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El crecimiento solo se ve en las cifras

Miguel Angel Pérez Abad, presidente de Fedeindustria, asegura que el sector ya tocó fondo, pero las perspectivas de recuperación lucen lejanas por cuanto el sector se está reacomodando hacia variantes que incluyen el cambio de ramo y la informalización. Tal vez por eso, arguye, hay crecimiento en el PIB pero no en la realidad empresarial venezolana. Y estima que 2002 va por el mismo camino, incluso con menos crecimiento

Juan Ignacio Cortiñas

Pareciera que el sector industrial del país ya tocó fondo, pues creció más de 4% durante el primer semestre de 2001 y es marcada la desaceleración en el número de cierres de compañías. Pero esto no es necesariamente una buena noticia, pues hay síntomas de transformación en la faz de esta rama de la economía: la informalización y el cambio de ramo son ahora la bandera. Miguel Angel Pérez Abad, presidente de Fedeindustria, estima que esta es la razón por la cual el sector está percibiendo buenos números, pero solamente en el PIB.

Pérez asegura que la lectura general del comportamiento económico actual refleja un año 2000 en el que cerraron de 2.400 a 2.500 pequeñas y medianas industrias (que son las que giran en torno a Fedeindustria). En pocas palabras, aproximadamente 27 a 28% del sector manufactura quebró, migró a otro sector o se está reconvirtiendo en otra actividad. "Y es en esa reconversión donde se focaliza una reducción importante en la capacidad de empleo. Por eso es que tenemos un PIB que señala un crecimiento, pero éste no se siente. Esa es la dicotomía en el sector y en el país", acota.

Sin embargo, ya es bastante positivo que la situación que vivió el país en el bienio 99-00 no se haya agudizado. Sin embargo, se percibe una gran movilización de empresas hacia el sector informal de la economía. La mayoría de esas industrias está manejando ahora la parte de servicios y comercio. Las que se desenvuelven en la producción han reducido la manufactura a su mínima expresión y ahora están trabajando mucho con importación de productos, o complementando la caída con servicios.

Buhoneros industriales. No se vaya a pensar con este intertítulo que quiere fotografiar a pequeñas industrias haciendo sus faenas en mitad de la calle, en la esquina frente a la plaza, en el bulevar. Plasma, eso sí, una tendencia de "desindustrialización" dentro de la propia industria. "Nosotros decimos que el empresario se está 'inventando una' en este momento. Lo que está ocurriendo ahora es que se están reacomodando los actores económicos, por lo menos los que están representados en Fedeindustria", confiesa Pérez. Y hacia la economía informal, principalmente.

Muchas empresas están trabajando la parte de manufactura mediante subcontratos. "Mantienen la razón comercial, pero la manufactura se ha informalizado en el país. No tenemos datos exactos, pero sobre todo en los estados fronterizos la cosa es grave: tenemos cifras que indican que 27% de las empresas trabajan en el sistema informal". Ya en los estados centrales la relación es distinta, estima, principalmente porque existen mayores controles y actores del sector que impiden o mitigan esta traslocación. "En términos generales se está usando mucho la subcontratación: los productos son vendidos por la misma razón comercial de la empresa, pero no hay vestigios de transferencia en el proceso productivo". Se podría decir que entre 12 y 15% de las empresas pudiese haberse informalizado en lo que va de año, como una herramienta o alternativa al proceso de crisis que vive el país. Como un proceso de búsqueda de posibilidades. Y la economía informal es una posibilidad, no solo para el sector trabajador. "De hecho, está representando una palanca y una válvula de escape para el sector empresarial. Mucha gente también se está moviendo al sector comercio. Lo que hacían en el país ahora están importándolo. Otras se han ido al sector de las franquicias, que es un negocio más seguro", reconoce.

Y es esto lo que explica que haya crecimiento pero no mayor empleo, porque el auge se está manifestando en una economía de ventas. Pérez Abad asegura que Venezuela todavía sigue teniendo el modelo mediante el cual la renta petrolera paga todas las importaciones. El problema es que este modelo no está teniendo impacto en los estratos económicos medios, que son los que generan empleo. "Está generando crecimiento en sectores estratégicos, intensivos en capital, pero no intensivos en captación de mano en obra. Y por eso es que tenemos empresas estables pero con cada vez menos trabajadores, una economía que está deformada, de acuerdo a como los factores económicos deberían desenvolverse. Tenemos que el petróleo sigue tirando la carreta de los ingresos y de la caja del Estado venezolano, y eso por supuesto genera una distorsión en las cifras. Se ha logrado (y eso hay que reconocerlo) cierta estabilidad en las variables macroeconómicas, pero para llegar a eso pagamos caro: esas 2.500 Pymi que cerraron durante 99-00 es el precio por tratar de sanear la economía y darle un sentido más sólido".

Lo que venga, vendrá. Mantener las expectativas inflacionarias o de devaluación en un rango previsible es para el sector industrial un tema fundamental, porque le permite predecir y planear sus negocios. Pero sobre todo porque con estas reglas claras es que la economía puede empezar a crecer. Pérez Abad asume que algunos de estos elementos no son exclusiva responsabilidad del Estado. "El Estado debe servir la mesa, pero tienen que incorporarse de manera activa los actores económicos mediante la recuperación de la capacidad de emprendimiento del empresario. Tenemos nuevamente que empezar a correr apuestas por el país. Eso significa que los empresarios que tienen recursos deben apoyar el crecimiento de la nación".

Que tal vez estén un poco confusos sobre las lecturas que se están generando en cuanto a la sostenibilidad de los avances que en materia económica se están alcanzando, es normal. "Son muchas las preguntas que han corrido de boca en boca por el país: ¿será esto sostenible?, ¿habrá devaluación?, ¿habrá control de cambio? Si las divisas de la renta petrolera tienden a caer, ¿hay capacidad de respuesta? Es ésa la inquietud que se está generando, y tal vez le reste posibilidad de acción al sector empresarial nacional".

Por ejemplo, los industriales no esperan grandes cambios para los meses que quedan de 2001 y para todo el año 2002. Confían en que algunas materias que están sobre la mesa mejoren. "La Ley de Fomento de la Pequeña y Mediana Industria, y los acuerdos que se están firmando con las regiones en materia de financiamiento son algunos de los temas que en la parte sectorial nos preocupan. 2002 va a depender de lo que hagamos este año. Con la resistencia de las finanzas públicas, fundamentalmente, frente a lo que pudiera ser una reducción sustancial de los ingresos. Si logramos hacer algunas cosas bien este año y mejorar la capacidad de impacto sobre los mecanismos de financiamiento, 2002 no será negativo".

De hecho, a título personal, Pérez Abad estima que el próximo año va a ser un período de gran actividad legislativa. "Se debatirán muchísimo las reformas a las leyes. El gremio empresarial va a tener una enorme actividad y responsabilidad, porque las demoras de la Asamblea Nacional van a tener que ser asumidas, y muchas leyes de mucha importancia tendrán que ser revisadas. Seguramente en el país habrá una concentración de esfuerzos muy importantes en el tema".

Y tal vez prefiere fijarse en ese aspecto porque en términos económicos no esperan grandes saltos ni mejoras. "Yo creo que si la renta petrolera soporta el paso de los días y las finanzas se manejan bien, pareciera que no vamos a tener grandes asimetrías en las políticas monetaria y fiscal. Pensamos que se van a mantener las variables como este año". Eso sí, intuyen una reducción importante en el gasto público, so pena de que crezca más la deuda interna. Claro, eso podría tener influencia negativa en algunas regiones que dependen más del gasto público que de la inversión privada. Pero, en líneas generales, dependerá de la confianza que el gobierno pueda generar.

"Sabemos que el crecimiento del año que viene va a ser menor por cuanto la inversión pública va a ser mas baja, la renta petrolera no va a sostener sus niveles actuales y los actores económicos no van a tener la capacidad de reaccionar para compensar la caída de los precios y la inversión pública en el país".

Lo bueno, lo malo y lo feo

Avatares de la vida diaria o simple resignación, nunca se sabrá, pero en Fedeindustria agradecen algunas medidas tomadas por el gobierno nacional. Aunque consideran que muchas de las cosas que se prometieron (¡oh, malhaya campaña electoral!) no se han cumplido. Y en algunas áreas el pronóstico luce reservado.

"Nos prometieron políticas dirigidas al sector de la pequeña y mediana industria, y eso no se ha materializado... o tal vez estábamos esperando más", reconoce Pérez Abad. Sin embargo, percibe que hay voluntad política a escala de los cuadros medios de las instituciones con las que trabajan diariamente.

Estas son, en resumidas cuentas, las expectativas del sector: que el gobierno se concentre en su ámbito de competencia y trate de interferir lo menos posible en la actividad privada empresarial, generar confianza, respetar a los actores económicos y dignificar al sector.

"El gobierno (aunque respetamos sus principios dogmáticos e ideológicos) no está haciendo un gran esfuerzo para que crezca el sector moderno de la economía: los sectores medios, que es donde se genera la riqueza y la modernidad de los países. Sentimos que hay un gran esfuerzo para los sectores populares (cosa que nos parece muy bien), pero muy orientado hacia la economía de subsistencia. Y eso evidentemente es importante pero no suficiente".

Qué se ha cumplido: la creación de Fonpyme (Fondo de garantía para la Pequeña y Mediana Empresa), la capitalización de Sogampi, el programa de refinanciamiento de deuda del sector y esperan que pronto se promulgue la Ley de Fomento y Desarrollo de la Pymi. "En esos puntos estamos satisfechos, pero no conformes, pues queda mucho por andar. Esto va a funcionar en la medida en que se le dé una visión sistémica a los problemas empresariales".

Qué falta por cumplir: la formulación de políticas se está comenzando con mucha timidez. Apenas comienza el proceso de reforma del marco legal del sector. "Hay que llevarlo adelante y ponerse muy de acuerdo sobre los términos laborales, las relaciones patrono-laborales, los fondos de pensiones y seguro social. Porque eso acogota a los empresarios y genera mucha angustia. Sobre todo el tema de las prestaciones sociales, que probablemente liquidaría al Estado venezolano y tendría un impacto devastador en el sector económico nacional".


El mismo pianito

Aquiles Nazoa, con amor y no poco humor, escribió hace varias décadas un poema titulado "El mismo pianito", en el que se refería con sorna a cómo todo gobierno nuevo proclamaba una nueva era de cambios y promesas que iba a arrasar con todo lo anterior (porque no funcionaba) e implantar un modelo que, esta vez, sí iba a ser exitoso para el país. Cada cierto tiempo (antes cinco, ahora seis años), el mismo pianito volvía a sonar. Una y otra vez.

Miguel Angel Pérez Abad, en términos menos humorísticos (y con ello mucho más dramáticos) da cuenta de la misma idea. "Siento que cada 5 o 6 años estamos reinventando a Venezuela. Siempre ocurre cada vez que hay un acto electoral. Yo creo que los países que han alcanzado el éxito tienen una sociedad intermedia y unas estructuras políticas y empresariales que se han puesto de acuerdo sobre cuáles van a ser las locomotoras que van a tirar la economía. En nuestro caso se debería decidir: ¿será el petróleo?, ¿el turismo?, ¿el sector agrícola?, y en función de eso llevar a cabo un acuerdo social en el cual se decida no seguir discutiendo el asunto en seis años. Venezuela debe construir una visión de país. Debemos soñar un país, ponernos de acuerdo (en ese sueño) y que ese tema no sea sujeto a discusión porque ya todo el país entendió que esa es la vía y hacia allá vamos a apostar todos".

Porque, asegura, lo que se ha generado en el país son siempre visiones a corto plazo, que por supuesto los agentes económicos entienden de esta forma: la inversión no puede alcanzar un horizonte mayor a los cinco o seis años. "Y eso evidentemente no beneficia la apuesta a largo plazo y el esfuerzo sostenido de los actores económicos".

Y es aquí donde queda abierta la interrogante: ¿cuándo será que nos pondremos de acuerdo en este país? Habrá que ver si el pianito que está sonando ahora será el mismo en el año 2007.

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