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La economía en el 2000 y las expectativas para el 2001

El crecimiento económico del 2000. El año pasado terminó con una mezcla de sentimientos, entre incertidumbre y optimismo. Este último transmitido en ráfagas en virtud de los elevados precios del petróleo registrados durante ese año. En "caliente", los resultados económicos contenidos en los números e indicadores macroeconómicos, inflación, situación fiscal, balanza de pagos, y evaluados en frío, muestran un tránsito hacia un entorno macroeconómico más estable, con las dudas en lo fiscal dado el contradictorio uso de los recursos del Fiem en un año de altos ingresos fiscales. Sin embargo, y en "frío", esos números representan al mismo tiempo una mediocre performance de la economía, cuando ese crecimiento se relaciona con el superávit en cuenta corriente producido por el petróleo y la gruesa expansión del gasto publico.

Así, la balanza de pagos da una clara respuesta y coloca en evidencia el contradictorio comportamiento de la economía en el 2000, dado el inmenso volumen de capitales "exportados" -salida de capitales- que representan un reacomodo de los activos extranjeros de residentes nacionales, individuos y corporaciones de sus tenencias en instrumentos financieros y reales denominados en dólares. La salida de capitales alcanzó números récords, totalizando más de 7.000 millones de dólares, una vez incorporados a la cuenta de errores y omisiones, que en Venezuela como en todo el mundo representan salidas de capitales no registrados.

El potencial de crecimiento y la "exportación de capitales". La evaluación de este comportamiento de la economía, es que desaprovechó el enorme potencial de crecimiento. El circuito de ahorro e inversión se estrechó, la inversión privada se mantuvo en recesión pese a la abundancia de recursos financieros, e inclusive frente a los incentivos de un mercado interno que rendía en instrumentos financieros denominados en moneda nacional respecto de los rendimientos de activos extranjeros. El ahorro nacional prefirió irse allende los mares.

La salida de capitales fue apuntalada por el BCV, en virtud del potencial impacto inflacionario que ejercía la expansión del gasto publico. Así, el BCV mantuvo la tasa de cambio por debajo del ritmo de la inflación, lo cual, además de otros objetivos de política económica en términos de disminuir la presión inflacionaria, servía la mesa a residentes nacionales que ante los grandes riesgos e incertidumbre que van generando los cambios políticos e institucionales preferían un reacomodo de sus activos externos. Este aspecto es de cardinal importancia, ya que explica el redireccionamiento del ahorro hacia mercados más seguros y políticamente más estables, pese a que el gobierno mantenía la fe en que su "revolución pacífica y democrática " ocurría sin alteración del drama social.

Las razones políticas e institucionales y las restricciones al crecimiento. De hecho, la incertidumbre derivada de la revolución política y del duro y radical discurso político apuntaron durante todo el año a una disminución de la demanda por inversión del sector privado, lo cual incidió fuertemente sobre la creación de empleo, en un mercado donde ocho de cada 10 venezolanos en edad laboral son empleos del sector privado. Por otro lado, la expansión del gasto público no daba los frutos que se esperaban, ni siquiera en el sector más empleador de la economía, la construcción, donde la disponibilidad de recursos era evidente. Acá el gobierno violó las reglas de juego del sector construción, al querer convertirse, no solo en financista, sino en productor de viviendas, con lo cual desplazaba el know-how acumulado por el sector privado en esta materia.

Así, se fracasaba ruidosamente, pese a que el Ministerio de Infraestructura disponía de 650 millones de dólares para producir 99 mil viviendas, apenas se construían 13 mil unidades, además del enorme gasto presupuestado para la inversión en infraestructura. La escasa actividad económica del sector construcción tuvo sus restricciones en la cruda intervención del gobierno en los incentivos básicos de todo esquema de producción capitalista, la no comprensión de este fenómeno indujo el escaso crecimiento del sector construcción; se violaba el esquema de formación de precios. Este ejemplo es una severa lección de las cosas que se tienen que aprender en el terreno de las reglas de juego y del régimen económico, y las consecuencias que se tienen al desechar economías de mercado.

Solo los sectores de gran arraigo tecnológico pudieron escapar a la fuerte intromisión del gobierno en la economía, lo cual, en preparación a la expansión de las telecomunicaciones y a la esperada desmonopolización y apertura del sector, permitió crecer unas cuantas veces por encima del promedio nacional.

La informalización de la economía: paradoja del crecimiento del 2000. En compensación a esas restricciones institucionales y políticas, la economía informal se expandió en más de 12%, registrándose inclusive el curioso fenómeno de empleo informal en el sector público, particularmente el empleo generado por los programas de gasto en el marco del Plan Bolívar. El empleo informal superaba en más de seis puntos porcentuales el empleo formal. El crecimiento del empleo informal apunta hacia una baja relativa del salario real promedio, pese al incremento de los salarios nominales autorizado por el gobierno a mediados del 2000. Actividades económicas tradicionalmente formales se insertaban en la "economía informal", lo que trajo como consecuencia una reducción de los ingresos fiscales de origen tributario no petrolero.

La incertidumbre institucional y el sesgo antimercado de las políticas. La economía se desenvuelve en un entorno de elevado riesgo producido por la incertidumbre de los cambios políticos, en algunos mercados y sectores de la economía nacional se manifiestan con un fuerte sesgo antimercado y anticapitalista, confundidos en el discurso contra el fantasma del "neoliberalismo". En los mercados internacionales la incertidumbre se expresa en el elevado riesgo-país que exhibe Venezuela.
Frente a esta percepción que se tiene de Venezuela en los mercados, se careció de una estrategia de reestructuración de la deuda pública interna y externa. Los mercados castigan a Venezuela precisamente por la incertidumbre que preña el entorno institucional debido a que los radicales cambios políticos afectan el natural desenvolvimiento de una economía de mercado, donde a los agentes económicos les toca actuar en un entorno poco amigable al capitalismo privado, aunque muy proclive al capitalismo de Estado. Se desaprovechaba así la magnífica oportunidad que brindaba la balanza de pagos del 2000 para conducir la necesaria reestructuración de la deuda pública.

Ilusiones y perspectivas para el 2001. Los indicadores de crecimiento del 2000 no deben crear muchas ilusiones en torno a lo que pueda ocurrir en el 2001, mientras prive el radical discurso político se alterarán los objetivos de una total recuperación económica; esto último requiere de un cambio de actitud y de la aceptación de la economía de mercado como regla de juego básico de desenvolvimiento de la economía. En estos dos años, el gobierno se ha impuesto más de una acción redistributiva, aunque casi suicida en lo político, dado que no es sustentable en el largo plazo por las conocidas debilidades fiscales producidas por un mercado petrolero volátil.

En ese sentido, las perspectivas económicas para el presente año no dependerán solamente del potencial que expresan los números, sino de la eventual persistencia de las mismas políticas y de la misma concepción estratégica de la economía política, que en el 2000 indujeron un ambiente de poca actividad, de mucha desconfianza e incertidumbre, que resalta del débil crecimiento económico alcanzado. En todo caso, esos números macroeconómicos representan una buena plataforma para el crecimiento económico siempre y cuando el gobierno corrija y ajuste sus políticas y su ideología respecto del mercado, de manera que estos otorguen credibilidad a la política fiscal y a la capacidad del gobierno para conducir un ajuste en la medida en que el mercado petrolero lo exija.

-Alexander Guerrero E.
Economista

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