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| Venezuela en retrospectiva: llueve y escampa Para el analista del Iesa Jaime Sabal, el año 2000 amarró la capacidad de inversión a la incertidumbre política, lo que lleva a que la evaluación de la situación de la empresa venezolana no resulte tan simple como remitirse a una cifra o emplear algún adjetivo que elogie o descalifique Melanny Hernández Rodríguez
Economía por sectores. Sin embargo, hay ciertos sectores que no han sido vulnerados por los embates de la economía, como el petrolero, que ha seguido desarrollándose relativamente bien en términos de inversión y que le ha dado continuidad a los compromisos contraídos por otros gobiernos. Pero definitivamente, la "vedette" de estos tiempo ha sido el negocio de las telecomunicaciones, (cuya inversión asciende a más de 690 mil millones de dólares), que por su naturaleza novedosa aunada a la política gubernamental de apertura y al marco legal que lo ampara, al llenar el vacío preexistente sin muchos esfuerzos ha obtenido resultados nada desdeñables. La inversión extranjera en Venezuela alcanzó 585 millones de dólares al cierre de 2000, de acuerdo con cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe analizadas por Venamcham. Hasta junio de este año, el sector telecomunicaciones absorbió 72% del total de inversiones extranjeras, mientras que la industria manufacturera acaparó 22%. Por su parte, la proliferación de malls y centros comerciales ha hecho que la construcción de inmuebles tome cierto repunte. Los centros comerciales están generando 300 mil puestos de trabajo, ventas mensuales por 602 millones de dólares y aportes al fisco, solo por concepto de IVA de 87 millones de dólares anuales. Así, grupos como Mantex han pasado de fabricar fibras químicas a desarrollar este tipo de obras. En cuanto a la actividad automotriz, el ensamblaje de carros en Venezuela, de acuerdo con Sabal, no tiene mucho o ningún futuro, ya que el mercado no tiene un tamaño significativo como en Estados Unidos, México, Argentina o Brasil. Aunque el año 2000 fue muy bueno para el sector, cuando se vendieron más de 145 mil autos (cifra Cavenez). Con relación al resto de las empresas, Sabal afirma que Polar, la compañía más grande del país además de Cantv, ha sido un caso único, puesto que, por mantener una visión a largo plazo, apuesta a la mejoría del país; y por ello sigue invirtiendo para tomar mayor porcentaje del mercado. "Esta es una política muy inteligente, porque esta situación es una oportunidad para que las empresas se fortalezcan para que cuando el país resurja puedan contar con una buena posición" sentencia el directivo del Iesa. ¿Políticas para la riqueza o para la pobreza? Bien reza el proverbio "todo es uno". Por ello, es imposible desligar el deterioro de la economía de las políticas proteccionistas e intervencionista del Estado, que predeterminan la desconfianza hacia otros mercados y la integración con el resto del mundo. Aunado a esto, el bolívar sobrevaluado se erige como una amenaza para las industrias, puesto que "es imposible competir contra lo que se importa; y aunque el gobierno podría poner barreras arancelarias para proteger, de igual modo no sería una buena vía", explica Sabal. Finalmente, los pequeños desaparecerán y solo quedarán los grandes. Ante esta realidad, las empresas más pequeñas no pueden aguantar indefinidamente perdiendo dinero o ganando poco, entonces venden su negocio o lo liquidan, bien sea gradual o contundentemente. El industrial pequeño o mediano no tiene posibilidad de sobrevivir, a menos que se trate de sectores en los que Venezuela tiene enorme competitividad como el petróleo y sus derivados, puesto que ellos no están condicionados a la tasa de cambio, ya que venden en dólares. Por su parte, el empresario grande el único capaz de sobrevivir como parte de un grupo multinacional tiene inversiones en todas partes del mundo y, debido a que Venezuela representa una pequeña porción de su negocio, prefiere ser cauto y esperar. Asimismo, las empresas de servicio tienen su fortaleza en la demanda constante. En el caso de Cantv y Telcel tienen a su favor que no compiten con productos importados. Finalmente, las empresas de manufactura, según el analista, tienen pocas posibilidades. Después del chaparrón... No obstante las expectativas y buenos deseos que pueda haber, el año venidero no ofrece un panorama muy distinto del actual, especialmente cuando el fracaso económico ya es manifiesto, como señala Sabal. A este respecto, "Venezuela debería tener un crecimiento mínimo de 10% anual, y en la actualidad lo está haciendo a 3%", agrega. Todo esto hace que la economía de Venezuela se perfile como la de Puerto Rico, que no produce nada y se sustenta en el sector de servicios y comercio, con la excepción de que tenemos petróleo. Ante esta problemática, Sabal sostiene que es necesario un cambio total en la política económica para entrar en consonancia con la globalización y liberación económica. De este modo se podría mantener una tasa de cambio competitiva, se fomentaría la inversión y se abriría paso a otros negocios que no sean el comercio y los servicios. Cabe destacar que la minería y el acero son áreas en las que el país cuenta con posibilidades, sin embargo es menester la actuación acertada del gobierno para entusiasmar a los inversionistas. Quizá, a modo de recomendación, el analista considera que "en medio de este chaparrón hay que quedarse tranquilo, sin invertir mucho, y esperar que escampe, porque a pesar de los pronósticos va a escampar".
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