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Sin Chávez, mejor

Para el presidente de Fedenaga hay una sola condicionante para solucionar los problemas: la salida del presidente del Gobierno; insiste en que se debe a un problema ideológico que está por encima de cualquiera de las medidas que en materia económica se tomen y que, por lo tanto, no tendrán credibilidad

No queda duda que para el presidente de la Federación de Ganaderos de Venezuela (Fedenaga), José Luis Betancourt, el énfasis político del Gobierno perjudica más que las medidas económicas de ajuste que se han tomado. "A pesar de la importancia del aspecto económico que afecta a todos, el debate está centrado en un problema político-ideológico, pues el Gobierno es estatista, centralista y comunista".

El presidente de la federación sostiene que las medidas de ajuste tomadas por la administración Chávez, vistas de forma aislada, representan la capacidad de maniobra que tenía cualquier gobernante ante el déficit, pero... "no se sabe hacia dónde quiere ir, por eso mientras no se despejen esas dudas, las expectativas seguirán en un círculo vicioso". El problema, enfatizó, está en el carácter político del Gobierno.

El debate, dice, debe centrarse en vislumbrar qué desea hacer la sociedad venezolana para que las medidas resulten de un equilibrio de la racionalidad económica y una justa apreciación política. "Cualquier disposición debe tener sentido sobre una concepción política del modelo que se quiere aplicar, de lo contrario no ofrece credibilidad, porque no hay piso político, ni legitimidad, en consecuencia, no tienen efecto".

El control de cambio es posible

El dirigente ganadero dice que bajo otras condiciones la flotación pudo ser positiva y debió inducir a una baja en las tasas de interés, pero el ambiente de crisis política aumentó los factores de riesgo y con ellos los costos de financiamiento se han elevado a niveles impagables.

En el caso venezolano si el Presidente no baja el tono del discurso y se mantiene el mismo equipo de Gobierno, la comunidad internacional y los agentes económicos percibirán la incertidumbre y la desconfianza, y hasta se llegará a un control de cambio, que sería mortal, porque lo único que conseguiría es darle continuidad al Gobierno, lo cual no conviene.

Betancourt considera que se debe cambiar todo el equipo de gobierno, las instituciones y los poderes públicos, es decir un milagro, para que el Presidente entienda cómo funciona el mundo. Si se empeña en verlo desde su punto de vista del fundamentalismo político, con alianzas con países como Cuba, Libia, Irak, parece difícil que la economía funcione según las nuevas reglas del mercado mundial.

La flotación y los vecinos

En principio, para el sector la flotación del dólar tiende a generar un equilibrio cambiario con los principales socios económicos, lo cual es positivo para el aparato productivo, porque los productos pueden ser más competitivos con respecto a los socios económicos; aunque la decisión se tomó con tres años de retraso, lapso en el cual se lesionó sensiblemente la competitividad del sector productivo de la economía.

El Gobierno recientemente tenía una política de dejar apreciar el tipo de cambio, lo cual impidió artificialmente el deterioro económico mientras duró el anclaje. La sobrevaluación estaba en 65% por arriba de la paridad colombiana y 80% en el caso de Brasil. Fedenaga calcula que a pesar de la baja de los precios para la exportación y la industria nacional, algunos productos como la carne y la leche pueden subir para el consumidor final venezolano en 20%, un alza injusta que no da ninguna ganancia para el productor.

G. Ch.

Lo que aspiran los ganaderos

El sector productivo aspira a una clara definición en la política monetaria y su influencia en la relación con los principales países que tienen intercambio comercial con Venezuela, especialmente con Colombia, que está empeñada en defender su aparato productivo, llevando a cabo una depreciación del peso, lo cual impulsa las importaciones venezolanas. En este caso debe existir algún tipo de medida compensatoria o de negociación con los socios.

Otro elemento que debe ser tomado en cuenta es la seguridad jurídica, pues con la transición revolucionaria se ha perdido la fortaleza de la propiedad y la seguridad jurídica, lo que incrementa los factores de riesgo para el financiamiento del sector bancario. Así que definir una política agrícola concertada que beneficie a todos en la distribución de las tierras y los precios de los productos, disminuirá el impacto de la tasa de interés del sector. Lo importante de todo es que las disposiciones se tomen a través de acuerdos con todos los sectores involucrados, de forma realista.

De igual manera, Fedenaga solicita la integración del sector agrícola dentro de la cadena agroalimentaria para que no forme parte de un sistema de dádivas por el hecho de que representa solo 5% del PIB, porque el impacto real del sector es mucho mayor en las zonas agrícolas del interior del país. El manejo del Instituto Nacional de Tierras no debe hacerse con una visión proselitista de activismo político, que se puede resumir en la repartición de tierras y nada más, como se hizo en los años 60. Por el contrario, se debe atacar el problema estructural de la titularidad de la tierra, porque muchos medianos y pequeños productores necesitan legalizar su situación a fin de poder acceder al financiamiento para fortalecer su patrimonio. Asimismo, se debe disponer de una ley de geografía, cartografía y catastro para vender la tierra a los que ya la poseen y la trabajan. Con el dinero recaudado se podría fortalecer la estructura y la infraestructura agrícola (vías, transporte, control de inundaciones).


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