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En defensa de la renta petrolera

El gobierno nacional continúa dependiendo de la industria de los hidrocarburos, aunque se hayan cambiado los lineamientos de la política petrolera. La estrategia tiene costos negativos

Jeanne Liendo

En estos dos años de gobierno del presidente Hugo Chávez, aunque se han cambiado los lineamientos de la política petrolera, no se ha hecho otra cosa que defender y mantener la necesidad de una gran renta fiscal, cuyos ingresos provienen, principalmente, de la industria de los hidrocarburos.

La dependencia del principal recurso natural, el "oro negro", no ha variado. Desde febrero de 1999, el gobierno ha perseguido la estabilización de los precios del crudo antes que continuar violando las cuotas de producción petrolera impuestas por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep).

No obstante, el objetivo es el mismo de, al menos, las últimas 4 décadas: Garantizar un ingreso fiscal alto, que redunde en beneficio de toda la población -el Estado tiene mayores recursos para la distribución-, que significa poder cumplir con los desembolsos ordinarios que tiene la nación, como la deuda interna, los salarios y las pensiones, a fin de lograr la reactivación económica.

En efecto, el gasto público se ha incrementado de 10,12 millardos de bolívares en 1999 a 16,32 millones en lo que se estima para este año. Esto significa un incremento de 38,8% en los últimos dos años, con lo cual la economía ha mostrado leves signos de crecimiento, impulsada, fundamentalmente, por los sectores privados no petroleros: Construcción, manufactura, telecomunicaciones y electricidad, de acuerdo a las cifras que emite el Banco Central de Venezuela (BCV).

Y es que la estrategia tuvo y vuelve a tener su costo. Los recortes de producción realizados en 1999 y en lo que va de 2001 -acordados por los miembros del cartel y, en algunas ocasiones, por los productores no Opep- inciden negativamente no solo en la capacidad de producción y exportación de crudo de Venezuela, sino en la caída del Producto Interno Bruto (relación entre los bienes y servicios producidos en el país) correspondiente a la actividad petrolera.

Caída libre

Cuando el presidente Chávez asumió el poder, en febrero de 1999, la cotización del crudo local se ubicaba a un promedio de 8 dólares por barril. Pero los precios del crudo iniciaron el camino a la cima impulsados por la reducción de más de 400 mil barriles diarios de petróleo que, sumados a los recortes de 1998 (525 mil barriles diarios), colocaron la producción de Venezuela en 2,8 millones de barriles diarios al cierre del año.

Los precios del barril de petróleo terminaron en diciembre de 1999 en 22,77 dólares, mientras que para todo el año el promedio de precios se ubicó en 16,09 dólares por barril, de acuerdo con las cifras que maneja el Ministerio de Energía y Minas (MEM). Sin embargo, el PIB petrolero registró una caída sin precedentes. En 1999, el PIB total cayó 7,2%, consecuencia de la caída de 6,8% en el PIB petrolero y 6,9% en el PIB no petrolero, ambos resultados no registrados desde 1989, según cifras de Merinvest.

La situación se revirtió el pasado año, con la continuación del alza de las cotizaciones del crudo en los mercados internacionales y los consiguientes aumentos de producción que acordó la Opep, por el incremento de la demanda. El cartel aumentó 4 veces los volúmenes de crudo, los cuales totalizaron 3,7 millones de barriles y para Venezuela significó un aumento de 356 mil barriles, por lo que la producción llegó a 3,074 millones de barriles diarios. La cesta venezolana alcanzó un promedio de 25,91 dólares por barril.

Ello permitió que la actividad petrolera -en el año 2000- creciera 3,4%, respecto a 1999, que se traduce, en dinero contante y sonante, en 160 mil y 366 millones de bolívares, según las cifras del BCV.

La diferencia de las contribuciones petroleras en esos dos años es abismal. Según los informes que emite la Ocepre en 1999 el sector de los hidrocarburos aportó ingresos por el orden de los 4.393.832 millones de bolívares, mientras que en 2000 los ingresos ordinarios provenientes del sector alcanzaron los 8.851.064 millones de bolívares.

Alegría de tísico

Pero la alegría fue de tísico, porque al cierre del primer semestre de este año el PIB petrolero ha presentado un revés de 2,3%, pues el valor de los bienes y servicios de esta área se vio impactada por los nuevos recortes de producción acordados en febrero, abril y junio en el seno de la Opep, que suman 3,5 millones de barriles para todos los miembros del cartel y 406 mil barriles para Venezuela.

Esto coloca la producción de crudo del país en 2,6 millones de barriles diarios, menos que en 1999, inclusive. Pero también es menos que lo estimado en el presupuesto de la nación, 3 millones de barriles. Además se le suma otro factor negativo: La disminución de los precios del petróleo en las últimas semanas, producto de la recesión económica en que ha entrado Estados Unidos, principal consumidor del mundo, la cual se aceleró después de los atentados del pasado 11 de septiembre.

Las cotizaciones del crudo local han tocado el piso de los 16 dólares, monto que no se observaba desde julio de 1999. Esto es 4 dólares menos que lo presupuestado por el gobierno para el año 2001 (20 dólares por barril). Parece difícil, pero no lo es. Las matemáticas, a veces, no resultan tan complejas.

Ecuación incierta

La ecuación que está en la Ley del Presupuesto, 3 millones de barriles por 20 dólares, no da los bolívares necesarios y las cuentas no cuadran. Y la suma de los dos aspectos -baja demanda y bajos precios- no permite dilucidar un futuro promisorio para el mercado energético mundial y, menos aún, para el nacional, aunque la coyuntura puede tomar una nueva cara con los ataques que la tierra del Tío Sam ha iniciado contra Afganistán. Una crisis de la que se puede sacar provecho si Venezuela sabe apoyar la coalición.

El alza que tuvieron los precios del petróleo en 1991 con la guerra del Golfo Pérsico -conflicto bélico en el que Venezuela aportó 65% del petróleo-, significaron ingresos para la nación por 5 millardos de dólares. Sin embargo, por ahora, el efecto de la caída del PIB petrolero se hace sentir en la industria nacional de los hidrocarburos, pública y privada, en todos los planos.

Los empresarios del sector manifestaron ya su preocupación por los niveles de producción, que repercuten directamente en los planes de inversión de la estatal Petróleos de Venezuela, principal fuente de productividad de la industria, en vista de que cuenta con menos ingresos para ejecutar proyectos. Solo en 1998, Pdvsa tuvo 1,6 millardos de dólares menos en su caja, gracias a los acuerdos de la Opep.

Los recortes también repercuten en el sector laboral. Cuando se reducen sustancialmente los volúmenes de crudo, generalmente, se paralizan taladros de perforación, situación que inmediatamente provoca desempleo en el sector.

Pero es que además, el revés que ha tenido la actividad petrolera merma las metas de crecimiento económico que se ha propuesto el gobierno nacional. La Cepal ya advirtió que la desaceleración en la actividad económica en Estados Unidos y los recortes de producción de petróleo impedirán la meta de 4,5% del PIB que se trazó el gobierno.

Vía de escape

No obstante, el país todavía tiene una vía de oxígeno para obtener un ingreso fiscal alto producto de la actividad petrolera: la exploración y explotación de gas no asociado al petróleo o gas libre, que hasta ahora es la única muestra concreta de atracción de capitales privados, locales y foráneos, en el sector en lo que va de la administración revolucionaria.

El 29 de junio pasado, gracias a la Ley de Hidrocarburos Gaseosos -aprobada con la Ley Habilitante de 1999-, el MEM entregó 6 licencias de gas a inversionistas interesados en explotar el recurso, que se encuentra en campos ubicados en los estados Guárico, Cojedes, Barinas y Zulia.

Con esto se esperan inversiones entre 6 y 12 millardos de dólares, pero escenarios como este o como el de la apertura petrolera de 1999 difícilmente se repitan, pues el proyecto de Ley Orgánica de Hidrocarburos que se encuentra en discusión -y que debe ser aprobado antes del 13 de noviembre- parece restringir la llegada de capitales privados, ya que ratifica el modelo rentista.

¿Síntomas de que se diversificará la economía? Probablemente no. La dependencia del petróleo y la defensa de su renta continuará y la prueba es que en el presupuesto de la nación del próximo año se espera que la mayor parte de los ingresos fiscales provengan nuevamente de la industria de los hidrocarburos, esta vez con cálculos más conservadores: 18,50 dólares por barril, según el proyecto que maneja el Ministerio de Finanzas. Primer indicio de que el año 2002 no será tan bueno.

Juegos de la Opep

Las condiciones de fortaleza que muestra hoy en día la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep), son el producto del esfuerzo realizado, en gran parte, por Venezuela, a través de Alí Rodríguez Araque, ex ministro de Energía y Minas y secretario general de la organización.

Con una larga trayectoria en el sector petrolero nacional, Rodríguez Araque liderizó la comisión de enlace en el despacho de Energía y Minas para el gobierno del presidente Chávez.

Su primera tarea fue unir a todos los miembros del cartel para acordar la estrategia necesaria que incrementara los precios del crudo. Se reunió en La Haya, Suiza, con Arabia Saudita y México.

El inicio fue el primer paso de un largo recorrido para que la Opep volviera a tomar parte del control del mercado energético mundial. Una propuesta del ex ministro, el establecimiento de las bandas de precios –mecanismo para aumentar o recortar la producción de crudo automáticamente– redundó en el alza de los precios del petróleo y la transparencia del mercado.

Lograda parte de la estabilización del mercado, se desempolvó la idea de realizar la II Cumbre de Soberanos, Jefes de Estado y de Gobierno de la Opep. En el año 2000, 25 años después de haberse realizado el primer encuentro, los presidentes de los países miembros del cartel se reunieron en Caracas para ratificar los principios de la organización, darle la cara al mundo y a los países consumidores, aunque Ronald Reagan haya querido poner de rodillas a la Opep.

Con sus pro y sus contra, Alí Rodríguez está en Viena, observando los ciclos del mercado, buscando favorecer la renta fiscal venezolana, defendiendo el proyecto de Ley de Hidrocarburos y manteniendo la calma y la cordura entre los miembros de la organización para que el fantasma de la crisis de 1998 y 1999 no toque nuevamente el suelo nacional.


¿Hacia el desmembramiento de Pdvsa?

Cuando Hugo Chávez llegó a Miraflores la situación económica y política se tornó tan incierta que buena parte de los ejecutivos de Pdvsa prefirieron tomar una "cajita feliz" y salir por las buenas de la industria, conservando la onerosa jubilación. Roberto Mandini fue el primer presidente de la estatal petrolera. Chávez lo nombró el mismo 2 de febrero. Pocos meses habían pasado cuando afirmaba que no encontraba los beneficios de la fusión de la industria en una sola corporación. Las bases del edificio de La Campiña temblaban y se pusieron peor con la llegada de Héctor Ciavaldini, quien venía desempeñándose como vicepresidente del holding. Pero la guerra declarada a los sindicatos de la industria en octubre del pasado año le costó el puesto en el pent house. Es así como aterriza el general Guaicaipuro Lameda, que era jefe de la Oficina Central de Presupuesto y no sabía nada del mercado energético. Con 3 presidentes en la empresa en menos de 2 años, y después de meses de incertidumbre, elaboración de varios planes de negocios, retraso en la ejecución de proyectos, entre otros, las aguas del río parecían haber vuelto a su cauce. La visión de la empresa, predicada por Lameda, "Somos la energía", encajó en la mente de los empleados."El clima organizacional se mejoró cuando llegó el general", comentan hoy trabajadores de la industria. Pero hacer juegos premonitorios con el futuro de Pdvsa, en la actualidad resulta sumamente complejo. La irreversible decisión del Ministerio de Energía y Minas de separar el negocio del gas (Pdvsa Gas) de la casa matriz (Pdvsa) y su pretensión de ser ahora el comercializador y negociador de Venezuela en los mercados internacionales, no se sabe cómo va a terminar. En el presente, el MEM no tiene los recursos para asegurar la viabilidad de este proyecto, pero puede que el futuro depare otra realidad.

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