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El turismo espera mayor promoción oficial Harto de movimientos espasmódicos, el sector turístico nacional ve con prioridad el establecimiento de nuevos lineamientos, de propuestas que relancen de una buena vez a Venezuela en el exterior. No es posible promover a este sector económico solo con el turismo interno
Luego de promoverse como El secreto mejor guardado de El Caribe, campaña criticada pues se metía en predios en los cuales el país no puede competir con Cuba, República Dominicana ni las Antillas Holandesas (que ofrecen mejores servicios), los órganos públicos encargados de la promoción turística dieron un giro de 180 grados y comenzaron a promocionar el turismo interno, “para el hombre de a pie” como dijo en alguna oportunidad Omar Ovalles, a la sazón viceministro de turismo. La idea era lograr que los venezolanos de bajo recursos, a través de las llamadas Rutas del Turpial, conociesen el país. Sin embargo, el poco éxito fue notable. Elías Rajbe, vicepresidente de la Asociación Venezolana de Agencias de Viajes y Turismo (Avavit) pondera al respecto. “Todas las últimas autoridades que han pasado por puestos clave están empeñadas en desarrollar un turismo social, de ofrecerle Venezuela a los venezolanos. Y eso es equivocado, porque no se plantea una reactivación. Se está tratando de mover la rueda grande con la tracción de la rueda pequeña. El venezolano está pendiente de resolver problemas primarios: de conseguir trabajo, de subsistir, de luchar contra la inflación, y no piensa invertir dinero en el turismo y la recreación. Sobre todo porque la cultura del venezolano no lo ve como inversión”. A su juicio, la población que conforma los estratos D y E, los más pobres y mayoritarios, conciben como “turismo” ir a visitar a sus familias al pueblo donde nacieron, hacer un sancocho en el río y saludar a sus amigos. “Este no es un turismo que deje ingresos en los lugares visitados”. A esto se le suma la actual situación política y económica. En este clima de enfrentamiento es muy irónico pensar que Venezuela pueda ser atractiva para aquellas personas que busquen conocer un país como destino. Entonces, si la rueda pequeña no puede hacer girar a la grande, ambas se paran y los resultados quedan a la vista: “Son muchos los hoteles con poca ocupación, las agencias de viaje que han cerrado, las rutas turísticas que no trabajan. Ya no vuelan charters a Margarita”, dice Rajbe. “Y yo pienso que el venezolano viajará por Venezuela cuando la rueda grande mueva a la pequeña, cuando el turismo internacional active a la economía. En los años 80, cuando el turismo tenía cierta fuerza, la gente de los pueblos iba a la bodeguita y compraba cosas con dólares que recibían de las propinas de los turistas que venían del exterior. Los visitantes daban y todos recibíamos montos interesantes. Si volvieran los 15 o 20 charters a Margarita, de inmediato se sentiría la reactivación económica de los pueblos, de los vendedores de empanadas, de los lancheros”. ¿Qué hacer? A juicio del representante de Avavit, Venezuela debe posicionarse como país multidestino por sus bondades. “Una de las mejores cosas que hizo el extinto Fondo de Turismo fue contratar a una empresa española (a la que se le pagó 300 mil dólares) para hacer un estudio que estableciese dónde estaba Venezuela en el ámbito mundial. El resultado fue que el país tiene grandísimo potencial para venderse en el mercado de nichos y en el de turismo especializado. Tiene una gran oportunidad para turismo de congresos, de naturaleza, deportes naturales, biking, velerismo y de aventura”. Considera que convertir a la nación en centro de convenciones es una prioridad. Cada evento puede atraer a 400 o 500 personas, que, una vez aquí, tendrían la oportunidad de conocer las bondades del país y recomendarlo a sus allegados una vez de vuelta. Dicho estudio de marketing fue sometido a las autoridades nacionales para su “tropicalización”. Y esto remite al principio de este artículo: no hay planes de largo aliento que sean puestos en práctica con el apoyo de todos los sectores. Es un problema de paradigmas. “¿Por qué los planes no fueron tomados en cuenta?”, plantea Rajbe. Porque el Estado sigue pensando que el venezolano es el que debe viajar por Venezuela. Pero debería ser el extranjero. Una de las grandes cosas que no se ha aprovechado es que la devaluación del bolívar abrió una gran oportunidad para atraer al mercado internacional, pues el país es ahora más económico (así está haciendo Argentina). Venezuela tiene un buen nivel de servicio, buenas carreteras, aeropuertos, playas y hoteles. Hay que saber qué poner en la vitrina internacional, qué vamos a ofrecer afuera. La situación política no ayuda, es cierto. Pero si tú eres observador de aves y quieres ver al águila arpía, el único lugar posible para hacerlo es Venezuela. Si quieres batir tu récord de velocidad en windsurf, playa El Yaque es el lugar con los vientos más veloces para hacerlo. Y es ahí donde tenemos que afincarnos”. Otra sabia decisión sería eliminar el Impuesto al Valor Agregado a los servicios turísticos y reintegrar este impuesto a los turistas que compren productos en Venezuela, “tal y como hacen en muchos países de Europa”. De manera hipotética, Elías Rajbe asegura que, de establecerse un plan macro coherente y aupado en el tiempo, los resultados comenzarán a verse en un año. “Podríamos superar los 200 mil visitantes anuales y romper, por supuesto, la brecha actual: menos de 100 mil en el 2002”. Porque esas cifras que hablan de 500 mil visitantes anuales no son ciertas, afirma. Allí engloban a todas las personas que entran al país, y la mayoría de ellas no viene por turismo, sino por negocios. |
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