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Malos tiempos para la industria automotriz
Juan Ignacio Cortiñas S. Una de las máximas de la Ley de Murphy dice, palabras más palabras menos, que si las cosas van mal hay posibilidades ciertas de que empeoren. Esta máxima está rebotando con insistencia en las cabezas de los altos ejecutivos de las mayores productoras de vehículos a escala mundial. No bastó con que una desaceleración en la economía de Estados Unidos diera al traste con las previsiones que esta industria tenía en el año 2001. La inminente conflagración encabezada por George W. Bush contra el terrorismo mundial ha espantado a los inversionistas de los mercados bursátiles y, con ello, la posibilidad, que ya era remota, de llegar a fin de año con por lo menos los números en negro. Es muy temprano aún para hacer estimaciones, pero se cree que la industria automotriz podría tener una dupla de años tan mala en el período 2001-2002 como la que tuvo hace exactamente diez años. Y podría ser peor, Murphy dixit, si se toma en cuenta que Wall Street está arrastrando a todos los mercados del mundo a una baja tal que ríanse todos de la depresión del 29. Dennis DesRosiers, analista canadiense, asegura que vienen tiempos difíciles para la industria a escala mundial, pero sobre todo para el mercado norteamericano. "Nos va a doler, y mucho", dice con un dejo irónico. DesRosiers recuerda que durante las tres últimas crisis globales en los pasados 30 años (la crisis energética de 1973, el embargo petrolero de 1979 y la Guerra del Golfo de 1991) las ventas de carros bajaron notablemente y tuvieron influencias negativas sobre el resto de la economía. "Los efectos fueron devastadores. Y en esta oportunidad no tendrían por qué ser distintos. Si la industria automotriz desciende, toda la economía desciende". Solamente en Canadá, un país que apenas supera los 20 millones de habitantes, esta industria emplea a aproximadamente 900 mil personas. En picada. Las ventas de vehículos en Estados Unidos, que por lo general se ubican en 16 millones de unidades en los primeros ocho meses del año, estiman que bajarán a menos de 15 millones para 2002. Las acciones de las tres grandes de Detroit han caído más de 20% desde finales de agosto, mientras su índice de riesgo aumentaba a casi 300, según estimaciones de Reuters. En esta nueva faceta del negocio el gran perdedor podría ser DaimlerChrysler, que está todavía saliendo de la reestructuración producto de la fusión de ambas empresas y sus resultados operativos todavía muestran saldos rojos. Tal vez se vuelvan más rojos aún, afectados por la recesión de la economía estadounidense. La baja en la venta de vehículos obviamente va a incidir en la capacidad de empleo de las empresas, lo cual repercutirá en la economía general de Estados Unidos. Una perfecta bola de nieve que irá creciendo a medida que se compliquen las circunstancias. Menos ventas. Los fabricantes europeos están sudando frío. Y no es por el invierno que se avecina, sino porque esperan que las exportaciones a Estados Unidos caigan estrepitosamente. Un dólar más débil frente al euro, un aumento en los precios de los combustibles y una baja en las finanzas personales podrían hacer que los vehículos fabricados por Mercedes Benz, Audi, Volkswagen y BMW, entre otras, se puedan quedar congelados en los concesionarios. Peor suerte podrían correr los autos de las líneas de lujo, como los Porsche y BMW, ya que sus clientes por lo general son corredores de bolsa o altos ejecutivos de empresas de inversión, que podrían perder sus bonos de fin de año a causa de la debacle en las bolsas mundiales. Garel Rhys, profesor de la Universidad de Cardiff, asegura que los vehículos de lujo no tendrán tanta demanda, pues están emparentados con el factor "sentirse bien" del cual carecen hoy en días los norteamericanos, quienes tienen la moral baja luego de los ataques y los miles de muertos en las torres del World Trade Center. Aunque es muy temprano para comenzar a sentir los efectos, Rhys opina que estos llegarán en cosa de dos meses, cuando los compradores comiencen a cancelar sus pedidos o reservaciones. No obstante, las ganancias podrían ser las mismas, ya que el cambio en la paridad de las monedas podría beneficiar a los fabricantes europeos, que manejan sus economías en base al euro. Si es que esa tendencia se mantiene. Ojos rasgados. En Japón las circunstancias no son muy alentadoras, tampoco. El valor de las acciones de las principales casas automotoras niponas, Toyota, Honda, Nissan y Mitsubishi, han caído aceleradamente y sus proyecciones a futuro parecen indicar que sus ventas disminuirán a medida que se enfríe la economía mundial. Sin embargo, algunos ejecutivos japoneses son optimistas. El director ejecutivo de Toyota, Hiroshi Okuda, aspira a que la empresa produzca y venda 2,5 millones de vehículos en Estados Unidos, 47% más del volumen estimado de ventas en 2001. Sin embargo no aclaró en cuál período de tiempo se alcanzaría ese volumen, que se estima sea en unos años. Es decir, que a pesar de los difíciles momentos que se están viviendo ahora en la industria, pareciera que mejores vientos soplarán en los próximos meses y los números rojos o en descenso volverán a la normalidad. Eso, que siempre ocurre, es esperanzador. El problema reside en que no se sabe cuándo va a suceder. Habrá que comprarse una bola de cristal.
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