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¿Oportunidad o desengaño? La flotación del tipo de cambio le brinda al sector agroindustrial la posibilidad de competir con mejores condiciones; lo triste de toda esta historia es que es el mismo gobierno el que sabotea esta vez, ya que la desconfianza deja su huella con el incremento de las tasas de interés
Por ejemplo, es probable que con otro gabinete económico, con medidas de mediano y largo plazo que ataquen el déficit fiscal y un discurso político moderado del presidente, las medidas hubieran tenido el efecto deseado. Eduardo Gómez Sigala, presidente de la Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos (Cavidea), dice que hasta ahora los primeros efectos se sienten en la imposibilidad de acceder al crédito y una expectativa mayor en la inflación, que los analistas calculan en 30%. Aunque por una parte, Cavidea considera positivo la probabilidad del incremento en 25% de las exportaciones de alimentos en los próximos 2 años, que sería posible gracias a la competitividad en precios que ofrece el esquema de flotación, y la oportunidad de volver a ingresar a los mercados foráneos, mejorando la calidad de los productos venezolanos. Gómez dice que esta aspiración es moderada, pero debe atravesar un terreno poco amigable, con unas tasas de interés activas alrededor de 100%, impulsadas por las expectativas sobre un programa de ajuste incompleto y la interminable crisis política. "Las tasas debieron descender con la entrada del sistema de flotación, mientras que en Venezuela sucede todo lo contrario por la incertidumbre política", explica. Pese a esta circunstancia, la industria agroalimentaria está lista para competir porque tiene la capacidad instalada para hacerlo. Pero la recuperación va unida a la caída de la tasa activa, porque el financiamiento permite la actualización de la maquinaria a fin de recuperar la competitividad perdida después de varios años fuera de los mercados, lo cual no se puede lograr con tasas de interés elevadas. Sin caída libre Sin embargo, este año es posible detener la tendencia de caída de las exportaciones agrícolas. El año anterior bajaron de 10% a 8% en comparación con las cifras del 2000. En total, el sector industrial moviliza 366 millones de dólares. Las exportaciones ya descendían desde 1997 en la medida en que se apreciaba el bolívar, sobretodo en años recientes, cuando el anclaje cambiario fue reforzado como el medio por excelencia para controlar la inflación. En cambio, el efecto más perjudicial se dio por el lado de las importaciones con las cuales la industria nacional no podía competir. La sobrevaluación del signo monetario permitió que en el año 2001 alcanzara la cifra de 17.800 millones de dólares (y US$ 1.523 en el 2000), donde la industria de alimentos importó cerca de 10%, el equivalente a 1.729 millones de dólares. Entre los rubros agrícolas que más se importan están los cereales: trigo, cebada y maíz amarillo, que representan el 26% de la importación; le siguen las oleaginosas y aceites de animales o vegetales, con 11%, y en tercer lugar, la leche y productos lácteos, con 100% del total. Pero la época de las vacas gordas para Gómez está lejos; no es optimista respecto a una recuperación rápida del sector porque "la confianza es importante, y se ha perdido, sin ella no se podrá lograr una estabilidad económica que impulse a los factores macroeconómicos a alcanzar parámetros normales en la inflación con una tasa de cambio más estable". Bajo las nuevas condiciones, los rubros alimentarios a los cuales se les abre más posibilidades de exportación son los mismos que el año pasado encabezaron la venta de productos al extranjero; así, los pescados, crustáceos y moluscos son 32,86% de los envíos; las bebidas, líquidos alcohólicos y vinagres están en segundo lugar con 12,85% y las semillas y frutos oleaginosos 10,17%. Los golpes de la flotación Con la flotación del bolívar el primer resultado será un incremento de precios de todos los alimentos, que de alguna forma se ven influidos por las nuevas medidas del gobierno, ya sea desde el punto de vista de la materia prima u otras reformas impositivas, como el IVA, la inflación, el impuesto de la Ley de Tierras. Al final del proceso, todo impacta sobre el transporte, empaques, mercadeo, comercialización y salarios, lo que hace menos competitivo al sector. Gómez advierte que los beneficios de la depreciación de la moneda se pueden diluir si no se logra bajar las tasas de interés, y lo que puede ser peor, es factible agravar el consumo de alimentos más allá de la contracción de 1% que hubo el año pasado. Asimismo, se espera que muchas empresas puedan paralizarse y quebrar por el impacto de las altas tasas, lo cual conduce a un empobrecimiento de todos y a la pérdida del poder adquisitivo, pues todos los alimentos serán afectados por los diferentes insumos que reciben del exterior. Unos más que otros, pero siempre al alza. Este panorama es un tanto gris, por eso Cavidea aconseja a los empresarios ajustar sus precios después de realizar un manejo prudente de los costos, ya que se puede generar una contracción de la demanda por el mermado poder adquisitivo de la población, que no soportaría un alza desproporcionada. Es decir, las empresas deben interpretar el mercado y elevar en una justa medida para reponer inventario sin descapitalizarse. Prudencia en la crisis Esta alza en los productos, dice el dirigente, no debe ser interpretada como un abuso de los empresarios, como ha insinuado el Gobierno con algunas medidas de cierre de establecimientos aplicadas a través del Indecu, sino como secuelas de las medidas adoptadas por la administración Chávez. Para complementar las expectativas poco atractivas, los industriales se encuentran agobiados por una falta de estímulo al sector, y por el contrario, han encontrado que el Gobierno no les devuelve el pago por exportaciones y del IVA, y se avecina el impuesto por la Ley de Tierras, que los hace menos competitivos en relación con los empresarios de la región. Cavidea, gremio que representa 98% de los industriales, asegura que el abastecimiento del mercado de alimentos está garantizado y que hasta los momentos hay fluidez en el abastecimiento de materias primas.. G. Ch.
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