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Francisco Vivancos: Favorecidos por el ciclo externo El chorro petrolero dejó con buen semblante la economía venezolana en el 2000, pero la alegría puede no ser muy estable porque se basa únicamente en el incremento coyuntural de los precios del petróleo, lo cual deja con pies de barro la sostenibilidad de la política económica del gobierno El buen desempeño del panorama macroeconómico de Venezuela podría decirse que es producto de un ciclo económico externo favorable más que por razones de la política económica. Francisco Vivacos, economista y asesor financiero, considera que los indicadores han mejorado, pero sigue siendo un escéptico de la recuperación económica del país, porque el crecimiento del PIB (3,4%) lo considera muy débil, la desaceleración de la inflación es producto del anclaje cambiario y existe una situación de desempleo preocupante. Entre otros puntos débiles de la recuperación, Vivancos señala que el impulso que recibió el crecimiento se basó en una concentración del gasto fiscal con muy pocos efectos ligados al gasto de inversión privada, como resultado de un bajo nivel de credibilidad de las posibilidades de éxito de la estrategia económica, lo cual incrementó el riesgo de inversión. Esta percepción hizo la diferencia con el año 1997 el penúltimo de los ciclos positivos del petróleo que favoreció los resultados del crecimiento con 7% debido a que los agentes económicos proyectaron que las mejoras de empleo y crecimiento suponían un cambio estructural que les ofrecía mejores perspectivas de crecimiento económico en el mediano plazo; en consecuencia, se impulsó el consumo que generó un efecto multiplicador reflejado en el crecimiento mayor del PIB. En contraste, en el 2000 el consumo no creció mucho y los ingresos han pasado a ser otro componente del portafolio de divisas de los inversionistas. Dicho comportamiento es muestra de la poca credibilidad de que el ciclo económico favorable es sostenible en el largo plazo. Mientras tanto, las inversiones que llegaron al país están dirigidas a nichos específicos (petróleo, telecomunicaciones) que normalmente se hacen en países de alta volatilidad y con sectores que están protegidos o que tienen legislaciones más avanzadas que el contexto general que les rodea. Un anclaje contraproducente. Respecto a la política monetaria del 2000, Vivancos observa que mantener un anclaje que se basa en el sostenimiento de los precios del petróleo es contraproducente, porque existen muchos fundamentos que prevén el inicio de un debilitamiento de los precios de la cesta petrolera en el mediano plazo. Esto demuestra que la influencia del gobierno sobre el Banco Central de Venezuela es notoria porque redujo la emisión de TEM, abrió el espacio para la colocación de las letras del Tesoro y los bonos DPN, abandonando los mecanismos de política monetaria regulares que fueron reemplazados por las transacciones con divisas como mecanismo adicional de regulación monetaria, a fin de drenar los excedentes de liquidez que podrían impulsar la inflación. Este cuadro puede originar un problema de reservas internacionales y la ausencia de mecanismo de compensación que puede impedir un choque externo sobre la economía (caída de los precios del petróleo), lo cual hace poco práctico mantener el tipo de cambio fijo. En adición, se presentarán nuevos riesgos: dificultades para obtener financiamiento de corto plazo en los mercados internacionales de la deuda, acumulación de ahorro público en divisas en el Fondo de Estabilización (Fiem) y rigidez en el gasto fiscal. |
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