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Agricultura sin rumbo

Las ventajas comparativas no son suficientes para garantizar el desarrollo. Sin la investigación, capacitación, transferencia tecnológica, financiamiento y un plan a mediano y largo plazo, no será posible abordar la reactivación del negocio agroindustrial en Venezuela

Alicia Aguilar

Pese a que Venezuela cuenta con una envidiable posición geográfica estratégica, capacidad industrial instalada, centros de investigación y recursos humanos calificados, además de una inmensa extensión de tierras con vocación agrícola, la historia de la agroindustria nacional está salpicada de fracasos. Excepto algunos éxitos aislados que confirman la regla, los agronegocios en el país están quizá más golpeados que cualquier otro sector productivo.

Las razones de esta situación son varias: los hábitos de consumo de los venezolanos, pobre desarrollo de la producción primaria, excesiva intervención del Estado, desacuerdos permanentes en el seno de los circuitos o cadenas productivas (o entre éstas y los gobiernos de turno), hasta erradas estrategias empresariales. Asimismo, ausencia de opciones para la actividad exportadora debido a variables macroeconómicas; carencia de financiamiento oportuno y suficiente; deficiencia en la infraestructura agrícola, en el transporte de la producción, e inseguridad jurídica y personal en las zonas rurales.

Estas variables han concurrido para colocar a la agroindustria como una de las actividades más riesgosas en la actualidad, lo cual se ha traducido en un progresivo decrecimiento en el número de las empresas existentes en el país.

Dinero fresco

Investigación, capacitación, transferencia tecnológica y financiamiento son los temas en los que confluyen los actores de la cadena agroindustrial cuando se trata de analizar las variables que exige la reactivación de este importante sector económico.

Eduardo Gómez Sigala, ex presidente de Cavidea y primer vicepresidente de Conindustria, sostiene que lo primero que hay que resolver es el acceso al crédito. “No hay país que pueda salir adelante sin financiamiento, menos un país como el nuestro, empobrecido y sin ahorro”, posición en la que coincide José Manuel González, presidente de Fedeagro, quien asegura que el sector agrícola no tiene posibilidades de revertir los pobres resultados de sus indicadores sin contar con financiamiento a mediano y largo plazo para acometer las obras importantes que necesita para su desarrollo.

Gómez Sigala destaca las altas tasas de interés en Venezuela y el disminuido índice de intermediación bancaria en el país: 10% en comparación a 40% del promedio en América Latina, como la variable con mayor impacto en el sector. “La banca fundamentalmente depende de las operaciones del sector público y no hay espacio para el financiamiento de ninguna actividad productiva”.

La solución a la mano es que el financiamiento —a mediano y largo plazo— sea producto de una política de Estado. Más con recursos del sector oficial que de la misma banca privada. José Anzola, director de Logística y Abastecimiento del Negocio de Alimentos de Empresas Polar, refirió que la compañía en su plan agrícola sigue una política de apoyo al financiamiento, que tiene como compromiso fundamental fomentar el aumento de la productividad de la cosecha nacional y reducir costos a los agricultores.

Debilidades y fortalezas

Un estudio elaborado por el investigador Carlos Machado Allison, coordinador del Centro Internacional de Agronegocios del IESA, sostiene que los negocios agrícolas en Venezuela cuentan con fortalezas y oportunidades que pueden ser explotadas en las próximas dos décadas. Entre ellas destacan el crecimiento de la agricultura por contrato, la capacidad instalada industrial, el dominio de tecnologías maduras, infraestructura, abundancia de recursos naturales, interesante ubicación geográfica, bases organizativas privadas, permeabilidad tecnológica, instituciones educativas y centros de investigación.

“Tenemos un país con un gran potencial para la producción agropecuaria en términos generales. Estamos convencidos de que tenemos ventajas comparativas y competitivas en muchos rubros, pero lo primero que tenemos que hacer es diseñar una verdadera política agrícola que apunte al mediano y largo plazo”, sostuvo el presidente de Fedeagro, quien en este sentido considera necesaria la intervención del Estado para establecer una planificación que vaya desde la elección de los suelos más productivos hasta la planificación de los cultivos.

Gómez Sigala, por el contrario, sostiene que más importante que dirigir qué se va a producir es que la gente tenga la capacidad creativa para poderlo hacer y hacerlo más eficientemente. Precisa que más allá de la voluntad que exista de producir en el país de manera eficiente la mayoría de las cosas, no necesariamente se tiene que imponer esta restricción.

“Más que decir que se va a producir, lo importante es estar ya insertados en las grandes negociaciones que actualmente se llevan adelante en el mundo, y es donde Venezuela, por el conflicto interno e incapacidad de la gestión pública, no está poniéndole la atención necesaria. Después pagaremos el precio porque es allí, en esas mesas de negociaciones, donde se define cuáles productos van a tener tratamiento preferencial o cuáles van a estar restringidos.

¿Posibilidades de explotar el potencial agrario que tiene el país y animar las actividades de la industria hacia el futuro? Muchas, señala desde Conindustria José Luis Hernández, del Centro de Estudios Económicos y Legislativos del organismo, quien se pronuncia por ordenar la casa, lograr la coordinación de los sectores involucrados en las cadenas agroindustriales y establecer alianzas para salir a negociar en el exterior: “No negociar plantea el mayor riesgo para Venezuela. Perderíamos mercados para nuestros productos, oportunidades de inversión, la competitividad que ahora tenemos en algunos rubros y quedaríamos aislados del comercio internacional

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