitaria, también mostrando una posición privilegiada con relación otras economías con mejores calificación (ver gráfico No. 2).

Miguel Octavio, de BBO Servicios Financieros, señala que el país se ve muy mal, “entre Cadivi, la crisis política, la contracción económica, lo que pasó en Pdvsa, nadie, digan lo que digan, está dispuesto a invertir en Venezuela excepto las compañías petroleras que están viendo una oportunidad única de entrar en este mercado ya que le están abriendo las puertas, cosa que contradice lo que el gobierno ha venido sosteniendo sobre cómo manejar el sector petrolero nacional”.

Fiorillo señala que la calificación de Fitch sobre Venezuela refleja su opinión acerca de un país y no una recomendación de inversión. Sin embargo, resulta obvio que en la medida en que el riesgo es mayor el rendimiento exigido a las inversiones en el país es también más alto, pues de otra forma no compensaría el riesgo asumido por el inversionista, lo que posiblemente hace poco viable ciertos proyectos a pesar de las extensas oportunidades que ofrece el país tanto en el ámbito petrolero como también dentro del sector petroquímico, turismo, infraestructura, etc.

La inmovilidad de Cadivi ahuyenta a posibles inversionistas que temen no poder repatriar sus capitales en dólares y preocupa a las transnacionales que operan desde hace muchos años en Venezuela, que no han podido producir lo planeado, limitados por la consecución de divisas.

Para Octavio la mejor prueba de que el riesgo país está muy mal es que un país como El Salvador emite bonos de deuda a 20 años a 7,85% y los vende, mientras que un país como Venezuela tiene año y medio tratando de colocar papeles en el exterior y no lo logra y para hacerlo va a tener que pagar 15% a 16%.

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