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El final de este año presenta un panorama económico recesivo complicado con la coyuntura electoral. Los expertos aseguran que hay salidas, pero ninguna es mágica y, cuando menos, implican un año y medio de ajustes. Las empresas se aprietan el cinturón, buscan nuevas alternativas de negocios y desarrollan al máximo la creatividad, porque cada crisis presenta oportunidades
La profunda recesión en que está inmerso el país no es extraña para los agentes de la economía nacional, pues se ha repetido varias veces en el pasado, siempre con el mismo detonante: reducción de los ingresos petroleros. Al no disponer de un fondo de estabilización macroeconómica que campee el vendaval de los choques externos del oro negro, así como la escasez de fuentes de ingresos no petroleros, el déficit fiscal obliga a implementar medidas radicales. A este panorama delicado se añaden las características particulares del proceso electoral del próximo diciembre, donde el principal favorecido por las encuestas (Hugo Chávez) no genera expectativas positivas entre los agentes económicos. Estos factores producen una combinación explosiva que hace de 1998 un año electoral atípico, sembrado de interrogantes económicas y políticas que afectan el escenario industrial y la vida de los ciudadanos. No obstante, pese al complicado escenario nacional, el momento es oportuno para estimular la creatividad de las empresas e idear nuevas formas de negocios y oportunidades para competir.
Detonantes de la crisis Existen tres factores que favorecen un clima de inestabilidad macroeconómica durante lo que resta de este año, según explicó el economista y presidente de Heptagón Grupo Financiero, Pedro Palma. En primer lugar, destaca la caída de los precios del petróleo, originada por la sobreoferta de inventarios en los países consumidores y por la prolongada crisis asiática, que debilitaron la demanda mundial sobre el crudo. Solo ese factor, según Palma, genera una pérdida de cinco dólares por barril anual en el precio de realización del crudo venezolano, lo que a finales de año se traduciría en una pérdida para la nación cercana a 6.500 millones de dólares por concepto de exportaciones petroleras. Adicionalmente, Venezuela se ha comprometido a reducir la cuota de producción OPEP. En opinión de Palma, este panorama de por sí genera incertidumbre en la expectativa cambiaria, presionando a una devaluación, ya que el tipo de cambio tiene una sobrevaluación estimada en 40 por ciento (cálculo a fines de junio). En otras palabras, afirma que para tener una paridad de equilibrio, el dólar debería estar en 810 bolívares. El segundo factor que añade intranquilidad entre los agentes económicos sobre la posibilidad de una próxima devaluación es la brecha fiscal. Aseguró el economista que los recortes presupuestarios y del gasto público no han sido suficientes para aligerar el déficit. Como tercer factor está el elemento político, representado por el clima de incertidumbre que reina sobre los próximos comicios electorales. A esto se agrega que los candidatos con opción a ganar han presentado programas económicos muy generales que no definen todas las medidas necesarias para atacar los problemas fundamentales del país. Esta conjunción de elementos establece un panorama recesivo para los próximos meses. De acuerdo al experto consultado, al país le queda todavía un año y medio de ajustes. Considera probable que el nuevo gobierno modifique el tipo de cambio, pero no en forma dramática como sucedió en el año 1989. Esto implicará un repunte inflacionario y un decrecimiento del PIB.
Acudir al endeudamiento El analista económico Francisco Vivancos considera que de haber tenido un Fondo de Estabilización Macroeconómica, el país hubiera estado en capacidad de absorber el choque de la caída en los precios del crudo, aunque con un alto costo a nivel de salarios, decrecimiento económico e impacto en el empleo, pero sin necesidad de acudir al financiamiento externo. Como ese no fue el caso, se requiere el auxilio de nuevo endeudamiento externo proveniente de alguna de las siguientes fuentes: préstamos voluntarios a través de los Eurobonos, cuya emisión podría estar entre 600 y 800 millones de dólares a un alto costo por la percepción actual del riesgo-país de Venezuela; préstamos de los organismos multilaterales, mediante los cuales se podrían levantar entre 2.500 y 3.000 millones de dólares. Considera Vivancos que sería más ventajoso y económico acudir al FMI, pues la nación le debe poco dinero y los recursos otorgados van directamente a reservas internacionales y no a proyectos especiales como en el caso de los préstamos del BID y BM, además del aval y la presión en materia económica que brinda el endeudamiento con el Fondo. La tercera fuente importante de financiamiento es la presentada por Pdvsa. Refirió Vivancos que esta empresa solo se ha endeudado en 1.780 millones de dólares, cuando su nivel de apalancamiento y de sanidad financiera le permite endeudamiento adicional. En total, se pueden levantar entre 4.500 y 5.000 millones de dólares en financiamiento, que darían la base en reservas internacionales para enfrentar al menos un sólido segundo semestre de la economía, que en la actualidad sin esta ayuda luce bastante incierto. Según el economista, de no haber mayores presiones en la divisa y de incrementarse las exportaciones en el segundo semestre del año, no habría necesidad de un endeudamiento de ese calibre. Pero, tradicionalmente, en el segundo semestre siempre crecen los compromisos de la nación (especialmente en materia de servicios de la deuda), la presión por la divisa aumenta, se produce el vencimiento de un monto importante en TEM, la expansión que aún existe en crédito genera liquidez, la cual podría refugiarse en el dólar, lo que obliga a tener un monto mayor en reservas para evitar una debacle cambiaria. En el plano fiscal, aplaude la decisión de sustituir el Impuesto al Consumo Suntuario y Ventas al Mayor (ICSVM) por el IVA. Vivancos es de la opinión que, como seguramente se aumentará la base de recaudación, se debería disminuir la alícuota del impuesto, con lo que se generarían mayores ingresos gracias al incentivo fiscal que esto brinda. Una medida importante que debe asumir el Estado, opinó, es la reestructuración de sus obligaciones (principalmente de sus pasivos laborales), porque "no hay caja para cubrir los compromisos asumidos". Otro frente que debe ser atacado es el cambiario. Vivancos aseguró que las bandas de flotación establecidas por el BCV no se han utilizado en todo su potencial. Es necesario que el riesgo cambiario sea asumido en forma conjunta tanto por el BCV como por la banca privada. Mientras Palma y Vivancos se aventuran a lanzar conjeturas y predicciones para los próximos meses, el presidente de la firma Francisco J. Faraco R. y Asociados, Francisco Faraco, prefirió no adelantar proyecciones sobre el cierre de este año. El problema principal, en su opinión, es cómo atacar la brecha fiscal. La estrategia de cómo se enfrentará el tema fiscal en 1999, a juicio del analista, corresponde que la determinen los candidatos con opción de triunfo. "Hasta ahora, ninguno de los candidatos ha dado una señal al respecto", afirmó. Para Faraco, existen tres períodos claros para lo que resta de año: desde junio hasta finales de septiembre (época signada por ligera baja en las tasas de interés, disminución en la compra de dólares, descenso de la presión inflacionaria y ambiente de estancamiento económico sin mayores convulsiones). Un segundo período ubicado desde octubre hasta los próximos comicios dominado por el tema electoral, donde se producirá nuevamente un repunte en las tasas de interés que alcanzarán, en su opinión, 70 por ciento; y un tercer período que comienza a partir del 6 de diciembre, período sobre el cual el economista no aventura pronósticos, aunque sí afirmó que todo avizora un "cuadro recesivo de una profundidad importante".
Clima hostil para la industria De acuerdo al director de la firma Datanálisis, Luis Vicente León, el sector industrial venezolano vive dos fenómenos: la incertidumbre ante el clima económico y electoral, y la percepción negativa que existe sobre el panorama del país. Una forma de reaccionar ante estos dos fenómenos uno tangible y otro perceptual es reducir al máximo la exposición de las empresas al riesgo. Es decir: recorte en las compras y en las inversiones, impactar los precios a través de los costos estimados de reposición (lo que genera un componente inflacionario importante y contracción en la demanda). Este panorama genera que el empresario tenga que vivir con la incertidumbre de la devaluación, el incremento en los costos por reposición y la contracción de la demanda, que para el sector industrial "es el peor de los escenarios", afirmó León. Comentó el economista que si el Estado intenta resolver la crisis anclando el tipo de cambio, el país se inundaría de importaciones, lo que mataría al sector industrial. Si, por el contrario, devalúa, se produce un repunte inflacionario y la erosión en el poder adquisitivo del venezolano, con la consecuente caída en la demanda. En cualquiera de los dos escenarios, León indicó que estos son momentos en que el cuidado en los costos y el incremento de la competitividad son fundamentales, porque las empresas no pueden trasladar ineficiencias a los costos.
Superar los ciclos críticos La actual coyuntura nuevamente deja de manifiesto que las medidas fundamentales que debieron tomar los gobiernos de los últimos 15 años en materia económica, no se han aplicado. La mayoría de los economistas consultados concuerda en señalar que, aunque este gobierno ha asumido algunas medidas positivas como las privatizaciones, la apertura comercial y ciertos procesos para la reforma del Estado, es imperioso acentuar esta tendencia y tomar otras decisiones relevantes a largo plazo para superar los ciclos críticos que ocasionan en la economía venezolana las fluctuaciones del mercado petrolero internacional. Domingo Fontivero, presidente de Data & Forecast Analytica, es de la opinión que el próximo gobierno debe retomar la reforma del Estado y enfrentar una coyuntura fiscal, la cual tendrá que atacar adoptando un plan para refinanciar los vencimientos de la deuda externa a largo plazo alrededor de cinco años. Esto debe ser complementado con operaciones de privatización convencionales, y estableciendo de una vez "un debate franco sobre las ideas de privatización de Pdvsa", sentenció Fontiveros. Por su parte, el analista y profesor de operaciones bancarias de la Universidad Metropolitana (Unimet), José Grasso Vecchio, consideró que Venezuela debe avanzar a un control férreo de la inflación hasta llevar este indicador a un dígito, manteniéndose estable en esos niveles para fomentar un crecimiento sostenido de la economía. "Tal panorama podría tardar en concretarse entre dos y cuatro años de esfuerzo". Apuntó, sin embargo, que persiste la certeza de que la actual situación es gerenciable, pues Venezuela tiene un potencial enorme y múltiples vías para salir de la crisis. |