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Maquita: una galería de recuerdos y tradición

Es inevitable: en medio de las esquinas Tracabordo a Miguelacho, de la Candelaria, la talla de una enorme mujer de cerámica con un niño en brazos llama la atención de los transeúntes y los invita a conocer un lugar donde la tradición se desperdiga por doquier. Se trata de la galería de artesanía y arte popular Maquita.

Ella es como una niña de corta edad. Fue inaugurada hace poco más de cuatro años. Sin embargo, tiene un carácter ancestral que la hace especial, pues en el mismo lugar donde funciona estaba la Tipografía Vargas, perteneciente al señor Juan Guruceaga, tío abuelo de Nora y Eduardo Winckelmann Larralde, dueños de la tienda.

Al referirse a la incursión en esta actividad, Nora Winckelmann señala que fue circunstancial. "En un momento dado de nuestra vida profesional, mi hermano, que es ingeniero, y yo, que soy socióloga, nos encontramos sin trabajo y con el anhelo de hacer algo... Así que nos dijimos: 'tenemos este local desocupado y sensibilidad artística' y en ese momento, coincidencialmente, se realizaba la feria anual de Tintorero".

En la visita a tierras larenses se pusieron en contacto con algunos artesanos; dispusieron de 1.500.000 bolívares para comprar un buen número de muestras y "pensaron en el asunto con seriedad". Acto seguido, con una inversión de 4 millones de bolívares remodelaron el local de una manera sencilla, pues era la primera vez que se desempeñaban en el área comercial. Luego, viajaron a Mérida, Boconó, Puerto Ayacucho y Barquisimeto; y en noviembre de 1996 empezaron el recorrido por el mundo de la artesanía y el arte popular, los cuales se caracterizan por el sentido utilitario y ritualístico, respectivamente.

Magia hecha artesanía. En los dos niveles y tres ambientes que conforman Maquita puede apreciarse una gama de objetos variados y coloridos: tallas de maderas, textiles, cerámica, gres utilitaria y barro cocido, cestería indígena, piezas de vidrio y hierro forjado.

Hay todo tipo de pedidos. Sin embargo, más allá de las demandadas tallas de Bolívar y de Gómez, las fachadas y las frutas de Guadalupe -las dos últimas suelen llamar la atención de los foráneos- todos coinciden en que hay algo especial en lo que venden. "La gente siempre dice 'esto tiene un olor particular'. Quizá por tener un ambiente rodeado de artesanía se siente la magia", comenta la dueña del lugar.

Pero, al parecer, el aura de encanto que rodea a Maquita no ha dejado por fuera ningún detalle. Hasta el nombre de la galería lleno de melodía esconde una historia. Así, cuando los hermanos Winckelmann empezaron a buscarle identidad a la galería -tras llenar numerosas páginas con distintas palabras que hacían alusión a animales como la salamandra o a piedras como la amatista y malaquita- se dijeron "¿por qué no lo llamamos Maquita como mi mamá?". Sí, pues de este modo, familiares, amigos y conocidos le decían a María Cristina Larralde de Winckelmann. Y entonces tomaron ese nombre, "que tiene un toque mágico porque tiene la parte sentimental nuestra y a todo el mundo le gusta".

Son muchas las personas que entran a Maquita: nativos y turistas por igual. De hecho, relata Winckelmann que un buen día, hace como dos años y medio, el ex embajador de Estados Unidos, Jhon Maisto, entró a la tienda como "Pedro Pérez". "Entonces yo le dije a Eduardo: 'ese como que es el embajador'; y al rato vi a su guardaespalda, pero él estaba muy tranquilo y sin aspavientos. Se sintió bien y continúo yendo. Además, como era amigo de Mario Calderón nos sirvió de contacto para adquirir las piezas de arte popular".

Tradición en bits. En marzo de este año, quienes ya habían explorado algunos rincones de la geografía venezolana en búsqueda del arte autóctono, decidieron aventurarse en el ciberespacio; y crearon un sitio en internet para promocionar y apoyar a la tienda "física". Así, cuentan con una "sucursal virtual", que vende los productos de la tienda y, a través de boletines informativos, mantiene a los clientes enterados de los eventos que realizan.

Eduardo Castañeda, web master del sitio, explica que en www.maquita.com hay un catálogo de productos dividido en grupos: tejidos, objetos indígenas, cerámicas, tallas, juguetes y curiosidades. Luego de seleccionar la categoría y el objeto deseado se hace clic en la imagen y aparece una fotografía de la obra conjuntamente con la descripción ampliada, el precio y el nombre del creador. Entonces, tras hacer el pedido el comprador podrá contar con la artesanía en un plazo no mayor de dos días si está en la capital, o de tres si se encuentra en el interior. Pero si el envío traspasa las fronteras nacionales, Fedex lo entregará en un lapso aproximado de una semana.

Melanny Hernández Rodríguez

Labor cultural

Pero Maquita no se ha limitado a la venta, pues se ha prestado para la realización de varias exposiciones como la de las tallas de Gonzalo y Orlando Eraso, la de los juguetes de madera de Mario Calderón y una de pesebres de madera. Sin embargo, pese a la carga de preservación cultural de los eventos de esta índole, no han contado con ayuda gubernamental. En este sentido, la señora Nora resalta: "este tipo de tiendas más que una función comercial juegan un papel de difusión, porque escogen y dan a conocer las obras de los artesanos de los distintos pueblitos del país".

El pasado 5 de julio, envueltos en una atmósfera de añoranza y patriotismo, realizaron una exposición en Miami, en la Galería C&C de Weston, ubicada en el centro comercial Weston Town Center.

Asimismo, en su búsqueda de la riqueza artesanal del país, han indagado regiones con menos tradición en el área como el estado Carabobo, donde cuentan con ceramistas y tallistas. Les falta ir a Coro y a Maracaibo, a pesar de que tienen trabajos de artistas de esas zonas.

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