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El presupuesto de Pinocho

La llegada de una etapa recesiva de la economía mundial afecta sin duda al país por su dependencia del petróleo, pero el buen manejo del endeudamiento y reformas en materia fiscal pueden servir para lograr una transición menos traumática. Esta es la opinión de José Manuel Puente*

Qué hacer cuando sabemos que el próximo año a papá gobierno le van rebajar el sueldo y en la casa todos continúan con los mismos gastos: ¿gastar más?, ¿mentir?, ¿o dejar que todos sigan en la dolce vita?, o tal vez jugar más a la lotería...

En cierto modo, papá gobierno no ha sido capaz de afrontar su nueva realidad con respecto al presupuesto del próximo año (¿o será que es muy optimista?), porque en esta fase decreciente de la economía mundial verá la merma de ingresos y se ha visto obligado a mentir acerca de estos para intentar cuadrar las cuentas fiscales de la nación. El incremento estimado de los ingresos no petroleros para el 2002 se calculó de forma optimista con un aumento de 17,1% con respecto al año 2001, unos 10,3 billones de bolívares. "Sería optimista porque el escenario de recesión mundial que afecta el mundo tiene repercusiones importantes en América Latina y en Venezuela mostrará una actividad moderada, además, no se ha llevado a cabo ninguna reforma a fondo del sistema tributario, como la eliminación de las exenciones del IVA y del Isrl, ni se ha reducido la evasión y elusión como para decir que lo previsto sea posible".

Pero hay más puntos débiles. Por el lado de los ingresos petroleros, estimados en 7,6 billones de bolívares, en la medida que no se cumpla la meta la brecha fiscal se amplía más en el mediano plazo, con un alto cálculo del precio del barril de petróleo a 18,5 dólares (ver "Energía: Bajos precios ¿y más recortes?", en este mismo informe especial).

A pesar de todo, si se cumplieran los estimados se tiene que los ingresos fiscales son insuficientes porque llegan a 17,9 billones de bolívares. El gasto anunciado para el 2002 es de 26,4 billones de bolívares, lo cual da como resultado un déficit de 8,5 billones de bolívares más los 3 billones de déficit (3 puntos del PIB) del año en curso, el resultado es necesidades de financiamiento para el año 2002 estimadas en 11,5 billones de bolívares.

La última cifra representa 35% del presupuesto y deberá ser cubierta por ingresos extraordinarios no recurrentes que pueden tomarse de dos fuentes: deuda interna y externa o "raspar la olla" del Fondo de Inversión para la Estabilización Macroeconómica (Fiem), que dispone de 7 mil millones de dólares para mantener un nivel de gastos con menor endeudamiento. Sin embargo, desde punto de vista técnico, no es recomendable financiar el gasto corriente con ingresos del endeudamiento o de la coyuntura. Es igual que una familia dependa de los ingresos de una lotería.

El Fiem de plastilina. Frente a la baja de recursos el gobierno modificó el Fiem a fin de no ahorrar hasta el año 2003, lo cual también elevó las estimaciones de ingresos. Y como todo tiene un costo, la modificación de la normativa perjudica al mecanismo estabilizador, lo que evidentemente agudiza la percepción de la inconsistencia en la política económica del gobierno.

El Fiem ha sido desvirtuado porque se toma como un mecanismo de inversión, cuando solo sirve para la estabilización. Este fue modificado en dos oportunidades y los cambios fueron infructuosos, porque la revisión de 1998 no era discrecional. Lo paradójico es que si no lo hubiesen modificado ya tendría los ahorros necesarios para enfrentar la caída de gastos.

Pero el panorama del presupuesto del 2002 trata de reivindicarse con los incrementos que garantizarían un retorno social claro en cualquier nación: el gasto de salud (40,4%), y educación (21%). Claro está, todo depende, de la buena gerencia de estos recursos.

G.CH

*José Manuel Puente es economista candidato
a Ph.D de la Universidad de Oxford. Se desempeña
como profesor de la UCV y el Iesa

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