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Franquicias: gerencia para vencer obstáculos Tanto los potenciales inversionistas como los usuarios finales se preguntan cómo han encarado las franquicias el embate de la crisis, luego de haber convertido a Venezuela en el tercer mercado del sector en Latinoamérica en cinco años. DINERO responde la pregunta Abel Calvo
Ese desempeño fue potenciado precisamente por las condiciones económicas del país. El consumidor, con un poder adquisitivo cada vez menor, se volvió más exigente y selectivo. Las franquicias vinieron a cubrir esa demanda con niveles estandarizados de calidad y servicio, a precios competitivos. Por otra parte, para un creciente número de profesionales beneficiarios de las llamadas “cajitas felices” (paquetes de desincorporación de grandes empresas), el formato de franquicias, con su rápido retorno de inversión y su alta rentabilidad, se convirtió en el destino perfecto de su capital. Locales de marcas internacionales ubicados en el país llegaron a ocupar los primeros lugares en ventas de sus respectivas cadenas a escala mundial. Esto se debió, entre otras cosas, a la gestión de las franquicias maestras y sus equipos de gerencia, lo que generó una gran confianza en sus casa matrices. Adaptación asistida. Para Edgar Monserratt, recién elegido presidente ejecutivo de la Cámara Venezolana de Franquicias (Profranquicias), la palabra que define la situación actual del sector es redimensionamiento: “Las franquicias están adaptándose a las distintas dificultades que se han venido presentando”. El ejecutivo es enfático al señalar que las franquicias luchan no solo por salvar su negocio, sino por “preservar el empleo de los venezolanos. En este momento el recurso humano es lo más importante para nosotros, porque es lo que nos ha permitido ofrecer estándares de servicio del primer mundo”. Eso no significa que no haya habido reestructuraciones de personal dentro de ese proceso de adaptación. Algunas marcas han tenido que reducir sus nóminas hasta en 30%. Monserratt, no obstante, indica que “el comportamiento actual del sector es normal por definición. No ha habido cierre masivo de locales. Hay un redimensionamiento de la estructura financiera de las franquicias”. Después de más de tres meses de cero disponibilidad de dólares en el mercado, las franquicias han seguido operando con relativa normalidad. Pero el sector reporta una caída promedio en las ventas por encima de 30% con respecto al 2002 (año en el cual ya la facturación había caído en otros 30 puntos con respecto al período anterior). La continuidad en las operaciones ha sido posible gracias a la confianza que los equipos gerenciales locales han logrado ganarse de parte de los proveedores internacionales, quienes han accedido a abrir líneas de crédito para sus clientes venezolanos. Si bien la mayoría de las marcas extranjeras habían logrado un nivel importante de sustitución de importaciones, muchos de los insumos comprados a proveedores locales tienen mayor o menor grado de componentes importados, lo que afecta también a las franquicias venezolanas. “Las marcas extranjeras creen en sus franquiciados maestros venezolanos. Han mostrado apoyo y sensibilidad empresarial. Ha habido un voto de confianza para este sector, que ha hecho crecer la economía venezolana, que genera empleo y que hace un aporte importante al PIB no petrolero”, apunta el directivo de Profranquicias. El riesgo se ha diversificado. El sector de franquicias ha soportado la crisis debido a la diversidad de rubros que lo componen, lo que le ha permitido, a su vez, diversificar el riesgo. Esa es la visión de Alfonso Riera, presidente de la consultora venezolana Front Consulting, quien define esto como la “democratización de la inversión”. El consultor desestima la posibilidad de que algunas marcas desaparezcan del mercado: “Es poco probable. Es posible que algunas tiendas cierren, pero no la cadena completa. Ese es precisamente uno de los atributos del sistema de franquicias. Y en los casos en que ha habido cierre, la empresa está ayudando a los franquiciados a reabrir sus locales en los casos en que es posible”. Riera indica que muchos de los locales que han cerrado se encuentran en estado de “suspensión temporal”, más que de quiebra definitiva. En todo caso, expresa que quizá 10% del número de tiendas esté en entredicho, pero eso no significa necesariamente que vayan a cerrar. Por otra parte, las franquicias de bajo impacto (que requieren una inversión por debajo de 15 mil dólares) “son las que se comercializan actualmente y son las que menos han sufrido, por la diversificación del riesgo. A su vez, son éstas las que tienden a equilibrar el mercado”. Si bien la crisis ha suspendido la llegada de nuevas franquicias extranjeras, a su vez ha precipitado aceleradamente el ánimo exportador del franquiciante local, según Riera, quien explica que habría aproximadamente unas 50 franquicias locales exportables. “Aunque no todas están maduras, están abiertas a hacer negocios”, agrega. En este sentido, declara que Miami ha quedado en un segundo plano, para ser sustituido por Latinoamérica como destino ideal para las marcas venezolanas. “Países como República Dominicana, Costa Rica, Panamá y las naciones andinas se dieron cuenta del desarrollo del sector en Venezuela y quieren replicarlo. Eso nos hace los candidatos ideales. Además, debemos recordar que exportación de un concepto no necesariamente significa la salida de la empresa del país, sino su expansión”. De cara a los inversionistas, Riera expresa que en este tipo de coyunturas se producen desplazamientos, es decir, se abren espacios para aquellos que se atrevan a ocuparlos. “Si se hace bien, una vez que pase la crisis los resultados serán muy positivos. Cada vez que aumenta el riesgo, aumentan los réditos en caso de éxito, y hay menos jugadores que se atreven a tomar el riesgo”.
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