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No se quede corto en la vejez

Los fideicomisos de fondos personales de jubilaciones es otra de las opciones para colocar las utilidades con un aporte no menor a 500 dólares

Andrés Rojas Jiménez

La materia de los fondos de pensiones o jubilaciones es una de las más discutidas en Venezuela en los últimos 13 años, sobre todo porque se ha intentado instaurar el sistema de capitalización o cuentas individuales administradas básicamente por el sector privado, aspecto que justamente por razones ideológicas se ha diferido en su aprobación en varias ocasiones -sobre todo en los últimos tres años- debido a la reticencia que existe entre una fracción del gobierno del presidente Hugo Chávez, que objeta esa opción y más bien se inclina por mantener el modelo público a imagen y semejanza de las pensiones mínimas que paga el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales.

Incluso, el más reciente proyecto de Ley de Seguridad Social aprobado por la Asamblea Nacional está en esa línea. Mantiene la existencia de un fondo colectivo administrado por el Estado aunque no se le denomine IVSS. En ese mismo proyecto se consagra la existencia de fondos individuales de pensiones, cuyo ahorro se prevé que sea voluntario, es decir, no sería obligatorio como sí se ha implantado en otras naciones de América Latina.

Sin embargo, este marco legal no resulta novedoso en cuanto a la figura de los fondos voluntarios, puesto que desde hace varios años las instituciones financieras ofrecen en su portafolio de inversión dirigido a los ahorristas personales la opción de hacer depósitos en lo que se conocen actualmente como fideicomisos de fondos personales de jubilación, en los cuales cada ahorrista se compromete a fijar sus depósitos a lo largo del tiempo, por ejemplo, 30 años, si se trata de una persona que comienza a ahorrar desde que se incorpora al mercado del trabajo cuando tiene 22 o 23 años.

Bancos como el Provincial, Mercantil, Citibank, Venezuela o Venezolano de Crédito, o las compañías de seguros a través de sistemas de renta vitalicia, cuentan con fondos de jubilación a través del ahorro programado y voluntario, el cual funge como un instrumento financiero bajo la figura de fideicomiso personal, en la cual la persona coloca su dinero. También están los bancos extranjeros -con representaciones en el país- o los mismos nacionales que usualmente en diciembre también mercadean fondos similares, pero la diferencia está en que el dinero se invierte principalmente en dólares, o bien en instrumentos de renta fija (principalmente bonos de gobiernos con economía sólida como Estados Unidos) o variables (acciones de empresas foráneas).

Hasta ahora la experiencia revela que solo 1% de la fuerza de trabajo está en capacidad de contar con el excedente en sus ingresos para suscribir un fondo de retiro, es decir, entre 90.000 o 100.000 personas cuentan con los retiros para suscribir un programa de jubilación voluntario, y justamente abarca ese sector de la población que devenga altos ingresos u ocupa posiciones directivas o empresariales en compañías privadas.

Salvavidas con incertidumbre

Los programas de retiro suscritos a través de fideicomisos tienen dos ventajas que resaltan los conocedores de la materia. Primero, sus tasas de rendimiento en promedio se han ubicado por encima del valor de la inflación registrada en el país, por tanto, no se puede hablar de que el ahorrista haya perdido su patrimonio, y segundo, son recursos que se invierten de forma separada a los depósitos que capta la banca a través de ahorros o depósitos a plazo fijo.

Esta separación de cuentas propias del banco de las que se abren por cualquier tipo de fideicomiso, no solo de jubilaciones sino también corporativos o de prestaciones sociales, es una obligación legal y fue una de las razones por las cuales estos instrumentos no se vieron afectados durante la crisis financiera de los años 1994 y 1995.

En la actualidad, estos programas de retiro establecen un aporte voluntario, pero lo importante está en que la persona se comprometa anualmente a depositar una porción de su dinero y sobre todo que no lo retire, si desea acumular una cierta cantidad que al momento de su retiro, es decir, cuando tenga 55 o 60 años de edad, cuente con los recursos necesarios para obtener una mensualidad que le cubra total o parcialmente sus gastos hasta el momento de su muerte.

Usualmente las proyecciones parten de que una persona -para el momento de su retiro- requiere de 70 u 80% de lo que gana actualmente, es decir, si en este momento un trabajador devenga mensualmente 1 millón de bolívares, un retirado requerirá al menos de 700.000 bolívares. El problema está en que esas estimaciones asumen una realidad de que la inflación anual se mantendrá en no más de 5% o al menos será siempre de un dígito, situación que no es el caso de Venezuela en los últimos 15 años, donde se ha llegado a un incremento de precios anual de 103% como ocurrió en 1996.

Adicionalmente, está el hecho de que se asume que una economía siempre estará creciendo, por tanto, las posibilidades de perder o no conseguir empleo son remotas, aspectos que tampoco aplican en Venezuela donde la tendencia no apunta hacia un alto crecimiento de la producción ni a la reducción de la desocupación laboral. En todo caso hay el espacio para el empleo informal, donde los ingresos -aunque puedan ser altos- varían de mes a mes, situación que también genera incertidumbre a cualquier persona que se ponga a pensar en cómo atender sus gastos de corto o mediano plazo cuando no tiene una asignación fija quincenal o mensual.

Planificar los depósitos

Uno de los ejemplos de fondos de jubilaciones lo ofrece el Banco Mercantil, que establece un mínimo mensual de 50 dólares o anual de 500 y sugiere que anualmente esa asignación se incremente en 5%, con lo cual a la vuelta de 10 años se tendría un pote de 6.200 dólares solamente en capital, es decir, sin sumar los intereses obtenidos por ese monto.

Existen instituciones como el Citibank u otros bancos foráneos que piden montos mayores, hasta de 800 y 1.000 dólares anuales, pero lo importante, según advierten todas las instituciones, no es tanto en cuánto se fija el monto, sino en que el ahorrista se comprometa con su plan de ahorro programado, porque de lo contrario pierde la oportunidad de que su dinero se invierta, de allí que una alternativa de inversión a las utilidades o aguinaldos es justamente los fondos de jubilación, en los cuales la persona puede programar su depósito para el cierre de cada año con una fracción o la totalidad de lo que recibe como dinero excedentario a su ingreso mensual.

Asimismo, a diferencia de una cuenta de ahorros, los retiros parciales están prohibidos, es decir, si el ahorrista desea su dinero, tendrá que cerrar el contrato y retirar el dinero acumulado entre capital e intereses, pero si lo mantiene en el fondo, la persona solo podrá tener acceso al mismo a través de una mensualidad a partir de la fecha en que fijó como edad de retiro.

No obstante existen excepciones. En caso de que la persona muera, los recursos acumulados pasarán como una asignación de sobrevivencia a su cónyuge o sus descendientes, o en caso de que el ahorrista sufra de alguna invalidez, también se contempla un pago anticipado al previsto originalmente.

Lo que nadie se pregunta

En el prospecto de información sobre los fondos de pensión voluntaria que ofrece el Banco Mercantil se parte de que toda persona antes de suscribirse a un programa de retiro debe hacerse varias preguntas de manera que se fije un plan que se ajuste a sus necesidades. Básicamente son interrogantes que obligan al ahorrista a imaginarse en el futuro en un país como Venezuela no marcado necesariamente por la certidumbre. A continuación se presenta el test que bien podría ser contestado por el lector:

¿A qué edad deseo retirarme?
¿Seguiré trabajando a tiempo completo o parcial?
¿Tendré cubiertas mis necesidades básicas?
¿Cómo será el costo de mantenimiento de mi salud cuando me retire?
¿Si soy trabajador independiente cotizaré al seguro social?
¿Qué beneficio voy a recibir de mi empleador?
¿Qué cantidad de dinero debo acumular para disponer de una renta mensual que satisfaga mi nivel de vida en el futuro?
¿Qué voy a hacer con mi actual residencia?
¿Dónde voy a vivir?
¿Venderé alguno de mis activos personales?
¿Cómo se verá afectada mi vida en el momento que me retire?
¿Podré viajar, disfrutar de los deportes?
¿Cuánto dinero tendré acumulado en inversiones?


Necesidad de cuarentones

Los menores de 40 años son los únicos que pudieran sentarse a esperar para ver si algún día el Gobierno puede garantizar un esquema de seguridad social a la población venezolana; los que pasan de esa edad "el tren ya los dejó", y si todavía no han tomado las riendas de su retiro, es hora de decidirlo por la vía particular. Esta advertencia la hace el profesor del IESA Carlos Jaramillo, a quien le preocupa esta generación, ya que ha soportado 20 años de deterioro de la economía, lo que quiere decir que los coetáneos de esta década están, en promedio, peor que los que tuvieron esa edad hace 15 o 20 años atrás. "Además, la asimilación que pueda hacer después de la reforma, con los aportes del viejo sistema, no será suficiente porque ningún fondo es capaz de dar rendimientos para una pensión adecuada a alguien que solo le quedan 20 años de vida laboral, mientras que un joven de 20 años, que recién comienza, puede aguantarse 10 años más esperando la reforma".

Por eso cada vez es mayor el número de personas que se adhieren a los fondos privados de ahorro sistemáticos con empresas transnacionales, que ofrecen instrumentos con anualidades que son canceladas durante 25 años o más y perciben una cantidad de dinero que puede dar rendimientos aceptables con bajo riesgo. Eso sí, acota, la vejez no se afronta con un depósito una vez al año, sino que debería representar 10% del ingreso bruto mensual de un trabajador, lo cual solo se logra si se ahorra durante todo el año. Para el experto la inexistencia de un sistema de seguridad social confiable y poco remunerativo genera mayores gastos en las personas que tienen hoy 40 años, porque deben sostener además a sus hijos, a sus padres, que se encuentran desprotegidos y descapitalizados. Con esta lección lo mejor sería no repetir en el futuro la historia de convertirse en una carga para sus hijos; por ello mientras más rápido tenga resuelto problemas como por ejemplo la vivienda, pueden encargarse puntualmente de su retiro.

G.CH

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