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Con orquestas deprimer mundo
Eduardo Marturet, uno de los directores de orquestas más destacados de Venezuela, cataloga al país en el tope del desarrollo por su desempeño en el área musical. El director piensa que las orquestas son un modelo paradigmático de evolución y desarrollo, y que por lo tanto se constata un paralelismo entre el crecimiento de una localidad y el nivel artístico de sus sinfónicas
En apenas 26 años, Venezuela ha logrado consolidar una infraestructura orquestal de primer mundo. Las orquestas, si se quiere, pueden verse como auténticas empresas de servicio que, en este caso, conforman una red de sucursales a escala nacional guardando la idiosincrasia de cada región, dice Eduardo Marturet, uno de los representantes más sobresalientes del movimiento musical venezolano. Marturet cree que la labor social de las orquestas sinfónicas requiere del apoyo decisivo del Estado, pero no quiere que las cosas sean de ese modo, porque el modelo estatal es inseguro y arriesgado a largo plazo, aunque eso puede seguir así en la medida en que músicos e instituciones no entiendan esto. "En el caso de Caracas es posible crear una simbiosis con la empresa privada en proyectos de interés común. Pero si es una ciudad del interior, la necesidad de apoyo gubernamental es absoluta e inevitable".
El director piensa que las orquestas son un modelo paradigmático de evolución y desarrollo. "En Estados Unidos se han hecho estudios que constatan un paralelismo entre las ciudades de mayor crecimiento (Nueva York, Philadelphia, Chicago, Cleveland, Pittsburgh, San Francisco, Atlanta, Denver) y el nivel artístico de sus respectivas sinfónicas".
Guardando las distancias y la relatividad de la escala, -explica- en Venezuela pareciera haber una situación similar. Sin duda, las mejores orquestas del país son, aparte de Caracas, las de Maracay, Valencia, Barquisimeto, Puerto La Cruz, Maracaibo, Coro y Mérida. Esta última, quizás, sería la excepción a la regla ya que su desarrollo industrial no está a la altura de los otros estados, y su infraestructura turística no condiciona directamente el desarrollo de la sinfónica local que más bien le debe su apoyo a la Universidad. En el caso de Barquisimeto es un ejemplo, la población asumió seriamente la existencia de la Orquesta Sinfónica de Lara y la sociedad civil ha hecho suya la iniciativa de construirle un "Teresa Carreño" a la orquesta. Esto, que se pudiese ver como un hecho aislado, confirma la tesis de la sincronía latente entre el desarrollo orquestal y el auge económico.
-¿A qué se debe el éxito de algunos músicos venezolanos en el exterior?
-El éxito fuera de nuestras fronteras constata que la infraestructura musical del país forma parte integral del Primer Mundo. Si por "fuga de talentos" se entiende que nuestros músicos ocupen posiciones estratégicas en las mejores orquestas del mundo, esto dice mucho del excelente nivel educativo de nuestro sistema musical y poco de las pésimas políticas económicas del Estado venezolano. Si bien soy de los que cree en un sistema orquestal libre del paternalismo estatal, comprendo que a corto y mediano plazo tenemos que depender, en gran medida, de las incongruencias de los gabinetes de turno en materia de planificación económica. Cuando un profesional es remunerado en proporción al costo de la vida no hay necesidad de temerle a la "fuga de talentos".
-¿Podrían las grandes firmas disqueras especializadas o productores de filmes y de música en general tomar en cuenta a los músicos venezolanos por su calidad y bajos costos?
-Este es un punto interesante y ya hemos hecho los análisis correspondientes para confirmar la existencia de un gran mercado para nuestras orquestas, particularmente en el área del cine internacional. A raíz de los problemas sindicales en Hollywood la industria norteamericana del cine ha tenido que proveerse de alternativas en países de Europa del Este como Checoslovaquia. Venezuela sería, en principio, el lugar ideal por su ubicación geográfica y por sus competitivos precios. El problema de Venezuela es la inseguridad. Lamentablemente a partir del 11 de septiembre será muy difícil captar la atención de un mercado que pudiese resolver muchos de los problemas presupuestarios de las orquestas venezolanas.
-¿Tiene alguna propuesta que permita mejorar el quehacer musical venezolano?
-Es difícil poder pensar solo en resolver los problemas de nuestras orquestas teniendo los índices de criminalidad y pobreza más altos del hemisferio occidental. Afortunadamente, con el tiempo, hemos aprendido a hacer de la enseñanza musical un auténtico instrumento de transformación social. El modelo de las orquesta juveniles e infantiles de Venezuela ha demostrado cómo en dos generaciones se puede cambiar totalmente el perfil social de una comunidad. Creo que la mejor inversión que podemos hacer en este momento en Venezuela es en EDUCACION, con letras mayúsculas. Particularmente en el campo de la niñez. Deberíamos hacer el mayor esfuerzo por ocuparnos del área más sensible de nuestra realidad social. Un niño marginal hoy, es mañana un adulto criminal. Bien pudiera pensarse que esta es una labor y responsabilidad del Estado, pero en lo práctico la mejor inversión sería en nuestro futuro, en nuestra propia seguridad.
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Eduardo Marturet: director global
Eduardo Marturet es uno de los directores preeminentes de Suramérica. Pasa por lo menos la mitad del año en Europa, donde trabaja y realiza grabaciones con la Sinfónica de Berlín (Berliner Symphoniker) con la cual, en los últimos 10 años, ha producido 17 discos compactos que incluyen ciclos de Beethoven y de Brahms. Entre las numerosas orquestas que ha dirigido están las más importante de Europa entre las que se encuentra la del Concertgebouw de Amsterdam, la sinfónica de la radio de Budapest, la Orquesta de la radio danesa, el Nordwestdeutsche Philharmonie, y el Staatsphilharmonie Rheinland-Pfalz. Entre sus actividades en Venezuela está la de director artístico del Sinfonietta Caracas, también dirige las orquestas principales del país y de Suramérica.
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El país de las orquestas
Caracas es una de las ciudades del mundo que tiene más orquestas. Con cinco orquestas sinfónicas, la Bolívar, Ayacucho, Sinfónica Venezuela, Sinfónica Municipal y la Filarmónica, que ocupan unos 500 músicos profesionales con una elevada formación que los ubica como profesionales que pueden desenvolverse sin complejos en las más prestigiosas orquestas del mundo. En todo el país se calculan unos 3.500 profesionales que trabajan en un mínimo de 141 orquestas, incluidas las orquestas juveniles e infantiles. Pero este talento no tiene que ver con una cualidad extraordinaria o innata, dice Rubén Oscher, músico y directivo de la Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV), asegura que el nivel académico impartido en el país es de los mejores y el éxito tiene que ver con un efectivo entrenamiento musical y la disciplina de los ejecutantes.
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¿Vendrá una crisis?
En este momento de cambios institucionales en el sector cultural, los músicos se han encontrado con la incertidumbre de recibir el presupuesto de forma dilatada, lo cual no les permite planificar la programación al menos con una año de antelación.
Se cree que el sistema orquestal venezolano es una reminiscencia de la etapa saudita del país y hoy, en una Venezuela más pobre, será necesario reducir el número de orquestas a fin de ajustarlo a una tendencia de la música artística en los países del primer mundo como es la reducción de éstas por lo costoso que representa su mantenimiento por parte del Estado.
Mientras tanto, cada orquesta se organiza para obtener los recursos privados bajo diversos sistemas como patrocinio de cada instrumento o silla por parte de una empresa o persona, patrocinio de programas conmemorativos de embajadas o a través de grabaciones con artistas comerciales.
Del mismo modo las nuevas exigencias del público hacen que se busque constantemente alternativas para atraer nuevos públicos como espectáculos infantiles, musicales de películas, música latinoamericana, entre otras actividades.
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Un modelo para copiar
Sistema Nacional de las Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, organización estatal también conocida como Fesnojiv, iniciado en 1975, es considerado el movimiento orquestal clásico-sinfónico más importante del mundo porque promueve cientos de orquestas sinfónicas en todo el territorio nacional, cuyo modelo fue tomado por la Unesco para ser instrumentado en todo el mundo como parte del desarrollo de la educación de los niños. Este proyecto fue encabezado por del músico venezolano José Antonio Abreu, creador de Fesnojiv. Por su trayectoria, Abreu fue nombrado embajador de Buena Voluntad de la Unesco para llevar a la práctica un sistema mundial de orquestas juveniles, por eso viaja a varios países latinoamericanos donde se organizan programas similares. El conocimiento musical, las relaciones políticas y el conocimiento que tiene de las características del sistema público, social y cultural del país, le permitieron dirigir el proceso que abarca hoy más de 57 mil jóvenes y un número considerable de músicos profesionales, que con mística, arraigo y sentido de pertenencia realizan la labor de enseñanza musical en las orquestas infantiles y juveniles.
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OSV, la primera virtuosa
Desde 1930 la Orquesta Sinfónica Venezuela, Patrimonio Artístico de la Nación, viene marcando pauta en la historia musical del país a través de la impronta que deja en los melómanos y por el virtuosismo de sus músicos y de los importantes directores y solistas invitados del exterior. Podría catalogarse a la OSV como punto de convergencia para los notables contemporáneos de las artes musicales que marcan la historia. Entre es los directores destacan Igor Stravisnky, SergiuCelebidache, Eugene Ormandy; los solistas Claudio Arrau, Arthur Rubinstein, Herryk Szeryng, Itzhak Perlman, Pinchas Zukerman, Mstislav Rostropovich, Yo-Yo-Ma y Jean Pierre Rampal, entre otros.
El presidente de la Sociedad OSV, Alejandro Ramírez, dice que la falta de recursos hace que la mística de los integrantes sea lo más importante para seguir trabajando. Por los momentos, los presupuestos llegan tarde, lo cual les impide planificar su programación anual con tiempo, entienden que el país tiene otras prioridades y siguen adelante en su función, pero buscando de forma más activa nuevos ingresos que les puedan dar cierta autonomía, aunque los aportes del Estado son fundamentales.
La OSV tiene entre sus integrantes al Octeto Académico de Caracas que en 22 años de actividades se ha presentado en los principales escenarios de Venezuela y el exterior y ha obtenido importante reconocimiento, entre los que destacan el Kennedy Center, Smithsonian Institute y el Teatro Colón de Buenos Aires.
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