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De ventajas comparativas a ventajas competitivas

Aunque Venezuela es un país lleno de riquezas naturales todavía no ha logrado alcanzar un desarrollo acorde con ese potencial. Imelda Cisneros, presidenta de Venezuela Competitiva, ayuda a explicar el porqué de esta situación

Abel Calvo

Se ha hablado hasta la saciedad de los ingentes recursos que posee Venezuela. Sin embargo, su mera posesión no es suficiente para la obtención de resultados concretos. Se necesita no solo la gente sino la voluntad y, más importante aun, el conocimiento y las habilidades para sacarle provecho a los recursos que se tengan a mano.

La clave está en la competitividad. Ciertamente, las fortalezas que tiene Venezuela son ventajas, pero únicamente desde el punto de vista comparativo. Solo si se logra convertirlas en ventajas competitivas tendrá el país la posibilidad de explotar todo su potencial. Para indagar en este tema, DINERO recurrió a Imelda Cisneros, fundadora y actual presidenta de Venezuela Competitiva.

Esta es una organización sin fines de lucro dedicada precisamente a promover la competitividad del país a través de distintas actividades. Su tarea principal es la búsqueda y documentación de casos de éxito en el país para ser presentados en distintos ámbitos públicos y privados como ejemplos reales y tangibles de lo que se puede lograr cuando se suman los elementos necesarios. Cisneros es, además, presidenta para Venezuela de la firma multinacional de consultoría Arthur D. Little (una de las más grandes y prestigiosas del mundo en su ramo, operativa desde 1889). También fue fundadora del Consejo Nacional de Promoción de Inversiones (Conapri), y se ha desempeñado como ministra de Fomento y como profesora en la Universidad de Harvard, entre otras cosas.

-¿Cómo se pueden convertir las ventajas comparativas de Venezuela en ventajas competitivas?

-Para responder a esta pregunta es conveniente comenzar por definir qué entendemos por ventajas competitivas en un país y cómo se alcanzan o cuáles son los factores críticos que entran en juego. Normalmente, la competitividad de un país o de una empresa se vincula con sus políticas y desempeño económico. Y ciertamente estas políticas tienen un papel central qué jugar en este tema: son necesarias para que funcionen los incentivos naturales que estimulan al hombre en libertad. La competitividad no se puede dar sino en un marco de libertades económicas y libertades personales, individuales. Pero no son suficientes, ni ejercen un impacto inmediato en la colectividad. El desarrollo de la competitividad requiere de grandes estrategias que aseguren la estabilidad y la eficiencia, y de múltiples esfuerzos sociales y personales de superación. He ahí el quid del asunto, en el recurso humano. Preparar al ciudadano tiene que ser la prioridad nacional si queremos tener un país competitivo. Hay que capacitar y educar. Hay que motivar, enseñar a innovar. Hay que promover la creatividad y la cultura de la eficiencia. Las políticas son importantísimas, son indispensables en el marco de una estrategia para convertir ventajas comparativas en ventajas competitivas, pero si el individuo no está allí, preparado, sintiendo que a cada uno le toca hacer lo suyo, no vamos a ser un país competitivo.

-¿Cuenta Venezuela con una base sólida que sirva de plataforma para construir ese país competitivo?

-Venezuela cuenta con una base económica, social y cultural importante que tendemos a desestimar. Esa es una de nuestras tragedias. En Venezuela Competitiva buscamos levantar la autoestima. Nosotros desestimamos muchas cosas que tenemos.

Cisneros pone como ejemplo a Arthur D. Little: "Nosotros aquí tenemos 30 consultores, todos venezolanos, de una calidad verdaderamente asombrosa, todos graduados en universidades venezolanas, con maestrías y doctorados en las mejores universidades del mundo, y son los primeros en su promoción, porque si no, no pueden trabajar acá. La mayoría de ellos tuvieron becas Gran Mariscal de Ayacucho, que ha sido uno de los programas más brillantes que ha habido en este país. Se trata de muchos muchachos que de otra manera no hubieran podido pagarse estudios afuera. En mi caso, mis padres no habrían podido pagarme estudios en el exterior. Ni siquiera hubieran podido pagarme el pasaje. Aquí hay de verdad un recurso humano extraordinario".

"Sin embargo", prosigue, "contar con esa base no es suficiente, hay que explotarla. Hay que explotar esos recursos naturales y humanos que tenemos, sacarles el máximo provecho. Y sobre todo los recursos morales, porque aquí hasta nos hemos convencido de que el venezolano es flojo, es ladrón. Pero eso no es verdad". Para la resolución de este problema, Cisneros visualiza una pirámide en la que la inversión forma la base: "La inversión es factor fundamental de la actual y futura actividad económica, principalmente la inversión pública y privada en educación, en formación creadora, en cultura de eficiencia, investigación y desarrollo. La eficiencia de esa inversión se refleja inmediatamente en el mejoramiento de la productividad, es decir, en el desempeño de la fuerza de trabajo, la innovación y la manera eficaz en que son organizados los factores de producción. Solo así seremos capaces de exportar y competir con los mercados mundiales con calidad, precio y suministro oportuno de bienes. El objetivo final de una economía competitiva es el nivel de calidad de vida de su población. Estoy convencida de que el mejor programa social es un buen programa económico que nos cree el ambiente para poder ser competitivos".

Pero esos indicadores (inversión, productividad, exportaciones y calidad de vida) en Venezuela están estructuralmente debilitados, en opinión de la experta. "Si a esto le agregamos todos los obstáculos que hay que sortear para el desempeño competitivo de los diferentes sectores económicos, tenemos una tarea compleja por delante que, insisto, empieza por implantar una cultura de superación personal".

La importancia del liderazgo

La presidenta de Venezuela Competitiva percibe el liderazgo en todos los niveles y sectores como "uno de los factores determinantes en esta cruzada de la competitividad. En la medida en que se cuente con una dirigencia solvente y comprometida con los más altos intereses del país, podremos elevar nuestra competitividad. Se requiere un liderazgo creíble, preparado y actualizado, que entienda los cambios en el entorno mundial y sepa discernir sobre las modificaciones que se requiere introducir en el país, para que este se beneficie de las oportunidades que el entorno ofrece y detecte los riesgos".

En el ámbito empresarial "se requiere la presencia de liderazgo en todos los niveles de la organización. Un liderazgo dispuesto a enfrentar los acelerados avances tecnológicos, la nueva configuración de los mercados segmentados y los cambiantes patrones de consumo, todo lo cual implica asumir riesgos poniendo a prueba sus capacidades y destrezas. La globalización es. No puedes aislarte de ella. Me estresa cuando veo industriales o empresarios buscando apoyo en el gobierno para cerrar las importaciones, porque no tiene sentido. Yo no tengo inconveniente si el gobierno identifica un potencial extraordinario en la industria del calzado, por ejemplo, y, por un tiempo limitado, decide hacer 'difícil' la entrada de calzado del extranjero. Pero para hacer eso se necesita de un Ministerio de Producción y Comercio muy bien organizado, que asegure que le va a hacer seguimiento a ese sector, para garantizar que dentro de dos años ese sector va a poder competir y ofrecerle al país la calidad de ese calzado que le quitó la oportunidad al venezolano de poder consumir. Lo acepto si tenemos el liderazgo que estoy sugiriendo".

-¿Existe ese liderazgo en el país?

-Venezuela Competitiva ha identificado unos 140 casos exitosos en el país. En todos se descubre que uno de los factores críticos del éxito es el liderazgo. En la organización estamos convencidos de que no hay nada que enseñe mejor que el ejemplo. Investigamos con mucha seriedad cuáles son esos casos exitosos, los documentamos en libros y en video y recorremos Venezuela con ellos. Los llevamos a universidades, a colegios, exposiciones. No solo documentamos casos de empresas, sino del organismos gubernamentales, de alcaldías.

-¿Se puede ser exitoso en un país que no ofrece el entorno adecuado para ser competitivo?

-En más de una ocasión he dicho que los empresarios venezolanos son héroes. Ser exitoso en un ambiente lleno de obstáculos, con una economía volátil y la presión que ejerce la globalización no es fácil. Sin embargo, sí hay casos exitosos que Venezuela Competitiva documenta para que sirvan de guía y ejemplo, y que también he tenido la oportunidad de observar directamente desde mi posición de Arthur D. Little de Venezuela. No son pocas las empresas en el país que, como respuesta a las circunstancias, han revisado sus estrategias y misiones para adaptarse a las nuevas realidades con una gran visión de futuro. Los líderes de todos esos casos conocen y usan las mejores prácticas mundiales, pero no se limitan a ellas. Precisamente, esas características difíciles en las que tienen que moverse han generado una "gerencia criolla", que el Iesa y Venezuela Competitiva han recogido muy bien en una investigación.

Ingredientes de la competitividad

-¿Qué tienen en común esos casos competitivos?

-Sus protagonistas tienen una percepción acertada de la realidad, saben dónde están parados, tienen conciencia del entorno, han identificado los problemas, las oportunidades aprovechables. Además, comparten con su equipo una visión, son imaginativamente realistas y son capaces de motivar y transmitir entusiasmo, y de cohesionar a la gente para alcanzar objetivos claros. Se caracterizan por tener la capacidad de estructurar el equipo adecuado, reclutan y seleccionan a las personas idóneas, las capacitan, entrenan y dotan de herramientas para que actúen y logren mantener el espíritu de equipo. Esta es la gente que evalúa constructivamente los logros y valora los éxitos y los acuerdos; y también evalúa las fallas y desacuerdos, y aprende de ellos. En estos casos se desarrollan organizaciones adecuadas a las circunstancias, que crean mecanismos, procesos, redes de comunicación que les permiten articular los recursos disponibles para desarrollar al máximo la competitividad.

Cisneros concluye con las siguientes reflexiones: "Es necesario rescatar principios fundamentales que subyacen en la conciencia moral de los venezolanos. Allí está la reserva del país. En esa conciencia moral están arraigados los principios básicos de rectitud, integridad, honestidad y alto sentido de la dignidad humana. Pero los principios no son, en sí mismos, prácticas. Son verdades, y es solo cuando esas verdades se internalizan como hábitos, que confieren el poder de transformarlas en conductas que permiten abordar los retos de competitividad que enfrenta el país. Hacer de Venezuela un país competitivo implica hacer de la competitividad un proyecto nacional".

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