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Una flotación poco halagüeña Está en puertas un proceso recesivo para la banca venezolana como consecuencia de una mala aplicación del régimen de flotación cambiaria, que hoy dispara las tasas de interés y la inflación, lo cual pondrá en problemas la cartera morosa de la banca y disminuirá la intermediación financiera Gerardo Chacón Fernández
En su conjunto, las medidas anunciadas el 12 de febrero no fueron lo suficientemente creíbles para transmitir confianza a los agentes económicos. Por eso la gente se vuelca al mercado cambiario y genera persistentes presiones. Y es que el Banco Central de Venezuela (BCV) entiende esto, y teme que cuando se expanda la liquidez en la economía, se vaya nuevamente a los dólares, por eso mantiene los tipos de interés altos. Con los problemas de iliquidez, a la banca no le queda otra alternativa que proveerse de recursos líquidos del ente emisor, el cual le cobra hasta 50% de interés por los préstamos, lo que los obliga a cobrarle a sus clientes por encima de este límite. Tipo de cambio del miedo El economista Francisco Faraco justifica la continua demanda de dólares. La experiencia ha enseñado a la gente que una devaluación conduce a nuevas devaluaciones. La razón es sencilla: no existe un plan fiscal. Esta fijación en el dólar el experto la llama "el tipo de cambio del miedo": aquél que no puede determinar a dónde va a llegar el techo del billete verde. A estas alturas, la incertidumbre empuja a las instituciones financieras a cobrar las deudas para recibir la liquidez. También se paraliza el aparato productivo, porque no puede solicitar créditos, y otros en los próximos meses contribuirán con la tasa de morosidad de la banca, porque tampoco pueden pagar. Estos ingredientes, junto al proceso inflacionario, dejará a muchos clientes con su solvencia comprometida. La recesión económica se instalará porque pocos pueden comprar y conduce a la contracción de la economía. Según Faraco, en períodos de volatilidad los banqueros reciben ganancias importantes en el mercado cambiario, porque se benefician del diferencial de la compra-venta de la divisa. Sobre los jugosos rendimientos que pudieran obtener los banqueros (principales inversionistas) de los instrumentos de deuda interna (DPN y Letras del Tesoro), Vera y Faraco consideran que la banca, no gana mucho con esto, pues, sobre todo son intermediarios, además que los problemas de desconfianza en la economía hace que se abstengan de comprar instrumentos del Gobierno. Por su lado el economista Leonardo Buniak prevé que el endeudamiento interno planteado por el gobierno nacional supondrá efectos nocivos para la actividad económica. ¿Por qué? La banca, que está desmonetizada, empequeñecida en términos reales, asistiendo a un proceso de evaporación de los medios pagos líquidos de la economía, producto del proceso de dolarización informal que vive el país, difícilmente podrá absorber la magnitud de emisiones de deuda interna. Y en el mejor escenario para el gobierno nacional, dice, una mayor intermediación del sistema financiero en títulos valores emitidos y avalados por la nación, supondrá una menor intermediación en créditos bancarios, es decir menos financiamiento para la actividad productiva, aquella, generadora de empleo y crecimiento económico. En resumen: El crédito bancario se contraerá en el año 2002. Novedades cambiarias y costos En relación con otras secuelas, Vera considera que la banca es afectada con las novedades en el sistema de operaciones cambiarias porque es uno de los mayores intermediarios. Se realizaron modificaciones de las reglas. Ahora se compran los dólares al BCV por un monto limitado a través del mecanismo de las subastas. Si se tienen necesidades más allá de las normales, deben acudir al mercado interbancario, que se ha hecho más dinámico por la compra que realizan entre los bancos que tienen dólares excedentarios, en consecuencia es más dinámico el intercambio. Igualmente, en la media en que el tipo de cambio se ajusta, los clientes finales de los bancos disminuyen; sin embargo, la demanda global de dólares continúa, como lo refleja la continuidad en la caída de las reservas, pues existe un demandante que no se disciplina con el mayor precio del dólar, señala Vera. Al igual que todos, los bancos tienen necesidades de importaciones, y el presupuesto debe incrementarse en la misma proporción de la depreciación del bolívar, es decir, apartar más bolívares para la importación de insumos, como materiales y equipos importados. Como resultado de esto, los gastos operativos o de transformación se encarecen, la inflación les afecta, lo que conducirá a ajustes de salario para el personal, un alto componente de los costos bancarios.
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