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Alternativas en bolívares

Para Luis Vicente León, director de Datanálisis, hay que entender que no importa cuán atractivas resulten las inversiones internas en Venezuela; “en medio de un control de cambio jamás habrá un incentivo real para colocar recursos en el mercado interno”. Pero todavía existen buenas opciones para aquellos que luchan contra la pérdida del poder adquisitivo de su dinero

Incertidumbre económica, gran inestabilidad política, caos social y esa desazón de no saber si se quiere seguir en el país o dejar todo atrás, marcan la pauta en la cotidianidad del venezolano.

El no saber lo que vendrá --ni siquiera a través de pitonisas, babalaos o lo que se consideran “fuentes bien informadas”-- mantiene a la gente en estado de shock, aterrorizada ante la idea de gastar el dinero en otra cosa que no sean refugios seguros, especialmente divisas de países con economías estables.

Muy en contra de su voluntad, el venezolano ahora tiene en las manos bolívares que se van acumulando y a la vez devaluando, mientras que nada le resulta suficientemente atractivo como para decidirse a gastarlos.

Tomando en cuenta características que definen al tipo de inversionista como: monto a invertir, tipo de moneda, edad, plazos de espera, nivel de dependencia de la colocación y rechazo al riesgo, hay diversas opciones que se pueden considerar a la hora de recomendar un nicho de inversión.

Partiendo de esta base, lo primero es definir dónde se quiere invertir, si en Venezuela o fuera de ella. Obviamente, bajo un esquema de control cambiario, los expertos no se atreven a recomendar a nadie que desarrolle inversiones extranjeras en bolívares, porque sería ilegal.

Para Luis Vicente León, director de Datanálisis, cualquier persona que tenga un nivel relativamente elevado de rechazo al riesgo, va a mantener sus inversiones en el extranjero, por “una decisión estrictamente racional, ya que en medio de un control de cambio jamás habrá un atractivo real para colocar recursos en el mercado interno, porque, además, no hay garantías para la inversión”. Más cuando la historia económica venezolana ha enseñado que cada persona que no ha mantenido sus recursos protegidos en moneda extranjera, ha perdido grandes cantidades de dinero a lo largo del tiempo.

Invertir los bolívares. De manera que cuando se habla de invertir en Venezuela, solamente se estaría haciendo referencia a colocar los excedentes en bolívares que quedaron atrapados en el país después del control de cambio, y los que se vayan a generar en el futuro bajo esas mismas restricciones.

En primer lugar, “en cualquier economía con fuertes controles es poco probable que se pueda parar la fuga de divisas que ocurre a través de un mercado negro, cuya existencia es inevitable”, sostiene León.

Los consultores de inversión estiman que muchos ahorristas no pueden comprar en el mercado negro de divisas, por diferentes razones (está prohibido, es riesgoso, hay falsificaciones, etcétera) y obligadamente se quedan con sus bolívares; para ellos aconsejan al menos tres grandes posibilidades.

Finanzas, bienes y negocios. El primer marco es la inversión financiera, que tiene dos posibilidades: renta fija y renta variable.

El rendimiento de una renta fija es poco atractivo; lo mejor que se puede conseguir son los Vebonos y los bonos de Deuda Pública Nacional o DPN. Estos papeles poseen un elevadísimo nivel de riesgo, que se traduce en un rendimiento superior a cualquier producto que pueda ofrecer la banca, con un gobierno que tiene importantes problemas de caja y que ha tenido que refinanciar 20 veces su endeudamiento con la banca, su principal acreedor. Pero, todo parece más un problema de liquidez que de solvencia, porque el Gobierno tiene recursos para poder pagar en el futuro.

En cuanto a la renta variable, asumiendo que no se puede invertir en bolsas de valores extranjeras, la inversión bursátil nacional tiene el atractivo de que los precios de las acciones hoy son absolutamente ridículos. León explica que si se multiplica el total de las acciones de alguna de las empresas importantes que se cotizan en la Bolsa de Caracas por el precio de la acción hoy, el resultado es inferior al valor de las máquinas que se tienen en algunas de las plantas de esas empresas.

Para cualquiera debería ser muy atractivo comprar esas acciones bajo la tesis de que en cualquier momento la situación se estabiliza y los precios de esas acciones van a recuperarse de manera relevante. Pero asusta el riesgo de que nunca se recupere el equilibrio económico y las empresas se vean quebradas.

“Si esto va a cambiar o no, es difícil verlo en el corto plazo. Puede que se observen movimientos importantes en este mercado cuando algunas transnacionales decidan entrar en Venezuela a comprar, bajo la tesis de que los extranjeros no son enemigos de Chávez. Muchas empresas locales estarán en disposición de venderse a transnacionales para obtener mayor rendimiento, antes de que se deterioren los activos y se afecte su participación en el mercado. Ahí puede haber un negocio”.

En cuanto a los productos bancarios que se ofrecen, lo importante es tener en cuenta que si la tasa de interés que remunera el capital invertido es menor que la tasa esperada de inflación de ese mismo período, el dinero pierde su valor en el tiempo, aunque se esté recibiendo más dinero del que se tenía al hacer el depósito. Si no hay opciones de rendimientos reales positivos, entonces los consultores recomiendan los que brinden mayores ganancias (sin exponer la seguridad de los haberes) y así perder lo menos posible con relación a la inflación.

Durables o semidurables. El segundo marco tiene que ver con las inversiones en activos durables, semidurables o consumo. Ante la pérdida de poder adquisitivo podría tener sentido gastar en cualquier tipo de bienes, pero, en medio de una crisis y con gran incertidumbre hacia el futuro, puede ser una gran irresponsabilidad dedicar los recursos excedentarios a consumir, “porque no sabe lo que le va a pasar”.

Entonces, la salida es comprar activos durables o semidurables (sustitutos del dólar), tales como los bienes inmuebles, vehículos o líneas blanca y marrón.

“En la medida en que las empresas reciban dólares a 1.600 bolívares y que el mercado esté tan contraído que no puedan subir de inmediato los precios de sus productos al costo del dólar paralelo, comprar un carro en Venezuela será más barato en términos de costo en dólares, aunque su precio en bolívares parezca más caro”. Y también hay que tomar en cuenta que siempre será más barato comprar hoy que hacerlo mañana.

Por lo tanto, puede estimularse la adquisición de algunos bienes semidurables para proteger el capital. Sin embargo, eso no se va a ver en el cortísimo plazo, porque las tasas de interés activas siguen siendo muy elevadas y desestimulan el endeudamiento para comprar vehículo u otros bienes. Y no hay la confianza para comprar algún activo que no será líquido en el futuro.

Los inmuebles (apartamentos, oficinas y locales comerciales) tienen un precio sumamente atractivo para comprar, pero no hay demanda, no porque el precio sea inadecuado o porque no haya dinero disponible, sino porque persiste la duda sobre el futuro del país y de hacer una inversión que se le va a “quedar fría” durante un período difícil de estimar. En otras palabras, adquirir un inmueble sin tener a quién alquilarlo, se transforma en un gasto y una inversión que no genera beneficios, por lo menos en el corto y mediano plazo. La gente tiene miedo de la situación política, de los ataques en contra de la propiedad privada, de la recesión y, especialmente, siente temor a lo desconocido, tanto, que muchos venezolanos que tradicionalmente no han sido emigrantes, han preferido vender todo lo que poseen e irse del país. Pero si el inversionista decide que se va a quedar en Venezuela, pase lo que pase, puede considerar la opción de adquirir inmuebles, siempre que tenga el músculo financiero para esperar tiempos mejores, resistir la posibilidad de una mayor caída en los precios de los inmuebles y pérdidas consiguientes. Si no tiene capacidad financiera y debe desprenderse del activo antes de que mejore el clima económico, no resulta un buen negocio la adquisición de bienes raíces.

Otro bien durable es el oro, pero su compra también fue prohibida en el decreto de control de cambio. El problema es que la inversión legal se presenta a través de una Bolsa cuyos precios se cotizan en dólares. Teniendo dólares se pueden comprar gramos u onzas de oro en papeles que se cotizan en el mercado internacional. Cuando el precio del oro sube, estos papeles se pueden vender con rendimientos. También hay la posibilidad de comprar oro en El Callao a empresas de minería o mineros particulares o adquirir oro en joyas. Hay un mercado oficial y uno informal o subterráneo. El problema aquí es que el oro se cotiza a precio internacional, el cual se mantiene bastante estable, por lo que no habría rendimientos atractivos.

Los negocios. El tercer tipo de inversión se refiere a la compra de negocios en marcha o la inversión en nuevos negocios, como las franquicias. Si se tiene interés en invertir en Venezuela y hay excedentes en bolívares, este es un momento perfecto para comprar un negocio en marcha a alguien que quiera vender por mudanza o desesperación. Si las empresas empiezan a acumular excedentes en bolívares, que no pueden sacar del país por una vía relativamente legal, es probable que se observen intentos por adquirir algunos negocios a precios muy bajos. Aquí el problema es el equilibrio de la relación riesgo-rendimiento, y la decisión a ser tomada dependerá de la disposición que tenga el inversionista para asumir ese riesgo.

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