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¿Quién conspira en la economía?

Si los negocios marcharan bien, el empleo creciera, disminuyera la economía informal, las tasas de interés permitieran endeudarse a largo plazo y los depositantes obtuvieran rendimientos positivos; se respetara la propiedad privada y las reglas democráticas (de verdad, verdad); se castigara efectivamente el contrabando y la corrupción; hubiera estabilidad cambiaria, el déficit fiscal fuera manejable y los dineros públicos se invirtieran en obras reclamadas por la población; los hospitales y las escuelas públicas funcionaran adecuadamente, la delincuencia fuera reprimida severamente, se reactivara la construcción y se asegurara una vejez tranquila para los pensionados; se atrajeran capitales extranjeros de largo aliento, y existiera un proyecto de país, con un consenso razonable, ¿quién hablaría de conspiración económica? Seguramente, de lograr esto, Chávez podría gobernar tranquilamente hasta el 2021 y nadie se fijaría en su verruga, en el avión-juguete, sus chistes malos y su falta absoluta de protocolo. La gente respetaría "el estilo" del presidente, luego de balancear lo bueno y lo malo.

Pero, la historia es otra. Chávez, como un fenómeno político, concentró las expectativas de una gran mayoría de la población, ansiosa de justicia, y de seguridad personal y social; harta de la corrupción, de unos partidos políticos clientelistas y de un liderazgo acartonado; deseosa de un mejor nivel de vida y evolución de su sistema democrático. El Estado venezolano, por ser el propietario de la renta petrolera y distribuidor de la misma, desde hace muchas décadas es el motor de la economía. Cuando el estado invierte mal o deja de invertir, también lo hace la economía privada, cuando el estado invierte acertadamente y en forma eficiente, el aparato económico privado reproduce aguas abajo los beneficios.

Más de 2 años de altos precios petroleros no han servido para reactivar la economía, todo lo contrario, el país se hunde en la recesión, cada día cierran empresas, el desempleo y la economía informal se disparan a niveles insólitos, la tesorería está seca, la deuda interna y externa crecen sin soluciones claras de garantía de pago, los bancos penden del hilo de los bonos y papeles del Estado, dado que cayó vertiginosamente la cartera crediticia y la tradicional intermediación financiera; los recursos humanos más preparados huyen despavoridos a buscar en otros países el futuro que no ven en Venezuela; los ahorros familiares de muchos años se esfuman ante la inflación y la terrible devaluación cambiaria; la vida de las personas está en manos de lo que decida la delincuencia; la propiedad privada está acosada por estímulos ideológicos emitidos de los más altos niveles del gobierno, y encima de todo eso, esta Administración aplica la aspiradora en los bolsillos de los pocos venezolanos que todavía tienen alguna liquidez, a través de un alza impositiva, ¿para financiar qué?, ¿el déficit que nadie sabe para qué se originó?, ¿el proyecto país, que en episodios dominicales, y en forma de anécdotas, nos brindan en Aló Presidente? ¿Qué pasó con el famoso submarino de Giordani?, ¿se quedó en el abismo por avería? ¿Qué pasó con la "mocha económica"? De todos los "planes" que ha divulgado el Gobierno, ¿cuáles se han cumplido?, ¿estamos mejor hoy que ayer?, ¿alguien sabe, con certeza, hacia adónde vamos?

Hay que mirar los indicadores económicos y sociales para darse cuenta de la realidad y poder descubrir quién es el "conspirador económico". Hay que sentir la conflictividad política y el odio de clases que se ha generado con el discurso emitido desde Miraflores. ¿Se puede gobernar un país excluyendo a más de la mitad de su población activa?, ¿puede solo el Gobierno, sin la participación privada, generar los bienes necesarios para garantizar la vida de su población? Algunas de estas respuestas están en la historia mundial reciente, basta con observar los fenómenos que condujeron a la caída del muro de Berlín.

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