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La educación y el sector laboral

No podrá haber una educación acorde con las metas de desarrollo del país y de incremento del empleo si antes no se produce un entorno de reactivación económica mediante planes de corto, mediano y largo plazo, que llegue hasta los últimos rincones del territorio nacional e involucre a todos los sectores. Así se desprende de la consulta realizada por DINERO a tres conocedores del tema educativo y laboral

Carolina Pérez

Desde los años sesenta la educación en Venezuela sufre un proceso de deterioro. El déficit se centra en las etapas cruciales para el niño y el adolescente como son el preescolar y el bachillerato, donde los estudios se ven mayormente interrumpidos. Aunque han habido propuestas para resolver estos problemas, las mismas carecen de visión de conjunto, son medidas sueltas, colchas de retazos, muchas de ellas inmediatistas, que pretenden solucionar los grandes problemas que tiene este país, entre ellos el de la educación.

La infraestructura es uno de los temas que los dirigentes han tratado de solucionar a lo largo de estos años, cuando el problema principal es más profundo y mucho más grave. Aunque la construcción de nuevos centros estudiantiles es importante, hay otros factores que inciden decididamente en frenar propuestas de mayor envergadura. La mayoría de los estudiantes de las clases media baja y baja abandonan los estudios al entrar en bachillerato. Las principales causas de esta deserción son el abandono familiar y la crisis económica que los obliga a buscar trabajo.

“Para resolver el problema no se deben elaborar más cartas al niño Jesús. Se deben no solo establecer cuáles son nuestros deseos, sino cómo poder llegar a ellos y realizarlos”, dice Luis Pedro España, coordinador del Proyecto Pobreza, que lidera la Universidad Católica Andrés Bello. Para comenzar a solventar los problemas, no solo educativos y laborales sino todos los problemas a nivel macro, el país necesita puntualizar grandes e importantes aspectos. Uno de ellos es la estabilidad política necesaria para entablar un diálogo efectivo. Por otra parte se necesita un acuerdo nacional, que vendrá como consecuencia del diálogo y que deberá llevar a la aplicación de políticas a largo plazo, que se mantengan y respeten, independientemente de quién esté en la silla de Miraflores. “También se deben establecer acuerdos de transición, que lleven al perdedor del proceso a la posición de ganador de la forma menos traumática posible”, afirma España.

En un juego trancado como el que afronta el país, los cambios drásticos y muy ambiciosos no son los más viables, ya que los resultados se verían a muy largo plazo. Por esta razón se debe comenzar por tareas más específicas y fáciles de realizar. Ramón Piñango, profesor del IESA, planteó en 1996 dos simples medidas que podrían dar resultados inmediatos e incidir positivamente en el futuro del sistema educativo. La primera es que se debe llevar el año escolar a 200 días de clase y en segundo lugar lograr que la jornada escolar sea turno completo, es decir mañana y tarde. Ambas metas son fundamentales para lograr la optimización del sistema educativo. “Las escuelas bolivarianas diseñadas por este gobierno fueron mal administradas, pero en principio tenían una idea valiosa que debería retomarse para la formación educativa”, explicó Piñango. Agregó que la reactivación económica es beneficiosa para la educación en el sentido de que los desertores del sistema tradicional educativo encontrarán más atractiva la formación profesional con la promesa de un empleo inmediato y seguro.

“En materia de educación hace falta un pacto social, pero primero uno político que estabilice al país y, consecuencia, al sistema educativo”, dice Juan Carlos Larrañaga, profesor del IESA. Esta medida macro debería venir acompañada de cosas tan simples, pero significativas, como borrar de los textos educativos que somos un país rico, ya que no es así: somos un país pobre con posibilidades de ser rico. “Los bienes naturales no significan riqueza, la riqueza viene de la buena administración de esos recursos a través de gente preparada”, aseguró Larrañaga.

Uno de los problemas más difíciles de solucionar es la falta del principio de responsabilidad individual, característica negativa de la cultura del venezolano. “La culpa de las cosas malas que le suceden pasa a ser del gobierno o hasta de la suerte, pero nunca como consecuencia de sus actos”, asegura Luis Pedro España . Pero este cambio de mentalidad es lo último en solucionar, es una variable de resultado que vendrá cuando Venezuela consiga el camino al desarrollo integral.

Trabajo parado

La situación actual del empleo en Venezuela es realmente grave. Existe aproximadamente 17% de desempleo general al que se le suma 55% del sector informal, y cada mes aumenta sin remedio, como una consecuencia de la crisis económica y social que se vive en el país, que no comenzó con Chávez pero que con él se potenció. Desde hace 20 años la posibilidad de materializar las expectativas está más alejada en Venezuela, es decir las oportunidades de triunfar, tener una carrera universitaria, lograr estabilidad económica y, por último, una vejez digna y cómoda, han disminuido.

Hay muchas propuestas sueltas que tomarían forma si se lograran establecer prioridades, y para que muchas de las reformas que necesitan hacerse en el sector laboral pasaran a ser viables, debería establecerse un plan general de políticas públicas coherentes e integradas, dividas en puntos fundamentales. Por ejemplo, llevar a cabo una política económica que contemple principalmente la activación y diversificación del sector no petrolero como fuente principal de generación de empleo a través del uso intensivo de la mano de obra. También un sistema de compensaciones que tome en cuenta todas las deudas pendientes que tiene el Estado y que, en caso de ser imposibles de cancelar, realice una compensación justa para los trabajadores.

Por otro lado, una política social con la que se logre hacer de los venezolanos individuos que valga la pena emplear. Para ello es necesario dotar a la población de servicios sociales eficientes como salud, educación, seguridad social y seguridad personal. “En el diálogo que debe establecerse entre empresarios y trabajadores lo más importante es dejar claras las prioridades, que son el empleo y la seguridad social, por encima del salario”, asegura Juan Carlos Larrañaga. Las fórmulas para lograr estos planes tienen que venir de un acuerdo conjunto de todos los sectores, en este caso entre el Gobierno y las grandes industrias, que son las que tienen la capacidad de emplear a más gente, ya que el Estado no puede sustentar a todos los trabajadores públicos que tiene actualmente.

Otra de las soluciones posibles sería la reactivación de institutos como el INCE, que tuvo su momento de gloria hasta que la mala administración del actual régimen lo convirtió en una caja de compensación. Pero el nuevo papel de estas instituciones públicas debe ser el de preparar a la población desertora de los liceos o a aquellos que carezcan de profesión, para la inserción inmediata en el mercado de trabajo. Pero, en este sentido, es fundamental la participación directa del sector productivo privado.

“La discusión que todavía no se ha dado, que es fundamental y debe establecerse en el acuerdo entre el Estado y las grandes empresas e industrias, es cuál quieren que sea el modelo de ciudadano que le sea entregado por el órgano educativo a la empresa o industria en un país en crisis como el que tenemos. Ese es el mismo ciudadano que debe reconstruir el país”, afirma Larrañaga.

La situación de los trabajadores informales no debe ser solucionada con paños de agua fría. “Está comprobado, mediante varios estudios, que la decisión que toman los trabajadores informales, es decir los buhoneros, cuando deciden que van a participar en ese mercado es por necesidad, no por comodidad. Ser informal es igual a ser pobre”, dice Luis Pedro España. Por eso no solo se deben regalar locales comerciales para que establezcan sus negocios, se deben estudiar los casos de estos venezolanos tratándolos como microempresarios sin recursos, que necesitan dinero, adiestramiento y motivaciones para integrarse al mercado laboral, y que el día de mañana pueden ser los grandes contribuyentes para el Estado.

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Interior en crisis

El interior del país sufre una situación mucho más dramática que la capital venezolana. Existen estudios realizados por el Proyecto Pobreza que identifican una alta carencia en el sistema escolar de varios estados venezolanos.

Aunque existe un número considerable de planteles de educación primaria, el porcentaje disminuye drásticamente al observar la cantidad de institutos para educación media y diversificada, lo que indica menos posibilidades de continuar “hasta el final” y una mayor cantidad de jóvenes desertores. Como consecuencia de la falta de formación y la crisis económica, que es aún más aguda en el interior, esta población desertora tiende a migrar hacia las grandes ciudades en busca de recursos económicos y, por lo general, pasa a engrosar el porcentaje de población marginal.

Para solventar un problema de centralización tan grave como el que tiene Venezuela, se debe reactivar la economía regional. Deben existir oportunidades atractivas de empleo y estudio para la población. La desocupación laboral debe solucionarse a través de la mano de obra campesina y también mediante la aplicación de planes concretos para revivir a pequeñas y medianas empresas. El compromiso del Estado en este aspecto debe ser decidido y efectivo. Los expertos consultados opinaron casi al unísono que por ahora es inviable centrarse en el problema del interior de la República cuando existe casi un estado de emergencia económica a nivel macro en el país.


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