Septiembre 2.000

Escoja la mejor inversión
Pienso, luego invierto

Cuando alguien decide que es necesario que esa reserva de dinero le ofrezca un rendimiento adecuado que le permita realizar planes a mediano y largo plazo, debe tomar en cuenta que existen ciertas preguntas que debe hacerse para determinar qué tipo de inversión quiere hacer, cómo hacerla y con quién

 

Ubíquese en la inversión adecuada

Cuando la inversión que se hace forma parte del trabajo de toda una vida, como sucede con personas de edad avanzada, lo mejor es ser prudente y buscar el asesoramiento de profesionales que puedan atender sus inquietudes. Por ello, para tener una idea de qué tipo de inversionistas podría ser el profesor Martínez Abascal hace las recomendaciones necesarias para todos aquellos interesados en hacer la inversión adecuada a sus necesidades y aspiraciones.

¿Cuáles son las características de las personas que adoptan una postura arriesgada en la inversión y las del otro extremo?

El término riesgo es demasiado genérico y a veces poco operativo. Para saber qué nivel de riesgo tiene un inversionista hay que contestar a estas dos preguntas: ¿Para qué quiero el dinero procedente de la inversión? ¿Cuándo necesitaré el dinero que invertiré?

Para este último caso se pondría como ejemplo el de una persona que se pregunta si necesita el dinero dentro de un año para pagar la casa que acabó de comprar; es obvio que el nivel de riesgo que puede tolerar es cero. Por tanto, tendrá que invertir en productos sin riesgo (depósitos, Treasury Bills, Letras del Tesoro a corto plazo, o similares). Por el contrario, si está ahorrando, y colocando el dinero, para prepararse una buena jubilación dentro de 30 años, la tolerancia al riesgo es grande y puede –debe– invertir en bolsa, ya que a largo plazo, mayor riesgo suele traer consigo mayor rentabilidad.

¿Qué se aconseja en estos casos?

Se recomienda que el inversor responda a las siguientes interrogantes:

    1. ¿Para qué necesito el dinero?

    2. ¿Cuándo lo necesito?

    3. ¿Cuánto dinero tengo? (Si tengo poco no podré acudir a determinados productos).

    4. ¿Qué situación fiscal tengo?

    5. ¿Cuánto tiempo quiero dedicar a la gestión de mi portafolio de inversiones?

En función de estas preguntas se puede construir una cartera adecuada al nivel de riesgo y de rentabilidad deseados por el inversionista.

Cuando una persona posee un dinero extra puede utilizarlo ya sea en alguna actividad productiva o puede optar por ahorrar o invertir. En la cotidianidad estos dos términos tienden a confundirse. Ahorrar se logra sólo al depositar el dinero en un banco con la certeza de que no corre ningún riesgo, pero además sin muchas aspiraciones de que esta cuenta logre ganancias que estén por encima de la inflación (tasas reales positivas) o por debajo de ésta (tasas reales negativas). En este caso, la inflación es un elemento determinante para tomar la decisión de invertir, pues el deterioro de la capacidad adquisitiva del dinero impulsa a la gente a tomar decisiones que les ayuden a conservar sus ahorros frente al desgaste que induce el fenómeno.

Por naturaleza, el inversionista es una persona inconforme con lo que sucede a su alrededor y desea que el producto de su trabajo logre multiplicarse, solo que para ello debe correr mayores riesgos. Con respecto a esto hay una regla de oro que dice que a mayor rendimiento, mayor es el riesgo que corre su dinero.

Aconseja Eduardo Martínez Abascal, profesor de la Universidad de Navarra, Barcelona, España, y autor del libro Invertir en Bolsa, de McGraw-Hill, al ser consultado por la revista DINERO, el modo de cubrirse contra la inflación es invertir en un producto cuyo rendimiento vaya ligado a esta. Teóricamente, las letras o bonos del gobierno venezolano a un año deberían dar una rentabilidad mayor que la inflación esperada, o si no nadie los comprase, por esto en este momento ofrecen, para los papeles de 300 días, 17%. Lo mismo debería ocurrir con los depósitos bancarios a un año, cuyas tasas se ubican en un promedio de 14% para el mes en curso). Sin embargo, es frecuente que se produzcan anomalías como presenciar tasas de rendimiento de 2 y 3% en la cuenta de ahorro cuando la inflación oficial que se espera es de 15%, lo cual obedece a otros factores que no son objeto de este trabajo. Martínez recuerda que esta aberración ocurría en España hace 10 años. Lo que sucede es que en los países donde se proponen programas de estabilización, este tipo de incongruencias donde la gente sale perdiendo por la depreciación de su dinero, acaba por desaparecer, como sucedió en España.

Otra posibilidad de inversión son los bonos del gobierno de Estados Unidos (tbond), acudir a algún fondo mutual que invierta en este tipo de instrumentos o adquirir papeles comerciales emitidos por importantes empresas venezolanas que pagan en promedio 16%.

 

Mida el riesgo de su inversión.

Desde el punto de vista financiero y legal, las personas que realizan inversiones deben estar atentas al riesgo que corre su dinero. Se habla de riesgo financiero cuando es el implícito del instrumento, y el riesgo del tipo de mercado que dependerá de varios factores como la seguridad jurídica, la supervisión de las autoridades y la selección de la firma intermediadora.

El riesgo financiero de una inversión se refiere a la probabilidad que tiene el inversionista de obtener una ganancia o una pérdida como resultado de su inversión. A largo plazo se observa que aquellas inversiones que cuentan con mayores niveles de riesgo son recompensadas con mayores rendimientos, aun cuando a corto plazo pueden experimentar pérdidas sustanciales.

El riesgo mide la posibilidad de pérdida o desvalorización sobre la inversión, en tanto que el rendimiento es el porcentaje de las ganancias que se obtienen en un período determinado sobre la cantidad de dinero que se invierte.

Cuando se asocia rendimiento y riesgo, a mayor riesgo aumenta el rendimiento que se obtiene en la inversión. En contraste, cuanto más segura es una inversión, se reduce el rendimiento que se gana, ya que la probabilidad de que se pierda la inversión es menor.

Por ejemplo, hay títulos de deuda de compañías que pagan tasas de interés muy altas, pero esto generalmente aumenta las posibilidades de que no pueda cumplir con sus pagos del capital y de los intereses de los títulos para la fecha de vencimiento, dado que se encuentra en una grave situación financiera. Cuando se invierte en estos títulos es porque se está dispuesto a asumir el alto riesgo implícito a cambio de obtener altos rendimientos por dicha inversión.

 

El horizonte temporal.

Reglas de oro para el inversionista

1. Haga una cartera coherente con su perfil: Por ejemplo: No intente ganar mucho dinero, asumiendo mucho riesgo, si lo que se quiere es pagar su casa el año que viene.

2. No intente ganar más que la bolsa: En la práctica, una rentabilidad similar a la bolsa es la adecuada.

3. Pregunte a un profesional.

4. Gestione la cartera de manera coherente con su horizonte de inversión: Por ejemplo, si su horizonte es el largo plazo, no padezca mirando el diario financiero, cada vez que la bolsa baja 1%. Esto es normal. Solo si usted es un trader debe estar atento a los movimientos diarios del mercado.

Fuente: Eduardo Martínez Abascal, profesor del IESE, Escuela de Dirección de Empresas de Navarra, Barcelona, España, y autor del libro Invertir en Bolsa, de McGraw-Hill

El inversionista debe tomar en cuenta si le harán falta los recursos en el corto plazo, ya que esto determinará el tiempo, y dependiendo del nivel de riqueza acumulada puede ir cambiando de perfil, asegura Agustín Anton, vicepresidente ejecutivo de dirección de mercados del Banco Provincial BBV.

Los horizontes temporales determinan las inversiones y deben tomarse en cuenta sin importar el nivel de riqueza y la edad del inversionista. Una vez que se tomen estas consideraciones se determinará lo que quiere.

Una persona que tiene 30 años de edad puede pensar en ahorros de largo plazo para su jubilación para completar sus ingresos futuros de retiro, en contraste con alguien que al final de su vida laboral requiere los ingresos de sus ahorros para su consumo en un lapso relativamente corto.

En el caso de los jubilados, estos razonablemente no podrán tener en su cartera de inversión porcentajes del total en renta variable excesivamente altos, mientras que el inversor más joven, con un horizonte largo de vida, puede invertir en este tipo de instrumentos y correr un poco de más riesgos, su cartera se compondría de un mayor porcentaje de renta variable frente a títulos renta fija con un plazo más largo.

Esta misma persona con 30 años más deberá evolucionar e invertir esta fórmula; es decir, tener menor preponderancia de renta variable, y la que tenga ubicada en valores con dividendos grandes de compañías consolidadas, más que de acciones en compañías que están en crecimiento y no ofrecen dividendos porque reinvierten y la rentabilidad se alcanza por el incremento de valor de la compañía en el medio y largo plazo, solo si esta tiene un buen desempeño y por el lado de renta fija.

En relación con la renta fija deberá acortar los vencimientos de los títulos; es decir, pretendiendo el cupón frente a la amortización del principal. En esta etapa de la vida cuando se requieren los fondos en 4, 5 o 6 años no se aconseja ubicarse en títulos a largo plazo con un riesgo de precio muy alto por la evolución tengan las tasas de interés que pueden hacer que el valor pierda mucho del precio al que fue comparado.

Expertos como Roberto Isasi, gerente de administración de carteras de la unidad de Servicios de Inversión del Banco Mercantil, y Luis Garrido, gerente de investigación y análisis del mismo ente, considera que el mejor consejo que se le puede ofrecer a una persona que no tiene tiempo para invertir es ponerse en manos de un experto, pues entrar al mundo de la finanzas es complicado y requiere del asesoramiento de un equipo completo de profesionales que están día a día sobre los indicadores.

Isasi asegura que lo más económico para alguien que tiene una vida productiva y desea asegurarse un ingreso producto de una inversión adicional, es considerar su ingreso a una sociedad de corretaje con algún fondo mutual que le permita el acceso adecuado a instrumentos, cuyos costos están fuera del alcance del poder de ahorro del promedio de la gente.

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