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Educación Incertidumbre revolucionaria Ramón Piñango* vislumbra un panorama poco alentador en el que permanecerán vigentes la conflictividad laboral, el descontrol del sistema y la fuga de talento
Esta iniciativa no ha funcionado como se esperaba por la precipitación en la aplicación y por desconocimiento de cómo opera en la realidad, en lo concreto, el sistema educativo venezolano. El gobierno comenzó con un número muy elevado de escuelas, y el sistema no estaba en condiciones de sustentar el proyecto. El Iesa le advirtió al gobierno que se estaba precipitando, pero por razones políticas siguieron adelante. A corto plazo no hay señales de que esa situación vaya a cambiar. Uno de los problemas es su mismo nombre, que ata su concepto a un proyecto político. Si ocurriera un cambio en el entorno político podría caerse en la tentación de desaprovechar lo positivo que pudieran tener las escuelas bolivarianas. Mayor flexibilidad. En otro orden de ideas, en materia laboral, 2002 va a ser un año conflictivo, debido a la deuda que mantiene el Estado con los trabajadores del sector. Existe una gran interrogante alrededor de la nueva ley de educación. Con el nivel de conflictividad política es difícil que se apruebe antes del cierre de este año. Recientemente el gobierno rechazó el proyecto de la Asamblea porque no era lo suficientemente "revolucionario". La demanda por estudiar ciertas profesiones, como comunicación social, por ejemplo, ha crecido significativamente en los últimos cinco o seis años. Entonces aparecen ofertas. Todavía no están dadas las condiciones de afinación entre oferta y demanda. No sería tan preocupante si el sistema educativo y el mercado de trabajo fuesen más flexibles. Debería haber mecanismos que permitieran que hubiera una regulación en el tiempo. Cuando por ejemplo comienzan a aparecer periodistas desempleados o subempleados, la carrera pierde parte de su atractivo. Por otra parte, con respecto al aumento de la oferta educativa de institutos y universidades, hay que decir que, lamentablemente, en Venezuela se trabaja mejor en pequeño. En la medida en que crece el sistema educativo, como se trata de algo muy centralizado, termina por no salir nada bueno debido a la incapacidad del Estado para supervisar y controlar. En educación es muy importante descentralizar y permitir que haya experimentación. La experiencia con los gobiernos descentralizados desde 1990 ha puesto en evidencia que hay autoridades regionales que se ocupan bien de sus sistemas educativos. Eso es alentador, eso da un mensaje al país de que las escuelas públicas pueden ser mejor de lo que son. Pero para que eso ocurra tienen que ser experiencias donde la comunidad y los responsables tengan una observación mucho más directa de lo que ocurre en institutos de enseñanza. El crecimiento del sistema educativo no necesariamente tiene que acarrear consigo caída en la calidad. Eso pasa cuando se crece bajo un modelo centralizado. La formación de profesionales en Venezuela es de un buen nivel. En los últimos 40 años se han hecho esfuerzos por formar buena gente. Más bien se ha hecho difícil aprovechar el talento que ya se ha formado. No se ofrecen oportunidades de empleo adecuadas. Es preocupante el problema de desempleo y subempleo de profesionales, que cada vez es mayor. El próximo año continuará la fuga de cerebros, a menos que haya una mejoría en la oferta de oportunidades de empleo. A.C *Ramón Piñango es doctor en Educación de la Universidad de Harvard; M.A. y licenciado en Sociología de la Universidad Católica Andrés Bello. Actualmente es profesor del Iesa y director de la revista Debates de esa institución. |
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