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Enero 2.001
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La excelencia individual, base de la carrera profesional Básicamente, hay dos formas de ascender y hacer carrera en las organizaciones. La primera, a base de amigos, primos e intereses inconfesables, suele ser rápida y altamente rentable a corto plazo. Como esta opción está reñida con el talento y la profesionalidad, si se contempla un horizonte temporal más extenso, muchas veces trae aparejado caídas importantes. Sus cimientos son de barro y el tiempo los pone en evidencia. Es el precio que se paga cuando se entra por la puerta falsa. Por Santiago Alvarez de Mon, profesor del Iese (Universidad de Navarra)
Obvio decir que una sólida base técnica es condición necesaria pero insuficiente. No se trata de maximizar la pericia propia de un técnico especializado, pero sí de garantizar unos mínimos que le permitan entender los secretos del negocio. Se está ante la autoridad del saber, la majestad de las ideas que protegen y arropan el correcto ejercicio del poder por parte del profesional de la dirección. Segunda estancia o planta en la que el directivo debe sentar sus reales, la de las skills o habilidades propias del acto de gobernar, aquellas que facilitan el tránsito de técnico a directivo. Entre otras, y a modo meramente indicativo, manejar con soltura y naturalidad el arte de preguntar con humildad, practicar el escuchar con empatía las opiniones de los demás, sobre todo las contrarias escuchar es un esfuerzo intelectual por comprender al otro, de interpretar y leer el silencio, interlocutor incisivo y sonoro en multitud de empresas, imprudentemente ignorado, de observar y comprender gestos, expresiones y actos, la llamada comunicación no verbal... es eso, un arte que se escapa al rigorismo y precisión de las ciencias exactas. Aquí ya muestra el oficio de dirigir hombres y mujeres todo su esplendor y complejidad, que alcanza en la última planta caracteres ciertamente notables. En ella el directivo reflexiona sobre los porqué y para qué de su carrera, se interroga sobre la misión de la empresa en un mundo convulso y cambiante, se cuestiona el papel del beneficio como herramienta económica imprescindible, que autoriza apuntar a otros objetivos más trascendentes (creación de empleo, desarrollo de la comunidad, creación y distribución de riqueza, afloración del capital intelectual, etc.). En esta zona noble de la casa el directivo no solo respeta sino que fomenta y disfruta valores universales e intemporales a la condición humana (libertad, honestidad, justicia, solidaridad) que pueden y deben guiar la actividad económica. Para finalizar el recorrido, como todo buen arquitecto, tal vez sea necesario visitar los sótanos de la propia construcción. Ahí nos encontramos con el ser más profundo del directivo. En palabras de Ortega: "Si quiere dirigir a los demás tendrá que imperar sobre usted mismo"1, que nos recuerda algo del "conócete a ti mismo", de Tales. La misma capacidad de comunicar, consustancial al ser dialógico del hombre, comienza con uno mismo: "El hombre mantiene un diálogo interior consigo mismo"2. De la calidad de esa conversación intrapersonal dependen muchas cosas, entre otras, la hondura y franqueza de nuestra comunicación interpersonal. De este modo, atendiendo los requerimientos y preguntas que jalonan un trayecto vital fecundo, el directivo realiza su vocación natural de liderazgo, cuya esencia consiste en ser cantera natural de líderes. Contrario a una interpretación elitista de la noción de liderazgo el líder es alguien especial, con carisma, imprescindible, que dirige a la mediocridad de las masas (una sociedad inculta y un ayatolable iluminada es una mezcla explosiva), el líder se compromete con la educación, en su sentido literal, extraer el talento que el educando atesora en su interior, de sus colaboradores. En la cumbre de la función directiva, el líder es un pedagogo que imparte sus lecciones en el aula magna de la vida, entre los talleres, salas de venta y oficinas de las organizaciones empresariales. Se trata de la función educadora que dirigir conlleva. Educación en el sentido de la genial analogía de La Caverna de Sócrates, recogida por Platón en La República: "La educación es el movimiento desde la oscuridad hacia la luz"3. Viaje nada sencillo, a muchos los primeros rayos les deslumbran tanto que vuelven a "la seguridad" anterior de las tinieblas. Manejar ese proceso con tacto, sensibilidad, firmeza, a caballo del realismo y el idealismo el directivo debe tener los pies en la tierra y la cabeza en las nubes es toda una aventura profesional. Aquí estriba la grandeza del concepto de liderazgo, posibilitar un vivero rico de líderes, profesionales competentes, ciudadanos comprometidos y personas íntegras que gestionan el cambio inherente a cualquier organización que quiera renovarse y construir un futuro mejor. En esta era de la información que llega a nuestros ordenadores en dosis ingentes, lo que está por dilucidarse es la calidad del management que ha de procesarla, filtrarla y utilizarla para una lúcida toma de decisiones. No es lo mismo la expresión sociedad de la información que sociedad del saber. Esta última incorpora la variable humana; de hecho, preguntamos dónde está la información y quién tiene el conocimiento. Del dónde al quién media un laberinto de mails, chats y móviles que a más de uno tiene perdido y confuso. A lo mejor ese mano a mano real, ese contacto humano franco y leal, sacrificado imprudentemente por la ola virtual, donde rostros y expresiones guardan verdades evidentes, arroja un rayo de luz entre tanta oscuridad. Obviedades viejas que intento rescatar en tiempos de fugacidad, estrés y prisa. Estas son algunas de las variables y retos que ha de afrontar un profesional que quiera estar al día. Los procesos de globalización, empujados desde la irrupción imparable de las nuevas tecnologías, van a exigir un directivo transcultural capaz de dar sentido. De unidad a la organización, respetando al mismo tiempo la sana diversidad y pluralidad del mundo que nos acoge puntero. Que triunfe en tamaño desafío no solo será roca infalible para su carrera futura, sino servicio impagable a una sociedad que, agradecida, se lo devolverá con creces. |
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